La historia ambiental de la Cuenca del Plata no puede entenderse únicamente desde los gobiernos nacionales. Desde 1967, Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay mantienen un mecanismo permanente de cooperación que busca coordinar la gestión de uno de los sistemas hídricos más importantes de América del Sur. El Comité Intergubernamental Coordinador de los Países de la Cuenca del Plata (CIC) nació hace casi seis décadas y, con el paso del tiempo, evolucionó desde una estructura destinada principalmente a promover estudios y proyectos de integración hacia un espacio de cooperación sobre seguridad hídrica, cambio climático, calidad del agua, ecosistemas, biodiversidad, aguas subterráneas y prevención de eventos extremos. Hoy, bajo la Presidencia Pro Tempore de Bolivia y con el embajador brasileño Gonçalo de Barros Carvalho e Mello Mourão como secretario general, el organismo enfrenta una etapa decisiva: transformar décadas de información científica, diagnósticos y programas estratégicos en acciones regionales capaces de responder a sequías, inundaciones, degradación ambiental y creciente presión sobre los recursos hídricos.
Una institución nacida antes del Mercosur
El antecedente del CIC se remonta al 27 de febrero de 1967, cuando los cancilleres de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron en Buenos Aires una declaración conjunta que constituyó el primer acto institucional del Sistema de la Cuenca del Plata. Dos años después, el 23 de abril de 1969, los cinco países suscribieron en Brasilia el Tratado de la Cuenca del Plata, que entró en vigor el 14 de agosto de 1970. El tratado tiene duración ilimitada y convirtió al CIC en el órgano permanente encargado de promover, coordinar y seguir las acciones multinacionales vinculadas con el desarrollo integrado de la cuenca.
El origen de la institución es importante porque muestra que la cooperación hídrica regional precedió en casi tres décadas a la creación del Mercosur. El objetivo original no era exclusivamente ambiental. El tratado hablaba de desarrollo armónico, integración física, navegación, utilización racional del agua, generación de energía, infraestructura y aprovechamiento de recursos naturales. Sin embargo, la dimensión ambiental fue adquiriendo progresivamente un peso mucho mayor a medida que los países comenzaron a comprender que los problemas de una cuenca hidrográfica no respetan las fronteras políticas.
El CIC funciona con una característica institucional que explica tanto su fortaleza como algunas de sus limitaciones: cada país tiene un voto y las decisiones se toman por unanimidad. La presidencia es rotativa y la Secretaría General es designada también por consenso. Esta estructura permite que ninguno de los cinco países pueda imponer unilateralmente una decisión sobre los demás, pero al mismo tiempo significa que cualquier política regional ambiciosa necesita un acuerdo político entre gobiernos con intereses económicos, energéticos y ambientales que no siempre coinciden.
De los grandes estudios a una visión ambiental integrada
Durante sus primeras décadas, el CIC concentró buena parte de su trabajo en estudios de hidrología, recursos naturales, navegación, energía, suelos e infraestructura. Uno de los antecedentes más importantes fue el estudio integral de los recursos naturales de la cuenca realizado con apoyo de la OEA durante la década de 1970. Ese trabajo permitió identificar áreas ambientalmente críticas, entre ellas las subcuencas de los ríos Pilcomayo y Bermejo y el Alto Paraguay, donde se encuentra el Pantanal.
El verdadero cambio de escala comenzó, sin embargo, a principios del siglo XXI. En 2001, los cinco países decidieron fortalecer las capacidades técnicas del CIC y desarrollar una visión integrada de la cuenca. El objetivo era dejar atrás una mirada fragmentada de los ríos y comenzar a relacionar agua superficial, agua subterránea, clima, uso del suelo, ecosistemas y actividades económicas.
Con apoyo del GEF, el PNUMA y la OEA, se puso en marcha el Programa Marco para la Gestión Sostenible de los Recursos Hídricos de la Cuenca del Plata frente a los efectos de la variabilidad y el cambio climático. La segunda etapa fue ejecutada entre 2010 y 2016. El programa movilizó una participación regional extraordinaria: más de 150 instituciones y alrededor de 1.500 especialistas participaron en los trabajos técnicos.
