La crisis provocada por el cierre del Paso Internacional Cristo Redentor ya alcanza una dimensión dramática para los transportistas: algunos choferes llevan 34 días detenidos al costado de la Ruta Nacional 7, en Mendoza, sin poder continuar su viaje hacia Chile. La acumulación de nieve en la alta montaña y las condiciones meteorológicas adversas mantienen interrumpido uno de los principales corredores terrestres entre Argentina y Chile, mientras los camioneros afrontan semanas de espera, gastos adicionales y una creciente incertidumbre sobre cuándo podrán finalmente cruzar la cordillera.
El cierre comenzó el 14 de julio, cuando las autoridades dispusieron la interrupción preventiva del tránsito por las condiciones climáticas. Desde entonces, la situación fue agravándose debido a sucesivas nevadas, hielo, acumulación de nieve y dificultades para despejar completamente la ruta. La Comisión Nacional de Fronteras registró distintos cierres y reaperturas durante julio, confirmando la fuerte incidencia del clima sobre la operatoria del corredor.
Durante las primeras semanas, más de 1.500 camiones llegaron a quedar varados en distintos puntos de Mendoza, obligando a las autoridades a implementar un operativo especial para distribuir los vehículos y evitar que todos permanecieran concentrados en la zona de alta montaña. Los transportistas fueron derivados a playas, estaciones de servicio y sectores de espera ubicados a lo largo del corredor.
El sistema de contingencia busca evitar una situación todavía más peligrosa. Cuando el paso permanece cerrado, los camiones no pueden avanzar libremente hacia la cordillera porque podrían terminar formando largas filas en sectores donde las condiciones meteorológicas son más extremas y donde resulta mucho más difícil brindar asistencia.
Por eso, los transportistas son retenidos en distintos puntos de Mendoza y liberados progresivamente cuando las autoridades consideran que existen condiciones para avanzar. El Gobierno provincial diseñó para esta temporada un sistema de aparcamiento y encapsulamiento coordinado entre Gendarmería Nacional y la Policía de Mendoza.
Para quienes llevan semanas esperando, sin embargo, el problema dejó de ser únicamente logístico. Los camioneros deben permanecer prácticamente viviendo dentro de sus vehículos, organizar la alimentación, conseguir agua, mantener sus camiones en condiciones y afrontar gastos mientras no pueden completar el viaje para el que fueron contratados.
El caso de otros transportistas muestra la dimensión humana de la espera. A finales de julio, la camionera brasileña Lucilene Vanessa Soares, de 47 años, llevaba diez días detenida en una estación de servicio de Las Catitas, a más de 300 kilómetros del paso fronterizo. Cocinaba junto a otros choferes y dormía en la cabina de su camión mientras esperaba una oportunidad para continuar hacia Chile.
La situación también afecta a las empresas de transporte. Cada jornada en la que un camión permanece detenido representa combustible, alimentación, mantenimiento y salarios sin que la unidad pueda completar el recorrido previsto. A esto se agregan los retrasos en las entregas y las dificultades para reorganizar las cargas.
El Cristo Redentor es además un corredor estratégico para el comercio entre Argentina y Chile. El paso conecta Mendoza con la Región de Valparaíso y constituye una de las principales rutas terrestres para el transporte de mercancías entre ambos países.
El impacto no se limita a los transportistas. El cierre prolongado también afecta el movimiento de mercaderías y la planificación logística de empresas que dependen de la conexión terrestre entre ambos países. Cuando la interrupción se extiende durante semanas, las compañías deben evaluar rutas alternativas, modificar fechas de entrega y asumir costos adicionales.
La principal dificultad para establecer una fecha definitiva de reapertura es la montaña. Aunque las máquinas trabajan en el despeje, una ruta puede volver a quedar intransitable después de una nueva nevada. Además, el riesgo no desaparece cuando termina la precipitación: hielo, desprendimientos y acumulaciones de nieve pueden mantener determinados sectores peligrosos durante varios días.
A finales de julio, las autoridades ya advertían que, incluso después de una eventual reapertura, podrían necesitarse entre cinco y seis días para descongestionar completamente el corredor debido a la cantidad de camiones acumulados.
Eso significa que abrir el túnel no resuelve automáticamente el problema. Primero debe garantizarse que la ruta sea segura; después comienza una segunda etapa: ordenar la salida de los vehículos y evitar que miles de camiones intenten avanzar simultáneamente hacia la cordillera.
