Un fósil excepcionalmente conservado, descubierto en el estado brasileño de Mato Grosso, está ayudando a reconstruir un mundo desaparecido hace más de 250 millones de años. La nueva especie, bautizada como Leolepis matogrossensis, vivió durante el final del período Pérmico, poco antes de la mayor extinción masiva conocida en la historia del planeta.
El pequeño pez medía aproximadamente 15 centímetros y pertenece al grupo de los actinopterigios o peces de aletas radiadas, una enorme línea evolutiva de la que forman parte actualmente especies como el atún, el salmón y el bacalao. Sin embargo, Leolepis tenía una característica muy diferente a la de muchos peces modernos: su cuerpo estaba protegido por una especie de armadura formada por resistentes escamas ganoides.
Un habitante de un Brasil irreconocible
Cuando este animal nadaba por las aguas de la actual región de Mato Grosso, Brasil no existía como país y América del Sur todavía estaba unida a África dentro del antiguo supercontinente Gondwana. El fósil fue encontrado en el municipio de Alto Garças, en sedimentos de la Formación Corumbataí, perteneciente a la cuenca del Paraná.
Los investigadores consideran que el animal habitaba un enorme sistema acuático continental, descrito como un megalago poco profundo, formado durante la transformación de un antiguo mar interior. Por el pequeño tamaño de sus dientes, se estima que su alimentación incluía pequeños invertebrados y posiblemente materia vegetal.
Una extraordinaria conservación
La importancia del descubrimiento no reside únicamente en que se trata de una especie nueva. El ejemplar conserva gran parte de su cuerpo articulado, algo extremadamente raro entre los peces del Pérmico encontrados en América del Sur.
En Brasil, muchos fósiles de peces de esa antigüedad son conocidos solamente a partir de dientes, escamas aisladas o fragmentos de huesos. En este caso, los científicos pudieron analizar la anatomía del cráneo, las mandíbulas y cerca de 50 filas longitudinales de escamas. El estudio lo considera el primer pez de aletas radiadas paleozoico articulado descrito en el estado de Mato Grosso.
El espécimen fue recolectado originalmente en 2005 por el geólogo Léo Adriano de Oliveira y posteriormente depositado en la Colección Paleontológica de la Universidad Federal de Mato Grosso, donde quedó disponible para su estudio científico.
A solo 50 kilómetros de una gigantesca cicatriz de impacto
Uno de los aspectos más sorprendentes del hallazgo es su ubicación. El fósil apareció a unos 50 kilómetros de la estructura de impacto de Araguainha, considerada la mayor estructura de impacto conocida de América del Sur.
La relación temporal entre el pez, los sedimentos y aquel gigantesco evento geológico continúa siendo objeto de investigación. Las estimaciones sobre la edad exacta del impacto presentan márgenes de incertidumbre y los científicos siguen debatiendo su posible influencia en los cambios ambientales de aquella época. El propio estudio destaca la necesidad de seguir investigando la conexión entre el impacto de Araguainha y la gran crisis biológica del límite Pérmico-Triásico.
Un mundo que estaba a punto de desaparecer
Leolepis matogrossensis vivió aproximadamente dos millones de años antes de la gran extinción del final del Pérmico, ocurrida hace unos 252 millones de años. Aquella catástrofe fue la mayor crisis biológica conocida: se estima que desapareció hasta el 95 % de las especies marinas y cerca del 78 % de la vida terrestre.
La explicación científica más aceptada para aquella extinción está vinculada principalmente a un período de intenso vulcanismo y a profundas alteraciones climáticas y ambientales. La cercanía temporal del cráter de Araguainha convierte a la región brasileña en un escenario de especial interés para comprender los acontecimientos que transformaron la vida en la Tierra.
Este pequeño pez de 15 centímetros se ha convertido así en una ventana hacia un planeta perdido. Sus restos permiten observar un ecosistema sudamericano que existió antes de una de las mayores transformaciones de la historia de la vida, cuando los continentes tenían otra forma y el mundo estaba habitado por especies que desaparecerían para siempre.
El descubrimiento también demuestra la importancia de la paleontología brasileña. Bajo las rocas de Mato Grosso todavía permanecen fragmentos de una historia que comenzó cientos de millones de años antes de la aparición de los seres humanos y que continúa revelando nuevas piezas del extraordinario rompecabezas de la evolución.
Foto: Journal of South American Earth Sciences / UFMT
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