El sistema bancario uruguayo cerró el primer semestre de 2026 con una rentabilidad operativa de US$ 671 millones, mientras el volumen total de negocios alcanzó US$ 79.865 millones y el crédito y los depósitos mostraron un crecimiento durante los primeros seis meses del año. El resultado confirma que la banca mantiene una posición financiera sólida, aunque con una rentabilidad inferior a los máximos extraordinarios registrados en 2024. La morosidad permaneció estable en 1,7% del total de los créditos, mientras el crédito destinado a familias, construcción, servicios y agro mostró avances en distintos segmentos. Detrás de estas cifras aparece un cambio importante respecto de 2025: la depreciación del peso uruguayo generó un efecto contable favorable sobre los resultados medidos en dólares, pero incluso al eliminar ese impacto cambiario el negocio bancario conservó niveles de rentabilidad históricamente elevados.
El dato central requiere una precisión que resulta fundamental para comprender la verdadera situación del sector. El sistema bancario acumuló US$ 736 millones de ganancias nominales entre enero y junio, pero esa cifra incluye el efecto de la diferencia de cambio generado por la evolución del peso uruguayo. Cuando se elimina ese componente contable y se observa exclusivamente el resultado operativo, la ganancia fue de US$ 671 millones.
La diferencia no es menor. En el primer semestre de 2025, el peso uruguayo se había apreciado 7,2%, mientras que durante los primeros seis meses de 2026 ocurrió el fenómeno contrario y la moneda se depreció casi 3%. Debido a la estructura de activos y pasivos de las instituciones financieras, ese movimiento cambiario modificó significativamente el resultado expresado en dólares.
Por eso, comparar únicamente los US$ 736 millones de 2026 con el resultado del año anterior podría llevar a una conclusión equivocada sobre la expansión real de la rentabilidad. El indicador más útil para analizar el funcionamiento del negocio es el resultado operativo, que alcanzó US$ 671 millones, apenas US$ 13 millones por debajo del mismo período de 2025.
Es decir, la banca uruguaya no está atravesando un nuevo récord de rentabilidad, pero tampoco muestra un deterioro significativo. Lo que aparece es un sistema que continúa generando beneficios elevados incluso después del extraordinario ciclo de ganancias registrado en 2024.
Un negocio de casi US$ 80.000 millones
El volumen de negocios bancarios alcanzó US$ 79.865 millones al cierre de junio, con un crecimiento de 1,6% durante el primer semestre medido en dólares.
El aumento se explica fundamentalmente por la expansión simultánea de créditos y depósitos, dos indicadores que permiten observar la evolución de la intermediación financiera. Cuando los depósitos aumentan y existe una demanda suficiente de financiamiento, los bancos disponen de mayores recursos para canalizar hacia hogares y empresas.
El Banco Central del Uruguay mantiene estadísticas específicas sobre moneda y crédito precisamente para medir la evolución de la cantidad de dinero y del financiamiento dentro de la economía, información que constituye además un insumo para la política monetaria.
El comportamiento registrado durante el semestre muestra, por tanto, una economía financiera que continúa expandiéndose, aunque a un ritmo moderado. No se trata de un crecimiento explosivo del crédito, sino de una recuperación gradual de la intermediación en diferentes segmentos.
Los depósitos vuelven a crecer
Uno de los elementos más importantes del semestre fue la evolución de los depósitos del sector privado.
En moneda nacional, los depósitos crecieron 5% en términos reales en los bancos privados y 3% en el BROU, mientras que en el Banco Hipotecario del Uruguay permanecieron relativamente estables.
En moneda extranjera también se produjo un incremento significativo. Los depósitos en dólares en los bancos privados aumentaron 7,7% durante el semestre, mientras que en el BROU el crecimiento fue de 1,4%.
El dato adquiere especial importancia en una economía como la uruguaya, donde el dólar mantiene una presencia relevante en el ahorro y en determinadas operaciones financieras.
El crecimiento de los depósitos también representa una señal de confianza en el sistema financiero. Los hogares y empresas están manteniendo o aumentando sus recursos dentro de las instituciones bancarias, proporcionando una base de fondeo que permite sostener el crecimiento de los préstamos.
Sin embargo, un aumento de depósitos no significa automáticamente que todo ese dinero se transforme en crédito. La demanda de financiamiento, las tasas de interés, las condiciones económicas y la percepción de riesgo determinan cuánto de esa liquidez termina llegando a familias y empresas.
