
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja advirtieron sobre el crecimiento de campañas de desinformación y discursos de odio dirigidos contra trabajadores humanitarios, una situación que, según ambas organizaciones, ya está teniendo consecuencias concretas sobre la seguridad de quienes trabajan en zonas de conflicto y crisis. El llamado fue realizado en el marco del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria y estuvo acompañado por un dato especialmente preocupante: 36 trabajadores y voluntarios de la Cruz Roja murieron violentamente durante 2025 y lo que va de 2026 mientras cumplían tareas de asistencia.
De ese total, 24 fallecieron durante 2025 y otros 12 murieron en los primeros meses de 2026, según las cifras difundidas por las organizaciones. Los trabajadores humanitarios desarrollan tareas de asistencia médica, protección, distribución de ayuda y acompañamiento de comunidades afectadas por guerras, desastres y otras emergencias, muchas veces en lugares donde las condiciones de seguridad ya son extremadamente frágiles.
El CICR y la Federación Internacional señalaron que el problema no se limita a las agresiones físicas. Las campañas de desinformación difundidas a través de internet pueden terminar aumentando el riesgo para los equipos que trabajan sobre el terreno, especialmente cuando presentan a las organizaciones humanitarias como actores partidarios o cuestionan deliberadamente su neutralidad.
La preocupación está relacionada con la manera en que determinados mensajes pueden transformar la percepción de una organización ante las comunidades donde desarrolla su trabajo. Cuando una campaña insiste en que una misión humanitaria responde a intereses políticos, militares o económicos, puede generar desconfianza y, posteriormente, rechazo contra las personas que llevan adelante las tareas de asistencia.
La Cruz Roja sostiene que su labor se basa en principios de neutralidad e imparcialidad, precisamente para poder asistir a personas afectadas independientemente del bando al que pertenezcan. En contextos de guerra, esa condición resulta fundamental para mantener canales de acceso a poblaciones que necesitan alimentos, atención médica, protección o ayuda de emergencia.
Las organizaciones advirtieron que los ataques digitales no deben considerarse un fenómeno separado de la violencia que ocurre en el mundo físico. Las falsedades y los mensajes que deshumanizan a los trabajadores pueden contribuir a crear un ambiente de hostilidad que posteriormente se manifiesta en agresiones, amenazas o restricciones al trabajo humanitario.
El problema adquiere una dimensión todavía mayor en zonas donde circulan simultáneamente diferentes versiones sobre un conflicto. Las redes sociales permiten que información falsa o manipulada alcance rápidamente a grandes cantidades de personas, incluso antes de que las organizaciones puedan verificar los hechos y responder públicamente.
Para los trabajadores humanitarios, esa dinámica puede tener consecuencias directas. Una acusación falsa difundida en internet puede modificar la percepción de una comunidad sobre un equipo que hasta ese momento era considerado neutral y dificultar su entrada a determinadas zonas.
La Cruz Roja considera que la seguridad del personal no puede depender únicamente de la capacidad de los trabajadores para desenvolverse en escenarios peligrosos. También requiere que las organizaciones sean respetadas y que los actores involucrados en los conflictos permitan el desarrollo de las operaciones humanitarias.
El llamado realizado por ambas instituciones apunta precisamente a evitar que la violencia contra los trabajadores de asistencia llegue a considerarse una consecuencia inevitable de trabajar en zonas de crisis. Ayudar a una población vulnerable no debería convertir a los voluntarios y profesionales en objetivos.
La advertencia también llega en un momento en que las organizaciones humanitarias enfrentan escenarios cada vez más complejos. Los conflictos armados, desplazamientos de población, desastres naturales y emergencias sanitarias requieren una presencia permanente de equipos especializados, pero las condiciones para acceder a las comunidades son cada vez más difíciles en determinados lugares.
En ese contexto, la información confiable se convierte en una herramienta de protección. Una población que comprende cuál es la función de una organización humanitaria tiene mayores posibilidades de identificar una operación de asistencia legítima y diferenciarla de actores políticos o militares.
El fenómeno de la desinformación, por lo tanto, dejó de ser solamente un problema relacionado con la calidad de la información que circula en internet. Para la Cruz Roja, puede convertirse en un factor que determine si un trabajador humanitario puede entrar, permanecer y desarrollar su tarea con seguridad.
Las organizaciones pidieron que no se naturalice la idea de que quienes trabajan en asistencia deben aceptar el peligro como parte inevitable de su profesión. La responsabilidad, sostienen, corresponde también a los gobiernos, grupos armados, comunidades y actores que tienen capacidad para garantizar condiciones mínimas de seguridad.
La Cruz Roja remarcó que la respuesta no debe consistir en exigir más valentía al personal humanitario, sino en crear condiciones efectivas para que pueda realizar su trabajo sin convertirse en blanco de ataques.
El mensaje adquiere especial relevancia porque los trabajadores humanitarios suelen ser quienes llegan a comunidades cuando otros servicios han dejado de funcionar. En muchos conflictos, son los primeros en atender a heridos, localizar personas desaparecidas, distribuir alimentos o acompañar a familias desplazadas.
Cuando la desinformación consigue bloquear esa labor, las consecuencias no recaen solamente sobre los trabajadores atacados: también afectan directamente a las personas que dependen de esa asistencia.
La advertencia de la Cruz Roja plantea así un problema que combina seguridad, información y acción humanitaria. Combatir las falsedades no significa únicamente corregir publicaciones en redes sociales, sino impedir que esas narrativas terminen creando condiciones que favorezcan la violencia contra quienes prestan ayuda.
El dato de los 36 trabajadores y voluntarios muertos violentamente durante 2025 y 2026 muestra la gravedad del escenario. La Cruz Roja busca que la protección del personal humanitario sea entendida como una responsabilidad colectiva y que la desinformación no termine convirtiéndose en otro obstáculo para asistir a las poblaciones afectadas por guerras y emergencias.
La organización insiste en que la asistencia humanitaria debe poder mantenerse al margen de las disputas políticas y militares. En un escenario internacional donde la información circula con enorme velocidad y las campañas de manipulación pueden alcanzar a millones de personas, preservar la confianza en quienes llevan ayuda puede ser tan importante como garantizar los recursos necesarios para prestar esa asistencia.
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