El balance de víctimas por los dos terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio aumentó a 6.438 muertos, después de que las autoridades incorporaran 137 nuevos fallecimientos al registro oficial. A casi dos meses de la tragedia, continúan las labores de remoción de estructuras, recuperación de cuerpos y evaluación de viviendas afectadas, mientras miles de personas permanecen damnificadas y el número oficial de desaparecidos todavía no ha sido informado.
Los terremotos, de magnitud 7,2 y 7,5, golpearon principalmente el estado de La Guaira y provocaron graves daños en localidades como Catia La Mar y Caraballeda. El nuevo número de fallecidos fue presentado por el presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, después de una semana sin actualización oficial sobre las víctimas.
La magnitud de la destrucción continúa reflejándose en las inspecciones realizadas sobre las viviendas. Hasta ahora fueron evaluadas 59.109 edificaciones. De ellas, 34.680 fueron consideradas habitables, mientras que 13.733 presentan algún tipo de restricción y otras 10.696 fueron clasificadas como construcciones de alto riesgo.
La situación significa que miles de familias todavía no pueden regresar con normalidad a sus hogares. Algunas permanecen en viviendas de familiares, refugios temporales o instalaciones improvisadas, mientras las autoridades intentan determinar qué estructuras pueden ser recuperadas y cuáles deberán ser demolidas.
La emergencia tampoco terminó con las tareas de rescate. 86.358 personas recibieron atención médica después de los terremotos, una cifra que muestra el impacto sanitario provocado por la catástrofe. Entre los sobrevivientes hay personas que necesitan cirugías, tratamientos de rehabilitación y dispositivos para recuperar movilidad después de haber sufrido lesiones graves.
Uno de los casos más dramáticos es el de Dennis Castillo, una deportista de 17 años que permaneció 28 horas atrapada entre los restos de un edificio en La Guaira. Una viga comprimió una de sus piernas y los médicos tuvieron que amputarla después de su rescate. La joven busca ahora continuar con su vida deportiva y necesita una prótesis que le permita recuperar parte de su movilidad.
El problema de las amputaciones afecta a numerosos sobrevivientes. La Fundación Dos Santos estima que al menos 200 personas sufrieron amputaciones como consecuencia de los terremotos y cerca de la mitad serían menores de edad. La recuperación de estas víctimas plantea una nueva emergencia que se extenderá mucho más allá del período inicial de rescate.
Las prótesis representan además un desafío económico considerable para las familias afectadas. Dependiendo de sus características y del nivel de movilidad que permitan, pueden costar entre 3.500 y 30.000 dólares, mientras que las destinadas a deportistas requieren sistemas especializados y procesos de adaptación más complejos.
La reconstrucción habitacional avanza con dificultades. Hasta ahora fueron entregadas 335 viviendas a familias damnificadas y el Gobierno mantiene el objetivo de alcanzar 4.000 unidades antes de terminar el año. Sin embargo, las necesidades superan ampliamente las soluciones entregadas hasta el momento.
A la destrucción provocada por los terremotos se sumaron posteriormente las lluvias. En Caracas, algunas precipitaciones destruyeron carpas utilizadas como refugios temporales, complicando todavía más las condiciones de quienes habían perdido sus viviendas y todavía no cuentan con una solución definitiva.
El desastre también representa un enorme desafío económico para Venezuela. El Banco Mundial estimó en 19.600 millones de dólares los daños físicos directos provocados por los terremotos y advirtió que una reconstrucción lenta podría afectar el desempeño de la economía venezolana durante los próximos diez años.
La cifra incluye daños en viviendas, infraestructura y otros bienes afectados por los movimientos sísmicos. La recuperación, por lo tanto, no depende únicamente de reconstruir edificios destruidos, sino también de restablecer servicios, recuperar actividades económicas y garantizar que las familias puedan regresar a una vida normal.
Las tareas de limpieza continúan a gran escala. Hasta el último balance fueron retiradas 528.222 toneladas de escombros, mientras prosiguen las evaluaciones de edificios y las labores para localizar posibles víctimas que todavía podrían permanecer bajo estructuras colapsadas.
Uno de los aspectos más sensibles de la emergencia sigue siendo precisamente la falta de información sobre los desaparecidos. Las autoridades venezolanas todavía no han difundido una cifra oficial de personas desaparecidas, pese al tiempo transcurrido desde los terremotos. La ausencia de un registro actualizado dificulta que las familias puedan conocer el destino de sus seres queridos y complica también las tareas de identificación.
La recuperación de cuerpos continúa siendo una de las tareas más dolorosas. Familiares y voluntarios han participado en algunos lugares en la búsqueda de víctimas entre los restos de edificios, mientras las autoridades realizan operaciones de remoción en estructuras que todavía presentan riesgo de colapso.
La dimensión humana de la tragedia también comienza a verse en otros ámbitos. El sistema educativo de las zonas más afectadas sufrió graves consecuencias, con numerosas escuelas dañadas y comunidades enteras obligadas a reorganizar sus actividades mientras se evalúa la seguridad de los establecimientos.
La reconstrucción, por tanto, tendrá que atender simultáneamente vivienda, salud, educación, infraestructura y empleo. El terremoto no solo destruyó edificios: modificó las condiciones de vida de comunidades completas y dejó a miles de personas dependiendo de asistencia.
El aumento de la cifra oficial de muertos casi dos meses después de los terremotos también muestra que el balance de la tragedia todavía no está cerrado. La incorporación de 137 nuevas víctimas indica que las labores de identificación y recuperación continúan revelando consecuencias que no habían quedado reflejadas en los informes anteriores.
Mientras tanto, la sociedad venezolana enfrenta una segunda etapa de la emergencia: pasar del rescate a la reconstrucción. Esa transición suele ser más prolongada y compleja, porque exige recursos permanentes y soluciones que permitan a las familias abandonar los refugios y recuperar una vivienda segura.
El terremoto del 24 de junio dejó una de las mayores tragedias recientes de Venezuela y su verdadero impacto todavía continúa revelándose. Los 6.438 fallecidos representan solamente una parte del desastre: decenas de miles de viviendas fueron inspeccionadas, miles quedaron dañadas o inhabitables, más de 86.000 personas necesitaron atención médica y todavía no existe un número oficial de desaparecidos. La reconstrucción tendrá que enfrentar además daños estimados en 19.600 millones de dólares y las consecuencias sociales de una población que perdió viviendas, familiares, escuelas y fuentes de sustento.
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