
El Hospital Universitario Vall d’Hebron, en Barcelona, ha realizado la primera cirugía pediátrica de Europa con un robot quirúrgico monopuerto, capaz de introducir la cámara y todo el instrumental mediante una sola incisión. El paciente fue un niño de 12 años al que se le extirparon un riñón y el uréter después de que una grave infección, provocada por numerosos cálculos, dejara ambos órganos sin función.
La intervención fue dirigida por el equipo de Urología Pediátrica y Trasplante Renal, encabezado por el doctor Marino Asensio, con la participación de la cirujana Glòria Royo y profesionales de Anestesiología, Enfermería y cirugía pediátrica. El robot no tomó ninguna decisión por su cuenta: obedeció, con una precisión milimétrica, los movimientos ejecutados por los médicos desde una consola. De momento, el cirujano continúa siendo el cerebro. La máquina es una mano extraordinariamente flexible, no un doctor metálico con criterio clínico.
Una operación pionera realizada en Barcelona
La operación consistió en una ureteronefrectomía, el nombre médico que recibe la extracción conjunta de un riñón y su uréter, el conducto por el que la orina desciende hasta la vejiga. En el niño intervenido, una infección relacionada con múltiples piedras había dañado de manera irreversible esas estructuras. Algunos cálculos superaban los tres centímetros, aproximadamente el tamaño de una cereza generosa, de las que pesan en la mano.
Cuando un riñón ha perdido por completo su función, mantiene infecciones o representa un riesgo para el resto del organismo, conservarlo puede resultar más perjudicial que retirarlo. No se extirpó un órgano sano ni se recurrió al robot por capricho tecnológico. La cirugía respondía a una necesidad clínica concreta y especialmente delicada por tratarse de un paciente infantil.
La novedad estuvo en la vía de entrada. Los sistemas de cirugía robótica convencionales suelen utilizar varios brazos y necesitan distintas incisiones abdominales para colocar la cámara, las pinzas y los demás instrumentos. El nuevo equipo realizó el procedimiento mediante una abertura de alrededor de 2,5 centímetros. Una pequeña puerta para una operación de gran envergadura.
Cómo trabaja el robot SHURUI Single Port
El dispositivo empleado es el SHURUI Single Port, conocido como SHURUI SP, desarrollado por la empresa china Surgerii Robotics. Vall d’Hebron ha sido escogido como centro de introducción de esta tecnología médica en Europa, donde el sistema dispone de marcado CE y autorización para procedimientos en adultos y pacientes pediátricos.
Su aspecto y funcionamiento se alejan bastante del robot humanoide que suele aparecer en el cine. No camina por el quirófano, no conversa con el anestesista ni contempla una radiografía mientras se acaricia una barbilla de titanio. El equipo posee un único brazo exterior, conectado a una cánula por la que acceden al cuerpo la cámara y los instrumentos articulados.
Un pulpo diminuto dentro del abdomen
Una vez atravesada la incisión, los instrumentos se despliegan y trabajan de manera independiente, casi como los tentáculos de un pulpo microscópico. Su curvatura continua permite rodear tejidos, cambiar de ángulo y alcanzar zonas estrechas donde una herramienta rígida tendría serias dificultades.
La cámara ofrece una visión tridimensional y puede mostrar el campo quirúrgico con hasta diez aumentos. El cirujano, sentado ante una consola, controla los movimientos con las manos. El sistema los reproduce dentro del paciente a una escala muy precisa, filtra el temblor involuntario y facilita giros que la muñeca humana no puede ejecutar físicamente.
No hay autonomía en este proceso. Si el médico detiene las manos, el robot se detiene. Tampoco decide dónde cortar, qué tejido preservar o cómo reaccionar ante una hemorragia. Es cirugía asistida por robot, una diferencia semántica que parece menor, pero separa la medicina real de una película de ciencia ficción con presupuesto generoso.
Quién estuvo detrás del hito médico
El procedimiento fue llevado a cabo por un equipo multidisciplinar de Vall d’Hebron, con la sección de Urología Pediátrica y Trasplante Renal liderada por Marino Asensio. La doctora Glòria Royo, cirujana responsable del paciente, participó en una intervención que también necesitó el trabajo coordinado de anestesistas, enfermeras y personal técnico.
