
Una ballena de entre siete y ocho metros de largo fue encontrada muerta en Punta Espinillo, en la costa oeste de Montevideo, y las autoridades uruguayas resolvieron dejar el cuerpo en el lugar debido a las dificultades y los riesgos que implicaría retirarlo. También advirtieron que el proceso natural de descomposición provocará olores intensos en la zona y recomendaron a la población no acercarse ni manipular al animal.
El ejemplar fue localizado en la desembocadura del río Santa Lucía, un sector de escasa profundidad, fondos fangosos, zonas rocosas y una extensa franja de juncales que dificulta el acceso desde tierra y la navegación. Las características del lugar hicieron que cualquier operativo para trasladar el cuerpo implicara un riesgo considerable para los equipos que deberían intervenir.
La presencia de la ballena había sido comunicada originalmente el 18 de julio, cuando un vecino de Santa Lucía informó que había visto un cetáceo en la zona. Técnicos que acudieron al lugar comprobaron que el animal todavía estaba vivo y comenzaron un monitoreo. Sin embargo, aproximadamente una hora después, la ballena desapareció de la zona donde había sido observada.
Durante los días siguientes se realizaron nuevos relevamientos tanto por tierra como desde el aire, incluso con la utilización de un dron proporcionado por vecinos. No hubo nuevos avistamientos hasta el 23 de julio, cuando la Prefectura Nacional Naval informó sobre el hallazgo de una ballena muerta en el sector de Punta Espinillo.
Las condiciones de la marea dificultaron inicialmente la identificación del animal. Cuando el nivel del agua descendió, integrantes del Grupo de Trabajo en Varamientos y guardaparques del Área Protegida Humedales de Santa Lucía pudieron acercarse para examinarlo.
Los especialistas determinaron que se trata de un rorcual del género Balaenoptera, un grupo de ballenas caracterizado por la presencia de pliegues en la garganta y el cuerpo. Debido a que algunas partes que permitirían identificar con precisión la especie permanecían bajo el agua, todavía no fue posible establecer exactamente de qué especie se trata.
La decisión de no retirar el cadáver fue adoptada conjuntamente por organismos nacionales y departamentales vinculados con los recursos acuáticos, la biodiversidad, emergencias y la seguridad marítima. Después de analizar distintas alternativas, concluyeron que el traslado supondría un riesgo significativo para los operarios y no ofrecería beneficios ambientales o sanitarios suficientes para justificar la intervención.
El lugar donde quedó el animal se encuentra además alejado de las zonas urbanas y registra una baja circulación de personas. Esa condición permitió a las autoridades optar por una solución natural: dejar que el proceso de descomposición avance sin intervención humana.
El principal efecto que podrá percibirse será el olor. A medida que avance la descomposición, los restos de la ballena pueden generar olores fuertes, cuya intensidad dependerá especialmente de las condiciones meteorológicas y de la dirección y velocidad del viento.
Las autoridades solicitaron expresamente que las personas no se acerquen al cadáver. La recomendación no responde únicamente al olor: también busca impedir que alguien manipule los restos o intente acercarse demasiado a un animal de grandes dimensiones en un sector que presenta condiciones complicadas de acceso.
El caso también representa una oportunidad para los investigadores que estudian los varamientos de cetáceos. Cada animal encontrado puede aportar información sobre las especies que frecuentan la costa uruguaya, sus desplazamientos y las condiciones del ecosistema marino.
Los varamientos pueden producirse por diferentes causas y un ejemplar muerto en la costa no permite, por sí solo, establecer qué provocó su muerte. Para determinarlo sería necesario realizar estudios específicos, siempre que las condiciones del cuerpo permitan obtener información útil.
En este caso, la prioridad de las autoridades fue evaluar el riesgo de intervenir sobre el animal y determinar qué alternativa resultaba más segura. El seguimiento continuará mientras avance la descomposición.
La presencia de una ballena de semejante tamaño en la costa de Montevideo también llamó la atención por tratarse de un animal que normalmente permanece en aguas abiertas y que puede recorrer grandes distancias durante sus desplazamientos.
Por ahora, la especie exacta y la causa de muerte permanecen sin determinar, mientras el ejemplar continúa en Punta Espinillo. Las autoridades mantendrán vigilancia sobre la zona y reiteraron el pedido de no acercarse ni manipular los restos.
El episodio deja además una imagen poco habitual para la costa montevideana: una ballena de casi ocho metros varada en la desembocadura del río Santa Lucía, en un entorno donde la propia naturaleza determinará el destino final del animal.
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