De pronto, el gato sale disparado por el pasillo, salta sobre el sofá, cambia de dirección a toda velocidad y parece perseguir algo que nadie más puede ver. Aunque la escena puede resultar extraña, en la mayoría de los casos se trata de un comportamiento completamente normal conocido popularmente como “zoomies”: breves explosiones de actividad relacionadas con la energía acumulada, el juego y el instinto natural de caza.
Los gatos pasan muchas horas descansando y pueden alternar esos períodos de tranquilidad con momentos de intensa actividad. No significa que estén viendo fantasmas ni que hayan perdido el control. Su sistema nervioso y su comportamiento natural están preparados para realizar secuencias rápidas de acecho, persecución, salto y escape, incluso cuando viven cómodamente dentro de una casa y no necesitan cazar para alimentarse.
¿Por qué ocurre con frecuencia al atardecer?
Una de las razones está relacionada con la naturaleza del animal. Los gatos son principalmente crepusculares, por lo que suelen aumentar su actividad al amanecer y al anochecer. Estas franjas coinciden históricamente con los momentos en que muchas de sus presas naturales también se desplazan.
Por eso, no es extraño que un gato duerma durante buena parte del día y, cuando llega la noche, parezca transformarse en un atleta que recorre la vivienda a máxima velocidad. También pueden producirse estas carreras después de comer, cuando llega una persona a casa, ante un ruido inesperado o incluso por el movimiento de una sombra.
Otro momento que sorprende a muchos propietarios es después de usar la bandeja sanitaria. Según explica la información publicada por ABC Color, la evacuación puede provocar una breve activación fisiológica y hacer que el animal se aleje rápidamente del lugar.
El juego no es un lujo: es una necesidad
Los gatos que viven exclusivamente dentro del hogar necesitan oportunidades para explorar, trepar, esconderse y perseguir objetos. Cuando pasan muchas horas sin estímulos o interacción, parte de esa necesidad puede concentrarse en repentinas explosiones de energía.
Los especialistas recomiendan ofrecer un ambiente enriquecido con rascadores, lugares elevados, escondites y juguetes. También pueden ser útiles las sesiones cortas de juego interactivo, especialmente antes de las horas en las que el gato suele mostrarse más activo.
Una buena rutina puede consistir en jugar durante unos minutos con juguetes que imiten el movimiento de una presa, como una caña o un objeto arrastrado. No se recomienda utilizar las manos como juguete, ya que el gato puede aprender a morder o arañar durante la interacción.
Cuando correr puede ser una señal de miedo
No todas las carreras tienen el mismo significado. Si el gato sale corriendo después de un sobresalto y se esconde inmediatamente, mantiene las pupilas muy dilatadas, aplana las orejas o adopta una actitud defensiva, podría estar reaccionando al estrés o al miedo.
Cambios en el hogar, obras, visitas, la presencia de otro animal o alteraciones de la rutina pueden aumentar su estado de alerta. Castigarlo no resolverá el problema y puede incrementar su estrés. En estos casos, resulta más útil identificar qué está provocando la reacción y ofrecerle espacios seguros donde pueda refugiarse.
¿Cuándo es necesario consultar al veterinario?
Una carrera ocasional, seguida de un regreso a la conducta habitual, generalmente no representa un problema. Sin embargo, es conveniente buscar orientación veterinaria si el comportamiento aparece repentinamente en un gato de edad avanzada, se vuelve muy frecuente o está acompañado por otros síntomas.
Entre las señales que merecen atención se encuentran:
- maullidos que puedan indicar dolor;
- cojera;
- desorientación;
- pérdida del equilibrio;
- agresividad inusual;
- lamido compulsivo;
- cambios al utilizar la bandeja sanitaria;
- alteraciones repentinas de su comportamiento habitual.
Algunas molestias físicas, incluidos problemas urinarios, así como alteraciones neurológicas, visuales, auditivas u hormonales, pueden modificar la conducta y la actividad del animal. La clave no suele ser una carrera aislada, sino un cambio evidente y persistente respecto de cómo el gato se comportaba habitualmente.
La próxima vez que tu gato atraviese la casa como un pequeño rayo, probablemente solo esté liberando energía y poniendo en práctica su extraordinario instinto felino. Pero observar su comportamiento sigue siendo fundamental: conocer qué es normal para cada animal permite detectar con mayor rapidez cuándo algo realmente ha cambiado.
Foto: Philippe Paternolli / ABC Color
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