El crédito comienza a mostrar una composición diferente
El stock de créditos en moneda nacional de los bancos privados y del BROU aumentó casi 2% en términos reales durante el semestre, es decir, después de descontar el efecto de la inflación.
El comportamiento fue diferente según el tipo de prestatario.
El crédito destinado al consumo de las familias aumentó 5,6% real, mientras que los préstamos para automóviles crecieron 8,1%. En el sector de la construcción, el aumento alcanzó 11% real.
También hubo una expansión relevante del financiamiento al sector de servicios, que creció 6,5% medido en dólares, y al agro, con un incremento de 10,8% en dólares.
Estos datos son importantes porque muestran que el crédito no está creciendo de manera uniforme. Algunos sectores productivos están demandando más financiamiento para inversión, capital de trabajo y expansión, mientras que otros segmentos evolucionan con mayor lentitud.
El crédito hipotecario destinado a familias, por ejemplo, tuvo un aumento real de aproximadamente 2%, una expansión mucho más moderada que la registrada en construcción o préstamos para automóviles.
El BROU conserva un papel central
El resultado operativo también muestra una diferencia importante entre la banca pública y la privada.
Durante el primer semestre, los bancos privados obtuvieron US$ 280 millones, mientras que el BROU alcanzó US$ 343 millones y el BHU US$ 47 millones en resultados operativos.
La posición del BROU es especialmente relevante porque continúa desempeñando un papel central en el sistema financiero uruguayo. Su tamaño, su participación en depósitos y créditos y su relación con diferentes sectores productivos hacen que su desempeño tenga efectos que van más allá del resultado individual de la institución.
El hecho de que el BROU presente niveles de rentabilidad superiores a los bancos privados también aparece señalado en el análisis técnico utilizado por El Observador, aunque los indicadores de rentabilidad del conjunto del sistema muestran una moderación respecto de los máximos registrados en 2024.
La rentabilidad ya no está en los niveles extraordinarios de 2024
Para comprender la situación actual es necesario mirar hacia atrás.
El 2024 fue un año excepcional para la banca uruguaya, con niveles de rentabilidad históricamente elevados. Durante 2025 comenzó una moderación asociada, entre otros factores, a la apreciación del peso uruguayo y a la reducción de los márgenes financieros en un escenario de descenso de las tasas de interés.
Un análisis anterior sobre el cierre de 2025 ya había identificado ese cambio de ciclo: el sistema continuaba siendo rentable, pero había dejado atrás los resultados extraordinarios de 2024.
El primer semestre de 2026 confirma esa tendencia. El ROE, que mide la rentabilidad respecto del patrimonio, y el ROA, que mide la rentabilidad respecto de los activos, continúan por encima de los niveles registrados entre 2019 y 2022, pero muestran una trayectoria descendente respecto de los máximos recientes.
La lectura correcta, por lo tanto, no es que la banca uruguaya esté perdiendo rentabilidad, sino que está pasando de una etapa excepcional a una situación más normalizada.
El margen financiero continúa siendo la principal fuente de resultados
El margen financiero acumuló US$ 1.369 millones durante el primer semestre, US$ 43 millones más que durante el mismo período de 2025.
Ese indicador es particularmente importante porque refleja una parte central del negocio bancario: la diferencia entre los ingresos generados por las operaciones financieras y el costo de los recursos utilizados para financiarlas.
Que el margen continúe en niveles históricamente altos explica por qué la banca conserva una elevada capacidad de generación de resultados incluso cuando los indicadores de rentabilidad general muestran cierta moderación.
Al mismo tiempo, el Banco Central señaló que durante el segundo trimestre de 2026 las tasas de las Letras de Regulación Monetaria continuaron descendiendo en línea con una postura monetaria expansiva, y esa evolución comenzó a trasladarse gradualmente a las tasas activas y pasivas del sistema bancario.
Este punto será determinante durante la segunda mitad del año. Si las tasas continúan descendiendo, el costo del financiamiento podría reducirse para determinados sectores, pero también podría comprimirse el margen de intermediación de las instituciones financieras.
La morosidad sigue siendo uno de los puntos fuertes
Uno de los datos más tranquilizadores del informe es que la morosidad bancaria permaneció en 1,7% a junio de 2026, prácticamente sin cambios respecto del cierre de 2025.