Ese proceso produjo dos instrumentos fundamentales: el Análisis Diagnóstico Transfronterizo (ADT) y el Programa de Acciones Estratégicas (PAE). El primero identificó los principales problemas ambientales que atraviesan las fronteras nacionales; el segundo estableció una hoja de ruta común para enfrentarlos.
Qué problemas ambientales identificó el CIC
El diagnóstico elaborado por los cinco países mostró que el problema ambiental de la Cuenca del Plata no es uno solo. Es un conjunto de problemas conectados.
Entre ellos aparecen la pérdida de calidad del agua, la sedimentación de ríos y cuerpos de agua, la alteración y pérdida de biodiversidad, el uso no sostenible de recursos pesqueros, la explotación de acuíferos en zonas críticas, los impactos ambientales de la agricultura bajo riego, la falta de planes de contingencia frente a desastres, los problemas de saneamiento y salud ambiental y los efectos de inundaciones y sequías.
A esto se agrega una cuestión cada vez más determinante: el cambio climático.
La cuenca experimentó entre 2019 y 2022 uno de los períodos de sequía más severos desde comienzos del siglo XX. El fenómeno afectó simultáneamente la agricultura, el abastecimiento de agua potable, la generación hidroeléctrica y la navegación. Es decir, la crisis ambiental se transformó directamente en una crisis económica y social.
La sequía demostró además que la seguridad hídrica no puede medirse únicamente por la cantidad de agua disponible. También importa cuándo está disponible, dónde se encuentra, qué calidad tiene, quién la necesita y cómo se distribuyen las demandas entre sectores productivos, ciudades, energía y ecosistemas.
El gran salto: del diagnóstico al Programa de Acciones Estratégicas
El PAE, aprobado en 2016, representa uno de los principales logros institucionales del CIC porque permitió que los cinco países acordaran una visión común sobre los problemas de la cuenca. Posteriormente, entre 2019 y 2023, el Proyecto de Porte Medio buscó preparar las condiciones para pasar de esa planificación a la implementación.
Los resultados fueron concretos. Se fortaleció el Sistema Soporte para la Toma de Decisiones de la Cuenca del Plata (SSTD-CdP), una plataforma que reúne información hidrometeorológica y datos relacionados con inundaciones, sequías y calidad del agua. También se elaboró una cartera de 15 proyectos prioritarios transfronterizos y se fortalecieron las capacidades técnicas de los organismos nacionales.
El SSTD merece especial atención porque representa uno de los puntos en los que el trabajo científico comenzó a convertirse en una herramienta operativa. El sistema, iniciado en 2008 y actualizado entre 2021 y 2023, permite visualizar información sobre cantidad y calidad del agua y fue concebido para apoyar decisiones y sistemas de alerta temprana.
Para una región que enfrenta simultáneamente sequías, inundaciones, contaminación y variaciones hidrológicas, disponer de información compartida es mucho más que una cuestión tecnológica: es una herramienta de gobernanza ambiental.
El nuevo desafío: implementar lo que ya fue acordado
Aquí aparece probablemente el aspecto más importante de la investigación.
Durante décadas, el CIC produjo diagnósticos, estudios, mapas, modelos y programas. El gran desafío actual es demostrar cuánto de ese conocimiento puede convertirse en infraestructura, prevención, restauración ambiental, gestión del agua y políticas públicas concretas.
El nuevo proyecto GEF 11053, “Implementación de las prioridades del PAE de la Cuenca del Plata mediante acciones regionales y nacionales”, fue aprobado para implementación en 2025. El GEF asignó US$10,605 millones, mientras que el proyecto contempla aproximadamente US$195 millones en cofinanciamiento. La iniciativa busca llevar a la práctica las prioridades del PAE mediante acciones coordinadas entre los países.
El proyecto tiene cinco grandes componentes: fortalecimiento técnico de la Secretaría del CIC y de las instituciones nacionales; seguridad hídrica y resiliencia frente al cambio climático; soluciones para problemas concretos de la cuenca; comunicación y gestión del conocimiento; y seguimiento y evaluación.
