
Venezuela enfrenta una de las mayores catástrofes de su historia moderna. Doce días después de los devastadores terremotos del 24 de junio, el país continúa recuperando cuerpos entre los escombros mientras miles de familias esperan noticias de sus seres queridos. El balance oficial asciende a 3.342 fallecidos, 16.470 heridos y 17.345 personas que perdieron sus hogares, aunque las autoridades reconocen que la cifra podría seguir aumentando debido a que aún existen miles de personas desaparecidas.
La situación es especialmente dramática en el estado de La Guaira y en varios sectores de Caracas, donde edificios completos colapsaron y continúan las labores de búsqueda. Equipos de rescate nacionales e internacionales trabajan junto a cientos de voluntarios conocidos como «topos» o «moles», civiles que ingresan a estructuras inestables para intentar localizar sobrevivientes o recuperar cuerpos, arriesgando diariamente sus propias vidas.
Miles de familias aún no saben dónde están sus seres queridos
Aunque la cifra oficial de fallecidos supera los tres mil, organismos humanitarios y plataformas de personas desaparecidas indican que decenas de miles de personas continúan sin ser localizadas, por lo que el número definitivo de víctimas podría tardar semanas o incluso meses en conocerse. Las tareas de identificación también avanzan lentamente debido al estado de muchos cuerpos y a la enorme cantidad de escombros que aún cubren las zonas afectadas.

La segunda emergencia: evitar una crisis sanitaria
Después del terremoto comienza otra batalla: proteger la salud de los sobrevivientes.
Contrario a una creencia muy extendida, los cadáveres de personas fallecidas por un terremoto normalmente no generan epidemias masivas. El verdadero peligro aparece cuando colapsan los servicios básicos y miles de personas deben vivir en refugios improvisados.
Las autoridades sanitarias y organismos internacionales advierten sobre el riesgo de incremento de:
- Diarreas e infecciones intestinales por consumo de agua contaminada.
- Hepatitis A.
- Leptospirosis, transmitida por agua contaminada con orina de roedores.
- Dengue y malaria, favorecidos por la acumulación de agua estancada.
- Infecciones respiratorias debido al hacinamiento.
- Infecciones en heridas abiertas por falta de atención médica.
- Tétanos, especialmente entre quienes participaron en rescates o sufrieron lesiones.
El mayor enemigo no son los cuerpos, sino la falta de agua potable, alimentos seguros, saneamiento e higiene.
¿Cómo puede protegerse la población?
Mientras continúan las labores de emergencia, los especialistas recomiendan adoptar medidas sencillas que pueden salvar vidas:
- Hervir el agua durante al menos cinco minutos antes de beberla si existe cualquier duda sobre su calidad.
- Lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón, especialmente antes de preparar alimentos y después de utilizar sanitarios.
- No consumir alimentos en descomposición ni productos cuya cadena de frío haya sido interrumpida.
- Cubrir todas las heridas, incluso las pequeñas, para evitar infecciones.
- Eliminar recipientes con agua estancada, donde se reproducen los mosquitos transmisores del dengue.
- Utilizar mascarillas cuando exista gran cantidad de polvo producido por los edificios colapsados.
- Mantener separados los residuos sólidos y depositarlos en los lugares habilitados por las autoridades.
La prevención durante las próximas semanas será tan importante como las operaciones de rescate.

Los niños: las víctimas más vulnerables
Uno de los aspectos que más preocupa a UNICEF y a las organizaciones humanitarias es la situación de la infancia.
Se estima que 3,9 millones de niños viven en las zonas afectadas por los terremotos, y miles han perdido sus hogares, escuelas o familiares cercanos. Muchos menores quedaron separados de sus padres durante el caos de la evacuación y otros han quedado huérfanos tras el colapso de edificios.

¿Qué ocurrirá con los niños que quedaron huérfanos?
Los especialistas en protección infantil explican que los niños no son enviados automáticamente a orfanatos.
El procedimiento habitual consiste en:
- Buscar primero a familiares cercanos, como abuelos, tíos o hermanos mayores.
- Si no existen familiares, el Estado y los tribunales de protección infantil asumen la tutela temporal.
- Organismos como UNICEF y otras agencias colaboran para brindar atención médica, apoyo psicológico, alimentación y espacios seguros.
- Solo cuando no es posible encontrar familiares o cuidadores adecuados se evalúan otras alternativas de protección.
El objetivo internacional es que ningún niño permanezca solo ni sea víctima de trata, explotación o abandono, riesgos que aumentan después de grandes desastres.
Los rescatistas también comienzan a pagar el costo de la tragedia
Miles de bomberos, médicos, militares y voluntarios trabajan prácticamente sin descanso desde el día del terremoto.
Hasta el momento no existen informes oficiales que indiquen un brote de enfermedades causado por el contacto con cadáveres. Sin embargo, sí se reportan numerosos casos de:
- agotamiento físico extremo;
- deshidratación;
- golpes de calor;
- cortes e infecciones menores;
- estrés psicológico y trauma emocional.
Muchos rescatistas han pasado jornadas completas removiendo escombros con herramientas manuales cuando la maquinaria pesada no puede acceder a determinadas zonas.
Una reconstrucción que podría tardar años
Además del drama humano, Venezuela enfrenta una enorme crisis de infraestructura. Decenas de miles de edificaciones resultaron destruidas o gravemente dañadas, millones de toneladas de escombros permanecen sin retirar y miles de familias siguen viviendo en refugios temporales. Expertos advierten que la recuperación completa podría extenderse durante varios años.
La solidaridad se convierte en la mayor esperanza
En medio de la devastación, miles de ciudadanos continúan organizando cadenas de ayuda para distribuir alimentos, agua, medicinas y ropa a las familias afectadas. Equipos internacionales permanecen colaborando con las autoridades venezolanas mientras cientos de voluntarios siguen buscando sobrevivientes entre los edificios derrumbados.
Cada cuerpo recuperado representa una familia que obtiene respuestas. Cada sobreviviente encontrado mantiene viva la esperanza de un país que aún lucha por levantarse de una de las peores tragedias de su historia reciente.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
- ★¿Podría el próximo gran terremoto ocurrir en otra parte de Sudamérica? Los científicos vigilan fallas activas que atraviesan Brasil y países vecinos
- ★¿Por qué ocurrió el devastador terremoto de Venezuela? El colapso de una falla geológica que acumuló tensión durante siglos mantiene en alerta a Sudamérica
- ★Venezuela vive una tragedia sin precedentes: los muertos superan los 3.300 y una segunda crisis amenaza a los sobrevivientes
- ★La integración del MERCOSUR sigue detenida en las fronteras: largas filas, trámites duplicados y falta de infraestructura elevan los costos del comercio regional
- ★El próximo desafío del MERCOSUR ya no es el comercio: la integración educativa y el reconocimiento automático de títulos ganan protagonismo

