La Antártida está experimentando una transformación silenciosa bajo sus aguas. El aumento del deshielo, las lluvias más intensas y otros fenómenos meteorológicos extremos están introduciendo grandes cantidades de agua dulce en las zonas costeras, reduciendo la salinidad del mar y poniendo bajo presión a especies que evolucionaron durante millones de años en un ambiente químicamente estable. Científicos advierten que el fenómeno podría alterar ecosistemas completos y tener consecuencias que trasciendan el continente blanco.
La preocupación surge de una investigación desarrollada por especialistas de la Universidad de Plymouth y el British Antarctic Survey, publicada en la revista Marine Environmental Research. El estudio se concentró en el anfípodo gigante Paraceradocus miersi, un crustáceo abundante en aguas antárticas, para analizar cómo responde su organismo cuando disminuye la concentración de sal en el agua.
Cuando el mar pierde su equilibrio
Los experimentos revelaron un mecanismo preocupante. Frente a una reducción de la salinidad, estos animales pueden mantener parcialmente algunos elementos esenciales, como el calcio, pero tienen dificultades para conservar el equilibrio general de sales e iones. Los organismos pierden sales, absorben agua y pueden sufrir daños en las branquias, estructuras fundamentales para su supervivencia.
Los investigadores relacionan estos resultados con episodios reales observados en la Antártida. Durante un evento extremo de desalinización registrado en 2017, se habría producido una importante mortalidad de organismos marinos, según los científicos. El problema no sería un hecho aislado: el retroceso de los glaciares y el aumento de las precipitaciones podrían hacer que estos cambios se repitan con mayor frecuencia en determinadas zonas costeras.
Una amenaza para la vida del fondo marino
La Antártida alberga especies altamente especializadas. Muchas de ellas se adaptaron durante enormes períodos de tiempo a temperaturas extremadamente bajas y a una composición relativamente estable del agua de mar.
Por esa razón, un cambio que podría parecer pequeño —una disminución de la salinidad— puede convertirse en un factor de gran impacto. Las especies antárticas no necesariamente poseen la capacidad de adaptarse rápidamente a transformaciones bruscas de su ambiente.
Los científicos advierten que las comunidades del fondo marino, conocidas como comunidades bentónicas, podrían experimentar cambios profundos. Si determinadas especies disminuyen o desaparecen de un área, el efecto puede extenderse a otros organismos que dependen de ellas para alimentarse o mantener el equilibrio del ecosistema.
El deshielo no solo eleva el nivel del mar
Cuando se habla de la pérdida de hielo en la Antártida, la atención suele concentrarse en el aumento del nivel del mar. Sin embargo, esta investigación demuestra que existe otro proceso igualmente importante: el agua dulce procedente del hielo modifica la composición química del océano.
A esto se suma un escenario climático cada vez más complejo. Investigaciones recientes también advierten sobre el impacto de las olas de calor y otros fenómenos extremos en los ecosistemas antárticos, mientras que a escala mundial los océanos enfrentan simultáneamente el calentamiento y la acidificación.
El resultado es una presión múltiple sobre organismos que ya viven en condiciones extremas. El aumento de la temperatura, los cambios en la salinidad y la alteración de la química oceánica pueden actuar conjuntamente, haciendo más difícil la supervivencia de especies vulnerables.
¿Por qué debería preocupar al resto del planeta?
La Antártida no es un territorio aislado del resto del mundo. Sus aguas forman parte de un sistema oceánico global que influye en la circulación marina, el clima y el intercambio de nutrientes.
Los ecosistemas del continente blanco también cumplen una función fundamental dentro de las cadenas alimentarias oceánicas. Una alteración profunda de sus especies y de las condiciones del mar puede generar efectos en cascada que todavía no se conocen completamente.
La advertencia científica es clara: proteger la Antártida no significa únicamente conservar paisajes de hielo, pingüinos y grandes glaciares. Significa proteger uno de los sistemas naturales más importantes para el equilibrio del planeta.
El cambio ya está ocurriendo bajo la superficie. Mientras el hielo se derrite y las lluvias aumentan, el mar antártico comienza a cambiar su composición. Y para criaturas que evolucionaron durante millones de años en un mundo de agua extremadamente fría y salada, esa transformación puede convertirse en una amenaza para la que nunca estuvieron preparadas.
Foto: Reuters / Infobae
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