Paraguay, históricamente identificado como uno de los grandes productores de energía hidroeléctrica de América del Sur, enfrenta una advertencia que puede cambiar el debate sobre su futuro energético: las actuales fuentes de generación podrían resultar suficientes solamente hasta el período 2028-2030, mientras que las grandes centrales necesarias para ampliar la capacidad demandarían entre 10 y 14 años para hacerse realidad.
La alerta fue expuesta durante el foro “Energía eléctrica para asegurar la continuidad del desarrollo en Paraguay”, donde especialistas como Ángel María Recalde y Héctor Richer analizaron la evolución del sistema eléctrico nacional. El diagnóstico es claro: Paraguay todavía dispone de energía, pero el crecimiento acelerado de la demanda está reduciendo rápidamente el margen de seguridad del sistema.
El sistema ya utiliza tres cuartas partes de su capacidad
De acuerdo con los datos presentados por el Instituto de Profesionales Paraguayos del Sector Eléctrico (IPPSE), la demanda máxima registrada en enero de 2026 alcanzó 5.752 MW, frente a una potencia disponible cercana a los 7.678 MW. Esto significa que el Sistema Interconectado Nacional ya utiliza aproximadamente el 75% de su capacidad disponible.
La dependencia de las grandes hidroeléctricas continúa siendo determinante. Itaipú aporta la mayor parte de la potencia utilizada por el sistema paraguayo, seguida por Yacyretá y Acaray. En el caso de Yacyretá, los especialistas advirtieron que la capacidad disponible se encuentra prácticamente al límite.
El desafío se vuelve todavía más evidente al analizar el ritmo de crecimiento. Según los datos expuestos durante el foro, la demanda de potencia pasó de crecer a un promedio anual del 7,2% entre 2010 y 2025 a un 8,2% anual en el último quinquenio. El consumo de energía, por su parte, registró una aceleración aún mayor.
¿Qué ocurrirá después de 2030?
Las proyecciones analizadas contemplan escenarios de crecimiento de entre el 8% y el 10% anual. Bajo esas condiciones, las fuentes actuales de generación podrían cubrir las necesidades nacionales únicamente hasta el período comprendido entre 2028 y 2030. A partir de entonces, Paraguay necesitará incorporar nuevas fuentes de energía de manera progresiva para evitar déficits de potencia y consumo.
El problema es que las grandes soluciones hidroeléctricas no pueden construirse de un día para otro. La ampliación de Yacyretá, por ejemplo, fue estimada en un plazo de entre 10 y 14 años. Otros proyectos binacionales, como Itacorá-Itatí y Corpus, también requerirían más de una década, además de acuerdos políticos y financieros con los países vecinos.
Incluso una eventual segunda ampliación de Itaipú demandaría alrededor de 10 años, según las estimaciones presentadas por los especialistas. Esto deja a Paraguay frente a una carrera contra el tiempo: la demanda puede crecer más rápido que la construcción de las nuevas grandes centrales.
Solar, energía firme y nuevas alternativas
La energía solar aparece como una de las opciones más rápidas para incorporar nueva capacidad, con proyectos que podrían desarrollarse en aproximadamente tres a cuatro años. Sin embargo, los especialistas señalaron que su carácter intermitente exige sistemas de almacenamiento, especialmente baterías, para garantizar el suministro durante la noche y en períodos de menor radiación.
La energía eólica podría desempeñar un papel complementario, aunque el potencial de Paraguay fue calificado como bajo a medio en las evaluaciones mencionadas. Las centrales termoeléctricas y las nuevas tecnologías nucleares aparecen como opciones para proporcionar energía firme, pero presentan mayores costos, desafíos tecnológicos y plazos de implementación.
El debate energético también ocurre mientras sectores como la criptominería incrementan significativamente el consumo eléctrico. Un análisis reciente advirtió que esta actividad representa cerca del 30% de la energía facturada del país y que el vencimiento de contratos en 2027 añade nuevas interrogantes sobre la futura disponibilidad y asignación de electricidad.
Brasil y Argentina podrían ser parte de la solución inmediata
Ante la imposibilidad de construir grandes centrales antes de la ventana crítica de 2028–2030, los especialistas plantearon una alternativa que podría ofrecer una respuesta más rápida: fortalecer las interconexiones eléctricas con Brasil y Argentina.
En el caso brasileño, la modernización de los sistemas vinculados a Itaipú podría permitir, bajo nuevos acuerdos, una mayor capacidad de intercambio energético en ambos sentidos. Con Argentina, una nueva infraestructura de transmisión y un marco comercial adecuado también podrían ampliar las posibilidades de intercambio a través del sistema vinculado a Yacyretá. Estas soluciones requerirían aproximadamente cuatro o cinco años, según las estimaciones presentadas.
Esto representa un cambio significativo para un país acostumbrado a ser reconocido como exportador de excedentes hidroeléctricos. El escenario futuro podría obligar a Paraguay no solo a producir más energía, sino también a desarrollar mecanismos que le permitan comprar electricidad de sus vecinos en momentos de alta demanda.
El fin de la energía abundante y barata
El debate también plantea una cuestión económica. Durante décadas, la abundancia de generación hidroeléctrica permitió asociar a Paraguay con la idea de energía limpia y de bajo costo. Sin embargo, los especialistas consideran que ese escenario está cambiando y que las nuevas fuentes de generación tendrán costos más elevados.
La advertencia no significa que Paraguay vaya a quedarse sin electricidad en 2030. El verdadero mensaje es que las decisiones deben tomarse antes de que llegue ese momento. La planificación de nuevas fuentes, la construcción de líneas de transmisión, la incorporación de energía solar con almacenamiento, el desarrollo de generación firme y la negociación con Brasil y Argentina aparecen como parte de una estrategia que deberá comenzar a ejecutarse con urgencia.
Paraguay posee uno de los mayores patrimonios hidroeléctricos de la región, pero el crecimiento económico, la industrialización y el aumento del consumo están transformando una ventaja histórica en un desafío de planificación. La gran pregunta ya no es solamente cuánta energía produce el país hoy, sino si será capaz de construir a tiempo el sistema que necesitará para mantener su desarrollo durante la próxima década.
Foto: Claudio Ocampo
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