El operativo diseñado por Mendoza contempla precisamente esa liberación gradual. Los camiones internacionales son organizados mediante un sistema de encapsulamiento para permitir que asciendan de manera controlada cuando se habilite el corredor.
Mientras tanto, los choferes continúan esperando. Para muchos de ellos, 34 días detenido significa más de un mes sin poder completar normalmente su actividad laboral, con la incertidumbre adicional de no saber cuándo podrán retomar el recorrido.
La situación vuelve a mostrar además la vulnerabilidad del principal paso terrestre entre Argentina y Chile frente a los fenómenos meteorológicos de la cordillera. El invierno obliga cada año a establecer horarios especiales, exigir cadenas para nieve y mantener protocolos de cierre preventivo ante nevadas o hielo.
El desafío es particularmente complejo porque el tránsito de cargas es permanente durante gran parte del año. Cuando el paso funciona normalmente, miles de vehículos utilizan este corredor. Cuando se produce un cierre prolongado, el volumen acumulado crece rápidamente y supera la capacidad de los espacios de estacionamiento disponibles.
La experiencia de este invierno también vuelve a poner en discusión la necesidad de contar con mayor infraestructura para recibir y asistir a los transportistas durante los cierres cordilleranos. No se trata solamente de disponer de lugares donde estacionar los camiones, sino también de garantizar servicios sanitarios, alimentación, seguridad y asistencia durante períodos que pueden prolongarse mucho más de lo previsto.
El Gobierno de Mendoza ya había anticipado para la temporada 2026 un plan específico de aparcamiento destinado a reducir los problemas generados por las interrupciones del paso. El objetivo declarado es evitar congestiones, mejorar la seguridad y reducir las pérdidas económicas vinculadas con los cierres.
Pero la magnitud del episodio actual demuestra que incluso con planificación previa, un temporal prolongado puede poner bajo una enorme presión a todo el sistema logístico.
Para los camioneros, la espera tiene además una dimensión personal. Muchos están lejos de sus hogares y familias durante semanas adicionales, sin saber exactamente cuándo podrán regresar. El camión se transforma temporalmente en vivienda, lugar de descanso y espacio de trabajo al mismo tiempo.
La incertidumbre es uno de los aspectos más difíciles de la situación. No existe una fecha de reapertura que pueda garantizarse mientras las condiciones meteorológicas y el estado de la ruta no permitan una circulación segura.
Las autoridades argentinas deben evaluar permanentemente el estado de la calzada y coordinar las operaciones con sus pares chilenos. Una reapertura de un lado sin condiciones adecuadas en el otro puede generar nuevas acumulaciones y complicar todavía más el tránsito.
El problema, por lo tanto, no termina con la limpieza de la nieve: comienza entonces el desafío de recuperar la circulación normal sin generar una nueva congestión.
Mientras tanto, los camiones continúan distribuidos en distintos puntos de Mendoza y los choferes esperan una señal que les permita volver a avanzar hacia la frontera.
El caso se suma a otros episodios registrados en años anteriores, cuando fuertes temporales obligaron a mantener cerrado el corredor durante períodos prolongados y dejaron miles de camiones detenidos. La situación demuestra que los cierres invernales del Cristo Redentor no son un fenómeno excepcional, aunque la duración y magnitud de cada episodio dependen de las condiciones de cada temporada.
Después de 34 días, la espera ya dejó de ser una simple demora fronteriza y se convirtió en una crisis para cientos de trabajadores y para el sistema de transporte internacional. La prioridad continúa siendo garantizar la seguridad en la cordillera, pero al mismo tiempo crece la necesidad de encontrar mecanismos que reduzcan el impacto económico y humano de futuros cierres prolongados.
La reapertura deberá producirse únicamente cuando existan condiciones seguras para circular. Pero una vez que llegue ese momento, las autoridades tendrán otra tarea urgente: descongestionar progresivamente el corredor y permitir que los camioneros que llevan semanas esperando puedan finalmente continuar su viaje hacia Chile.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Uruguay: la estafa ganadera que dejó un agujero de US$272 millones y expuso las fallas de un modelo que durante años operó fuera del control financiero
- ★Corea del Sur mantiene los ejercicios militares con Estados Unidos pese al cambio de postura de Trump
- ★Argentina: qué poner primero en la parrilla y en qué orden cocinar la carne para lograr un buen asado
- ★Argentina: la minería proyecta inversiones por US$50.000 millones y la industria nacional busca quedarse con una parte del negocio
- ★Argentina: choferes llevan 34 días varados y esperan la reapertura del Paso Cristo Redentor


