
El doble terremoto que devastó el norte de Venezuela el pasado 24 de junio de 2026 no fue un fenómeno aislado ni imprevisible desde el punto de vista geológico. Los especialistas coinciden en que el desastre fue consecuencia de la ruptura repentina de una de las principales fallas tectónicas del norte venezolano, ubicada en el límite entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, dos enormes bloques de la corteza terrestre que permanecen en movimiento permanente.
Los estudios preliminares del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), del Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ) y de la Agencia Espacial Europea (ESA) indican que se produjo un fenómeno poco frecuente denominado «doblete sísmico» (Seismic Doublet): primero ocurrió un terremoto de magnitud 7,2 y apenas 39 segundos después otro de 7,5, cuando la primera ruptura transfirió enormes esfuerzos tectónicos hacia un segmento vecino de la misma zona de fallas, desencadenando un segundo sismo aún más destructivo.
¿Qué falla geológica colapsó?
Los análisis científicos apuntan principalmente al Sistema de Fallas de San Sebastián, una de las estructuras tectónicas más activas de Venezuela, integrada dentro del complejo límite entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana.
Estas placas se desplazan lateralmente una junto a la otra a una velocidad aproximada de 1,8 centímetros por año. Aunque ese movimiento parece insignificante, durante décadas o siglos la energía queda acumulada porque las rocas permanecen «trabadas». Cuando la resistencia de la roca ya no soporta esa tensión, ocurre una ruptura súbita que libera una enorme cantidad de energía en pocos segundos, originando un gran terremoto.
¿Qué ocurrió exactamente bajo tierra?
Los geólogos explican la secuencia de la siguiente manera:
- Primera ruptura: magnitud 7,2.
- Transferencia inmediata de esfuerzos hacia un segmento vecino.
- Segunda ruptura: magnitud 7,5 apenas 39 segundos después.
- Más de 190 réplicas registradas durante los días siguientes.
- Continúa la liberación gradual de energía mediante sismos menores.
Este tipo de fenómeno es extremadamente raro y solo se ha documentado en unos pocos terremotos importantes del mundo, como el ocurrido entre Turquía y Siria en 2023.
¿Hubo señales antes del terremoto?
Desde el punto de vista científico, no existe actualmente un método capaz de predecir con precisión el día y la hora de un gran terremoto.
Sin embargo, los investigadores continúan estudiando algunos posibles indicadores previos que en ocasiones aparecen antes de grandes sismos:
- pequeños enjambres sísmicos;
- deformaciones milimétricas del terreno detectadas mediante GPS;
- cambios muy leves en la ionosfera;
- variaciones en emisiones de gas radón;
- modificaciones del nivel de aguas subterráneas.
Ninguno de estos fenómenos permite anunciar con certeza que ocurrirá un terremoto, y muchos aparecen también sin que posteriormente se produzca un gran sismo. Por ello, actualmente solo tienen valor de investigación y no de predicción operacional.
¿Qué anomalías detectaron los satélites después del terremoto?
Los satélites Sentinel-1 del programa europeo Copernicus compararon imágenes tomadas antes y después del terremoto utilizando radar interferométrico (InSAR).
Los resultados muestran:
- desplazamientos del terreno de hasta 30 centímetros;
- deformación de una extensa franja del norte venezolano;
- cambios visibles en la corteza terrestre alrededor del sistema de fallas;
- información que permitirá redefinir los mapas de riesgo sísmico del país.
¿Qué países sintieron el terremoto?
La energía liberada fue tan intensa que las ondas sísmicas atravesaron buena parte del norte de Sudamérica y del Caribe.
Los temblores fueron percibidos en:
- Venezuela (máxima intensidad).
- Colombia.
- Brasil, especialmente en los estados del norte.
- Trinidad y Tobago.
- Aruba.
- Curazao.
- Bonaire.
- Otras islas del Caribe oriental.
¿Hubo terremotos en otros países antes o después?
Durante las horas cercanas al evento ocurrieron otros sismos importantes en distintas regiones del planeta, como uno frente a Japón y otro en el norte de California. En redes sociales surgieron teorías que afirmaban que todos estaban relacionados.
Los especialistas descartan esa hipótesis.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) explica que no existe evidencia científica de que esos terremotos hayan desencadenado el ocurrido en Venezuela. Se produjeron en placas tectónicas completamente diferentes y su coincidencia temporal fue considerada casual.
¿Podría repetirse un terremoto similar?
Los científicos responden que sí, aunque no es posible saber cuándo.
Venezuela se encuentra sobre varias fallas activas y aproximadamente el 80 % de la población vive en regiones con amenaza sísmica significativa. La acumulación de esfuerzos tectónicos continuará mientras las placas sigan desplazándose.
¿Cómo reducir el riesgo en el futuro?
Los expertos consideran prioritarias varias medidas:
- actualizar los mapas nacionales de riesgo sísmico;
- reforzar hospitales, escuelas, puentes y edificios públicos;
- inspeccionar construcciones antiguas que no cumplen normas antisísmicas;
- ampliar la red nacional de estaciones sismológicas y GPS;
- mejorar los sistemas de alerta y comunicación de emergencias;
- realizar simulacros periódicos en escuelas, empresas y comunidades;
- educar a la población sobre cómo actuar antes, durante y después de un terremoto.
La principal lección científica
El terremoto de Venezuela demuestra que los grandes desastres naturales no ocurren por un único factor, sino por la combinación de una fuerte liberación de energía tectónica, un sismo superficial, la proximidad a zonas densamente pobladas y la vulnerabilidad de muchas construcciones.
Para los geólogos, el desafío ahora no consiste únicamente en comprender por qué ocurrió este terremoto, sino en utilizar toda la información obtenida —mediciones satelitales, registros sísmicos y análisis geológicos— para mejorar la prevención y reducir el impacto de futuros eventos, ya que la actividad de las placas tectónicas en el norte de Venezuela continuará siendo una realidad permanente.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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