Esto significa que, pese al crecimiento del crédito, no se produjo un deterioro generalizado de la calidad de las carteras.
El caso más destacado fue el BHU, donde la morosidad cayó desde 1% hasta apenas 0,4%. La reducción estuvo asociada a una caída cercana al 60% en los créditos vencidos durante el semestre.
La estabilidad de la mora es especialmente importante para la banca porque una expansión rápida del crédito puede convertirse en un problema si posteriormente aumenta la cantidad de préstamos que los clientes no pueden pagar.
Hasta junio, ese escenario no se estaba produciendo de manera generalizada en Uruguay.
Un sistema que presta más, pero con cautela
La evolución del crédito muestra que existe demanda de financiamiento, especialmente en sectores productivos.
La construcción, con un aumento real del 11%, y el agro, con un crecimiento de 10,8% en dólares, aparecen entre los segmentos más dinámicos. También se observa una recuperación del financiamiento vinculado al consumo y los automóviles.
Esto puede interpretarse como una señal de que empresas y hogares continúan utilizando el sistema financiero para financiar actividad económica, consumo e inversión.
Pero el crecimiento moderado del volumen total también revela cautela. Los bancos siguen evaluando el riesgo de cada operación y los clientes continúan enfrentando un escenario en el que las condiciones de financiamiento dependen de las tasas, los ingresos y las perspectivas económicas.
El contexto monetario puede cambiar el segundo semestre
El comportamiento de la banca durante los próximos meses estará condicionado por la política monetaria.
El BCU indicó en su informe correspondiente al segundo trimestre que las tasas estaban descendiendo y que esa reducción comenzaba a transmitirse al sistema financiero.
Si esa tendencia continúa, podrían producirse dos efectos simultáneos.
Por un lado, un crédito más barato puede estimular el consumo, la inversión empresarial, la construcción y la compra de viviendas y vehículos.
Por otro, menores tasas pueden reducir el rendimiento obtenido por los bancos sobre determinadas operaciones y ejercer presión sobre sus márgenes.
La capacidad de la banca para mantener resultados elevados dependerá entonces de su capacidad de aumentar el volumen de negocios, controlar costos, conservar una morosidad baja y encontrar nuevos segmentos de financiamiento.
Antes, ahora y después: qué está cambiando en la banca uruguaya
Antes de esta etapa, el sistema bancario uruguayo atravesó un período de resultados extraordinarios, particularmente en 2024. Posteriormente, 2025 mostró una moderación de la rentabilidad, influida por el comportamiento cambiario y por la reducción de los márgenes.
Ahora, durante el primer semestre de 2026, aparece una fotografía diferente: US$ 79.865 millones de volumen de negocios, US$ 671 millones de resultado operativo, depósitos creciendo, crédito expandiéndose y morosidad estable en 1,7%.
Después, el desafío será determinar si este crecimiento moderado puede mantenerse en un contexto de tasas más bajas y una economía que necesita aumentar la inversión y la productividad.
Para las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, la disponibilidad de crédito puede ser determinante para financiar capital de trabajo, maquinaria, construcción y expansión. Para las familias, las condiciones de financiamiento pueden definir decisiones importantes como comprar una vivienda, un automóvil o acceder a crédito de consumo.
Para el Estado y el Banco Central del Uruguay, el equilibrio será más delicado: estimular la actividad mediante condiciones financieras adecuadas sin generar un crecimiento excesivo del endeudamiento ni deteriorar la calidad de las carteras.
El primer semestre deja, en ese sentido, una señal relativamente clara: el sistema bancario uruguayo continúa sólido y rentable, pero está entrando en una fase diferente a la del extraordinario ciclo de 2024. El crecimiento del crédito y los depósitos indica que la intermediación financiera conserva dinamismo, mientras la morosidad todavía no muestra señales de deterioro significativo.
La segunda mitad de 2026 será la prueba decisiva. Si las tasas descendentes consiguen impulsar la demanda de crédito sin provocar un aumento significativo de la morosidad, la banca podría convertirse en uno de los canales importantes para sostener la inversión y el crecimiento económico de Uruguay. Si, en cambio, la reducción de márgenes supera el crecimiento del volumen de negocios, el sistema tendrá que adaptarse a una etapa de menor rentabilidad, pero potencialmente mayor actividad crediticia.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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