
Este lunes 29 de junio de 2026, el mundo del fútbol se detendrá cuando la selección paraguaya se enfrente a la potente Alemania en los dieciseisavos de final del Mundial. El escenario será el mítico Gillette Stadium de Boston, Estados Unidos, donde la «Albirroja» buscará escribir una página gloriosa en su historia, intentando dar el golpe ante un seleccionado alemán que llega como favorito, pero con la presión a cuestas tras su inesperada derrota ante Ecuador en la fase de grupos.
Más allá del marcador que veremos sobre el césped, este cruce nos invita a reflexionar sobre una relación de larga data que une a ambos países, una historia que trasciende las fronteras del deporte.
Un lazo forjado en el tiempo
La amistad entre Paraguay y Alemania no es producto del azar; tiene raíces profundas que se remontan al siglo XIX. El 24 de agosto de 1881, bajo la presidencia de Bernardino Caballero, se fundó San Bernardino, un hito fundamental en nuestra historia. Aquel día, las primeras familias alemanas, junto con inmigrantes suizos, se establecieron a orillas del lago Ypacaraí, transformando una zona de vegetación exuberante en lo que hoy conocemos como la «capital del verano» de Paraguay.
Aquel fue solo el inicio. Con el paso de las décadas, la influencia alemana se extendió por todo el territorio, desde las colonias en el departamento de Itapúa, como Hohenau, hasta la vida urbana de Asunción.
Cultura y legado en suelo guaraní
El legado alemán en Paraguay es vibrante y cotidiano. Se refleja en el prestigio de instituciones educativas como diferentes instituciones educativas alemanas, que ha formado generaciones de paraguayos, fusionando la disciplina y el rigor pedagógico germano con la calidez de nuestro país.
Asimismo, la vida social se ha visto enriquecida por centros como el Club Alemán de Asunción, un espacio que durante más de un siglo ha sido punto de encuentro para el intercambio cultural, la práctica deportiva y la preservación de tradiciones. Y cómo no mencionar la gastronomía y la alegría: de norte a sur, las fiestas de la cerveza (como la emblemática Choppfest en Obligado) se han vuelto un fenómeno cultural. Estas celebraciones, que combinan el aroma de las salchichas artesanales, la música folclórica bávara y la calidez de nuestra gente, demuestran cómo la cultura germana se ha integrado armoniosamente a nuestra identidad paraguaya.
Un historial por escribir
Paraguay y Alemania se han enfrentado una sola vez en la historia de los Mundiales, en los octavos de final de Corea-Japón 2002. El partido terminó con una victoria por la mínima (1-0) para los alemanes, gracias a un agónico gol de Oliver Neuville en el minuto 88.
Este lunes, cuando ruede el balón en Boston, no solo se jugarán 90 minutos de fútbol; veremos el encuentro de dos naciones que, pese a la distancia geográfica, comparten una historia entrelazada por décadas de convivencia, trabajo y cultura. Que gane el mejor, pero que la verdadera ganadora sea la histórica amistad entre paraguayos y alemanes.
Un legado que vive en cada apellido
Más allá del resultado que depare el partido del lunes, el encuentro entre Paraguay y Alemania tiene un significado íntimo para muchos de nosotros. Al mirar hacia atrás, hacia 1923, cuando los Streich llegaron a las Colonias Unidas en Itapúa, uno comprende que la relación entre ambas naciones no se escribe solo en los libros de historia o en los estadios de fútbol. Se escribe en la mesa familiar, en los apellidos que han echado raíces profundas en nuestra tierra roja.
Hoy, aunque el paso del tiempo y la integración con antecesores catalanes, italianos y latinoamericanos hayan transformado nuestra herencia, el apellido Streich sigue siendo una marca distintiva de esa cultura teutona que, lejos de cerrarse en sí misma, decidió abrazar el Paraguay para siempre. Somos el resultado de ese mestizaje cultural, una combinación única de disciplina, historia y el calor inconfundible de nuestra tierra.
Este lunes, cuando el pitido inicial marque el inicio del encuentro, en muchos hogares paraguayos se vivirá el partido con el corazón dividido. Será un momento para celebrar, por encima de cualquier marcador, esa trayectoria compartida que nos une, que nos define y que, a través de historias como la de los Streich, demuestra que, en Paraguay, la herencia es siempre un puente hacia el futuro.
Por Wolfgang A. Streich
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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