
Hay victorias que se saborean el doble porque llevan impregnado el ADN histórico de un pueblo. En una jornada épica y de muchísimo sufrimiento, la Selección Paraguaya de Fútbol revivió en la Copa del Mundo 2026 tras derrotar por 1-0 a Turquía en la segunda fecha del Grupo D. Con una entrega descomunal, defendiendo con los dientes el resultado durante todo el segundo tiempo con un jugador menos, la Albirroja sumó sus primeros tres puntos y mantiene intacta la ilusión de clasificar a la siguiente fase.
El planteamiento de Paraguay fue agresivo desde el pitazo inicial, saliendo a presionar bien arriba y a morder en cada sector de la cancha. La recompensa a esa intensidad no tardó absolutamente nada en llegar, desatando la locura total de los aficionados cuando apenas se acomodaban en sus asientos.
El gol de la redención: Galarza madruga a los turcos
No se había cumplido el primer minuto y medio de juego —apenas corrían 64 segundos— cuando la Albirroja asfixió la salida del seleccionado turco. La incesante presión paraguaya forzó un error y un mal despeje en la zaga rival. Tras un desvío en el que estuvo involucrado Diego Gómez, el volante Andrés Cubas se mostró sumamente atento al rebote y recuperó el balón en tres cuartos de cancha.
Sin perder un segundo, Cubas asistió a Julio Enciso, quien con mucha categoría pivotó la pelota para la llegada de Matías Galarza. El mediocampista, que había estado en el ojo de la tormenta y de quien más se había hablado durante la semana en los debates deportivos, no dudó. Desenvainó un soberbio e implacable zurdazo desde fuera del área grande. El esférico viajó con potencia y precisión, colándose en la portería rozando el poste izquierdo del guardameta Uğurcan Çakır. Era el 1-0 tempranero que encendía la esperanza nacional.
A partir de ahí, el encuentro se tornó de ida y vuelta. Turquía avisó seriamente a los 34 minutos con un cabezazo de Mert Müldür que se estrelló espectacularmente contra el travesaño. Paraguay respondió de inmediato mediante un letal contragolpe conducido por Galarza, que terminó en un remate de Juan Cáceres bien bloqueado por el arquero turco. La Albirroja mostraba los dientes y parecía dominar el escenario, hasta que llegó el balde de agua fría antes del descanso.
La polémica: La insólita expulsión de Almirón por la «nueva regla»
Justo cuando expiraba el primer tiempo y los equipos se preparaban para ir a los vestuarios, se desató el drama. El árbitro salvadoreño Iván Barton fue llamado por los encargados del VAR para una revisión en el monitor.
La repetición expuso a Miguel Almirón hablando y reclamando algo mientras se tapaba la boca. Con la estricta aplicación de la nueva normativa de la FIFA respecto al comportamiento y el respeto hacia las autoridades en el campo de juego, el juez central regresó a la cancha y le mostró la tarjeta roja directa al atacante paraguayo.
Una expulsión insólita y sumamente rigurosa que castigó de nuevo a Paraguay con la letra chica del reglamento, evocando viejos fantasmas mundialistas. Almirón, que venía realizando un desgaste físico tremendo presionando a los defensores turcos y siendo la llave para los contragolpes, dejaba al equipo diezmado con todo el segundo tiempo por delante.
Resistencia heroica y una celebración con alma
La segunda mitad fue un monumento a la mítica garra guaraní. Con 10 jugadores, los dirigidos por el cuerpo técnico albirrojo redoblaron los esfuerzos físicos, multiplicándose en la marca para cubrir los espacios. A pesar de la inferioridad numérica, Paraguay no renunció a atacar y Julio Enciso estuvo cerca de ampliar la ventaja a los 59 minutos tras una brillante acción individual que pasó rozando el palo izquierdo.
Los minutos finales fueron no aptos para cardíacos. Turquía se volcó con todo al ataque buscando el empate, pero se topó con una muralla defensiva y la enorme figura del arquero paraguayo Orlando Gill, quien en el minuto 88 salvó de manera providencial un peligroso desborde que acechaba su valla. Todavía en el sexto minuto de adición, un potente cabezazo de Merih Demiral pasó a centímetros de la portería paraguaya, paralizando los corazones de todo el país.
Con el pitazo final, el desahogo fue total. Los futbolistas se fundieron en abrazos en el campo de juego, conscientes de la hazaña de haber aguantado el resultado con el corazón. En Asunción y cada rincón del territorio nacional, la afición copó las calles con banderas y bocinazos para celebrar una victoria que devuelve la dignidad y la ilusión.
Paraguay sumó tres puntos de oro y la ilusión de clasificar a los octavos de final está más viva que nunca. La gran batalla final por el boleto a la siguiente fase será el próximo jueves a las 23:00 frente a Australia, en el Levi‘s Stadium. Con la sensible baja de Almirón, pero con el alma recargada, la Albirroja promete volver a dejar la vida en la cancha.
Carnaval de Invierno en Paraguay
Pasadas las 2:00 de la madrugada y Paraguay no dormía y muchos celebraron hasta el amanecer en todo el país. En pleno mes de junio, con una ola de frío polar que hace temblar hasta las piedras y el termómetro rozando sensaciones térmicas congelantes que invitan a quedarse bajo cuatro mantas, el pueblo paraguayo demostró que cuando juega la Albirroja, el pecho nunca está frío.
Ni el viento helado del sur pudo frenar la marea humana que tomó las calles. Desde el microcentro de Asunción, pasando por la Costanera, hasta los puntos neurálgicos de Ciudad del Este, Encarnación y Coronel Oviedo, las banderas tricolores se agitan con una fuerza que desafía cualquier pronóstico meteorológico. Los bocinazos forman una sinfonía ensordecedora, el humo de los asados improvisados para calentar el cuerpo se mezcla con la neblina de la noche, y el calor de los abrazos entre desconocidos terminó por derretir la helada.
«¡Qué frío ni qué frío, hermano! ¡Ganó la Albirroja con diez hombres y esto se festeja de verdad!», gritaba un hincha envuelto en una colcha y con la camiseta puesta encima, mientras saltaba al ritmo de los cánticos frente al Panteón de los Héroes.
Las estaciones de servicio se convirtieron en auténticos estadios comunales donde el tradicional cocido caliente o un buen refugio grupal sirven de combustible para estirar la fiesta. Los paraguayos necesitaban este desahogo. Ver a esos diez leones aguantar los embates de Turquía con el alma encendió un fuego sagrado en la gente.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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