
Venezuela firmó un contrato con la empresa estadounidense Hunt Oil para desarrollar los campos petroleros y gasíferos Caro y Carisito, ubicados en el este del país, en una nueva señal de apertura de la industria energética venezolana hacia capitales extranjeros. El acuerdo establece un modelo de participación productiva destinado a recuperar y aumentar la producción de ambas áreas, según informó la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao.
El convenio fue firmado en Houston durante una visita de una delegación venezolana a Estados Unidos. Henao explicó que Hunt Oil aportará recursos y experiencia para intentar recuperar la producción de los dos campos, que forman parte de una estrategia más amplia para reactivar la industria petrolera venezolana.
La ministra también anunció una alianza con SLB, anteriormente conocida como Schlumberger, para realizar un estudio integrado de yacimientos de petróleo y gas en Venezuela. El objetivo es obtener información técnica que permita mejorar la explotación de los recursos existentes y determinar nuevas posibilidades de producción.
La participación de empresas estadounidenses adquiere especial importancia porque Venezuela está atravesando una transformación de su política petrolera. La nueva legislación de hidrocarburos aprobada este año busca facilitar la llegada de inversión privada extranjera y permite nuevos mecanismos de participación directa de empresas privadas en actividades primarias del sector.
El cambio supone una modificación significativa respecto del modelo aplicado durante buena parte del período chavista. La nueva legislación abrió la posibilidad de que empresas privadas asuman directamente determinadas actividades de exploración y producción mediante contratos específicos, bajo supervisión del Estado venezolano.
El momento elegido para este acuerdo tampoco es casual. La producción petrolera venezolana alcanzó en julio un promedio de 1,2 millones de barriles diarios, según los datos citados por Infobae, un aumento del 29,8% respecto de los 924.000 barriles diarios registrados en enero.
El Gobierno venezolano busca ahora que esa recuperación no se limite a los campos que ya están produciendo. La incorporación de nuevas inversiones pretende recuperar instalaciones, aumentar la extracción y aprovechar yacimientos que todavía tienen capacidad productiva.
El acuerdo con Hunt Oil forma parte de ese proceso. La empresa estadounidense deberá aportar capital y capacidades técnicas para intervenir en Caro y Carisito, mientras Venezuela intenta aprovechar sus enormes reservas de hidrocarburos después de años de deterioro de la infraestructura y restricciones a la inversión.
La dimensión estadounidense del acuerdo también tiene una lectura geopolítica. Washington pasó de mantener fuertes restricciones sobre la industria venezolana a promover una mayor participación de compañías extranjeras en el sector energético del país. Ese cambio ha abierto nuevamente la puerta a empresas internacionales interesadas en uno de los mayores recursos petroleros del mundo.
En paralelo, otras compañías internacionales también están regresando o ampliando sus actividades en Venezuela. BP, por ejemplo, obtuvo recientemente una licencia para desarrollar la segunda fase del campo gasífero offshore Loran, en una operación que involucra también capitales de Emiratos Árabes Unidos y Qatar.
Ese movimiento muestra que la industria energética venezolana está intentando recuperar el interés de las grandes compañías internacionales, no solamente en petróleo sino también en gas natural.
El caso de Hunt Oil se concentra en dos campos terrestres, mientras que otros proyectos recientes están vinculados con reservas de gas en áreas offshore. La combinación de ambos tipos de inversión podría ampliar progresivamente la producción energética del país si los proyectos logran superar sus dificultades técnicas y financieras.
La llegada de inversión extranjera también representa una fuente potencial de tecnología. Venezuela cuenta con grandes reservas, pero durante años enfrentó problemas relacionados con mantenimiento, acceso a equipos, deterioro de instalaciones y falta de inversiones suficientes.
Por eso, la recuperación de la producción no depende únicamente de disponer de petróleo bajo tierra, sino de contar con infraestructura, equipos, personal especializado, financiamiento y tecnología capaces de transformar esas reservas en producción efectiva.
La alianza con SLB apunta precisamente a esa dimensión tecnológica. Los estudios integrados de yacimientos permiten analizar las características de las reservas y diseñar estrategias para extraer hidrocarburos con mayor eficiencia.
El acuerdo anterior entre Venezuela y SLB, firmado en junio, ya había establecido un marco para explorar oportunidades de cooperación en servicios petroleros y gasíferos con tecnología avanzada.
Para Venezuela, la recuperación petrolera tiene además una importancia directa sobre sus cuentas públicas y su actividad económica. El sector energético continúa siendo uno de los principales motores de la economía nacional y cualquier aumento sostenido de la producción puede generar mayores ingresos por exportaciones.
Los datos oficiales citados por Infobae indican que el PIB venezolano creció 7,14% durante el segundo trimestre de 2026, impulsado principalmente por un aumento del 9,1% de la actividad petrolera.
Sin embargo, el crecimiento de la producción todavía convive con fuertes dificultades sociales. Los ingresos de los trabajadores permanecen muy por debajo del costo de vida y la recuperación de la industria petrolera no se ha traducido automáticamente en una mejora equivalente de los salarios.
Ese contraste constituye uno de los principales desafíos para la nueva etapa económica venezolana: aumentar la producción y atraer inversiones sin que los beneficios queden concentrados exclusivamente en el sector energético o en las empresas participantes.
El Gobierno de Delcy Rodríguez apuesta a que la apertura petrolera permita recuperar progresivamente la capacidad productiva del país y genere recursos para otros sectores de la economía.
El acuerdo con Hunt Oil representa, en ese sentido, algo más que un contrato para dos campos. Es también una señal sobre el rumbo que está tomando la política energética venezolana.
Durante décadas, Venezuela defendió un modelo de fuerte control estatal sobre la industria petrolera. Ahora el Estado busca mantener el control estratégico mientras permite una participación mucho mayor de compañías privadas extranjeras. La nueva legislación crea precisamente instrumentos para facilitar esa participación.
La cuestión central será determinar si este modelo consigue atraer suficientes inversiones para recuperar la infraestructura y elevar significativamente la producción. Para ello será necesario que las empresas encuentren condiciones jurídicas, financieras y operativas que permitan desarrollar proyectos de largo plazo.
También será fundamental observar cuánto tiempo necesitan Caro y Carisito para recuperar su producción y cuál será finalmente el volumen de petróleo y gas que puedan aportar.
El contrato con Hunt Oil confirma que Venezuela está intentando transformar su industria petrolera mediante una mayor participación del capital extranjero. La incorporación de tecnología estadounidense, el acuerdo con SLB y otros proyectos internacionales muestran una estrategia orientada a recuperar producción después de años de deterioro. El desafío ahora será convertir los contratos y anuncios de inversión en producción efectiva, mayores exportaciones y recursos capaces de generar una recuperación económica que también llegue a los trabajadores y a la población venezolana.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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