Uno de los proyectos más interesantes asociados a esta nueva etapa es el Observatorio Hidroambiental de la Cuenca del Plata, concebido como una evolución del actual Sistema Soporte para la Toma de Decisiones. La idea es avanzar hacia una infraestructura regional de información que permita integrar datos ambientales y apoyar decisiones de los cinco países.
El segundo gran frente: prepararse para nuevas sequías
El CIC también está trabajando con el BID en la Cooperación Técnica RG-T4393, denominada “Promoviendo seguridad hídrica en la Cuenca del Plata: afrontando el reto de las sequías para fortalecer las cadenas regionales de valor”.
El proyecto tiene un presupuesto total de US$665.000, de los cuales US$465.000 corresponden al financiamiento del BID y US$200.000 a contrapartida nacional. Se encuentra actualmente en implementación.
La iniciativa contempla cuatro líneas principales: estudiar el impacto de las sequías sobre las cadenas agropecuarias; elaborar un balance hídrico de toda la cuenca, incluyendo aguas superficiales y subterráneas; evaluar la vulnerabilidad de sectores como alimentos, agua potable, energía y navegación; y fortalecer las capacidades técnicas de los cinco países.
En julio de 2026 el CIC abrió precisamente una convocatoria para elaborar el balance hidrológico de la cuenca. El estudio deberá integrar aguas superficiales y subterráneas y desarrollar modelos de oferta y demanda bajo diferentes escenarios.
Esto representa una evolución importante: el objetivo ya no es únicamente saber qué ocurrió durante una sequía, sino anticipar dónde podría aparecer el déficit de agua y qué sectores serán más vulnerables.
La gestión actual: Bolivia en la Presidencia y Brasil en la Secretaría General
En febrero de 2026 se produjo el cambio institucional más reciente. Bolivia asumió la Presidencia Pro Tempore del CIC, reemplazando a Argentina. La representación boliviana señaló que buscará impulsar una agenda vinculada con el bienestar de las poblaciones, la gestión sostenible y solidaria de los recursos hídricos compartidos y el fortalecimiento de la integración regional.
La Secretaría General está a cargo del embajador brasileño Gonçalo de Barros Carvalho e Mello Mourão, quien asumió en febrero de 2025 para un período de dos años que termina el 20 de febrero de 2027. Su mandato tiene como objetivo declarado dar continuidad a los resultados anteriores y fortalecer las acciones del CIC en los cinco países.
La gestión actual está mostrando además una preocupación que puede resultar decisiva para el futuro del organismo: cómo financiar la ejecución de los proyectos.
En febrero de 2026, el CIC organizó en Brasilia un taller específico sobre financiamiento e inversiones para implementar el PAE. Participaron representantes de los cinco países, el BID, la OEA y organismos brasileños vinculados al agua y al medio ambiente. El objetivo fue identificar mecanismos financieros y proyectos con suficiente madurez para atraer inversiones.
Esto revela uno de los principales cuellos de botella de la política ambiental regional: tener un diagnóstico y un proyecto no significa tener los recursos para ejecutarlo.
Los ecosistemas: el desafío que va más allá del agua
La agenda ambiental del CIC tampoco se limita a los ríos.
La Cuenca del Plata incluye ecosistemas de enorme importancia como el Pantanal, el Gran Chaco y la región Pampeana, además de extensos humedales y corredores ecológicos. CAF señala que estos territorios enfrentan amenazas como incendios, pérdida de pastizales y transformación del uso del suelo.
El Pantanal resulta especialmente importante porque funciona como un gigantesco regulador hídrico. Su deterioro no es solamente un problema de biodiversidad brasileña: puede tener consecuencias sobre el comportamiento hidrológico de toda la cuenca.
Aquí aparece uno de los desafíos institucionales que deben ser observados con atención. Un documento del GEF sobre la región señaló que, pese a la importancia del Pantanal y de los humedales del Alto Paraguay, no existía un comité técnico trinacional específico con capacidad de coordinar integralmente la gestión del Alto Paraguay y el Pantanal.
Este punto muestra una de las limitaciones estructurales del CIC: su ámbito es enorme y sus responsabilidades son muy amplias. La unanimidad permite construir consensos, pero también puede dificultar respuestas rápidas y altamente especializadas.
Un problema histórico: la distancia entre cooperación y ejecución
El CIC presenta un balance institucional considerable, pero una investigación periodística debe evitar convertir la información oficial en una simple enumeración de éxitos.
Hay una pregunta central que merece ser planteada: ¿cuántos de los problemas identificados hace 10 o 20 años fueron efectivamente resueltos?
El propio recorrido institucional ofrece una respuesta parcial. Muchos problemas identificados por el ADT siguen presentes: calidad del agua, sedimentación, degradación ambiental, biodiversidad, eventos extremos y presión sobre aguas superficiales y subterráneas.
Eso no significa que el CIC haya fracasado. Significa que la escala de los problemas ambientales supera ampliamente la capacidad de un organismo de coordinación.
El CIC no tiene las mismas atribuciones que una autoridad ambiental nacional. No puede imponer por sí mismo una política de uso del suelo en Brasil, controlar una actividad industrial en Argentina, establecer una política pesquera en Paraguay o modificar las normas de agua de Uruguay. Su principal herramienta es la cooperación entre los Estados.
Por eso, uno de los criterios más adecuados para evaluar su éxito no debería ser solamente cuántos problemas ambientales desaparecieron, sino qué capacidad regional consiguió construir para que los cinco países puedan enfrentarlos conjuntamente.
El futuro: de una institución de estudios a una plataforma regional de acción
El futuro del CIC parece orientarse hacia una institución más tecnológica, más vinculada con información ambiental y más enfocada en conseguir financiamiento para proyectos concretos.
La evolución del SSTD hacia un Observatorio Hidroambiental, la elaboración del balance hídrico regional, los modelos de oferta y demanda, la evaluación de vulnerabilidad climática y la implementación del PAE muestran esa dirección.
También será necesario fortalecer la participación pública. La propia experiencia del Programa Marco reconoció la importancia de incorporar comunicación, educación y participación social a la gestión sostenible de los recursos hídricos.
El desafío será particularmente grande porque la Cuenca del Plata es simultáneamente una reserva de agua, una potencia agrícola, un corredor de navegación, una fuente de generación energética, un territorio de enorme biodiversidad y el espacio donde viven más de 110 millones de personas. Las decisiones ambientales afectan directamente a la producción, la energía, el comercio y la vida cotidiana.
Por eso, el futuro del CIC dependerá de su capacidad para mantener un equilibrio entre esos intereses.
La investigación
Después de casi seis décadas, el principal legado del CIC Plata quizás no sea una obra física determinada, sino haber conseguido mantener sentados en una misma mesa a Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay para discutir un sistema natural que ninguno de ellos puede administrar por separado.
El organismo ayudó a construir diagnósticos comunes, desarrolló herramientas de información, impulsó programas de cooperación, identificó problemas transfronterizos y consiguió movilizar recursos internacionales. El Programa Marco, el ADT, el PAE, el Proyecto de Porte Medio, el SSTD y los nuevos programas financiados por GEF y BID forman parte de esa evolución.
Pero la nueva etapa exige algo diferente.
La pregunta para los próximos años ya no es solamente qué sabe la región sobre la Cuenca del Plata, sino qué está dispuesta a hacer con ese conocimiento.
Las sequías de 2019–2022 demostraron el costo de no estar preparados. La presión sobre los acuíferos, la degradación de humedales, los incendios, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y los cambios en el régimen hidrológico muestran que el problema ambiental seguirá creciendo en complejidad.
El CIC llega a esta nueva etapa con una base científica e institucional mucho más sólida que la que tenía décadas atrás. Ahora deberá demostrar que puede convertir esa experiencia en prevención, inversión, restauración ambiental, seguridad hídrica y resultados medibles sobre el territorio.
Y allí estará probablemente la verdadera prueba de la actual gestión de Bolivia y de la Secretaría General de Brasil: conseguir que la cooperación regional deje de ser solamente un mecanismo para producir diagnósticos y pase a convertirse, cada vez más, en una plataforma efectiva para ejecutar soluciones ambientales que ningún país podría alcanzar por sí solo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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