La palabra robot puede eclipsar a quienes rodean la mesa de operaciones. Ocurre con frecuencia: se fotografía la máquina y las personas quedan al fondo, medio desenfocadas. Sin embargo, una cirugía de esta complejidad depende de la experiencia previa del equipo, la selección adecuada del paciente, la planificación, el control anestésico, la esterilización, la respuesta ante cualquier complicación y el seguimiento posterior.
Vall d’Hebron no se estrenaba precisamente esa mañana en este terreno. El centro comenzó su programa de cirugía robótica pediátrica hace más de quince años y ha superado las 200 intervenciones urológicas infantiles asistidas por robot. Esa trayectoria explica que el hospital haya sido elegido como puerta europea para el SHURUI SP. Comprar una tecnología avanzada es relativamente sencillo; convertirla en medicina segura exige años de oficio, protocolos y entrenamiento. Ahí está lo difícil.
El impacto real de operar mediante una sola incisión
Reducir varias entradas quirúrgicas a una sola puede traducirse en menos lesiones de la pared abdominal, menor dolor posoperatorio y un resultado estético más discreto. En niños, que todavía tienen décadas de vida por delante, una cicatriz menor no es una frivolidad. Tampoco lo es abandonar antes la cama hospitalaria, necesitar menos analgésicos o regresar con mayor rapidez al colegio y a la vida cotidiana.
No significa que todas las operaciones sean automáticamente mejores por utilizar un puerto único. La complejidad interna continúa existiendo, aunque desde fuera solo se observe una herida pequeña. El paciente sigue necesitando anestesia general, vigilancia y un equipo preparado para transformar la intervención o recurrir a otras incisiones si la seguridad lo exige. La cirugía mínimamente invasiva no es cirugía insignificante.
A corto plazo, la tecnología puede aliviar el posoperatorio y facilitar una recuperación más rápida en pacientes seleccionados. También permite que el cirujano trabaje con mayor precisión en cavidades pequeñas, una ventaja evidente en pediatría, donde unos pocos milímetros separan a menudo un movimiento impecable de un problema serio.
A medio plazo, Vall d’Hebron espera ampliar el uso del sistema a Cirugía Pediátrica, Urología, Cirugía General y Digestiva, incluidos procedimientos colorrectales y hepatobiliopancreáticos complejos. El hospital calcula que el nuevo robot permitirá realizar entre 200 y 300 intervenciones robóticas adicionales cada año, sumadas a las cerca de mil que ya practica.
El impacto económico será más difícil de medir. Los robots cuestan dinero, exigen mantenimiento, instrumental específico y profesionales formados. La cuenta puede equilibrarse cuando disminuyen los días de ingreso, las complicaciones y el consumo de analgésicos, pero no existe una aritmética universal. Depende de cuántas operaciones se realicen, qué patologías se traten y si la ventaja clínica frente a la laparoscopia convencional resulta significativa.
A largo plazo, el avance podría transformar la planificación quirúrgica. El programa tecnológico en el que se integra el SHURUI SP contempla su combinación con gemelos digitales, reproducciones virtuales de los órganos de cada paciente. Antes de entrar al quirófano, el equipo podría ensayar la operación sobre una réplica informática, anticipar dificultades y consultar información superpuesta mediante realidad aumentada. Algo parecido a conducir con un mapa tridimensional del interior del cuerpo, aunque aquí salirse de la ruta no admite una simple vuelta en la siguiente rotonda.
¿Tendremos robots cirujanos como en las películas?
La respuesta más honesta es doble: en parte sí, pero no como suele imaginarlo el cine. Los robots quirúrgicos serán más hábiles, incorporarán inteligencia artificial, reconocerán estructuras anatómicas y automatizarán acciones concretas. Podrán mantener enfocada una cámara, señalar un vaso sanguíneo, recomendar una trayectoria, realizar una sutura repetitiva o advertir de que un instrumento se acerca demasiado a una zona peligrosa.
La autonomía completa está mucho más lejos. Los experimentos más avanzados han logrado que sistemas entrenados con inteligencia artificial ejecuten partes complejas de una operación sobre órganos animales fuera de un paciente vivo. Es un salto científico importante, pero entre trabajar sobre tejido experimental y operar a una persona que respira, sangra y puede reaccionar de manera imprevista hay un abismo lleno de cuestiones técnicas, legales y éticas. Buena parte de esas pruebas siguen limitadas a modelos ex vivo.
El escenario razonable no es un quirófano vacío presidido por una máquina, sino una colaboración entre cirujanos y sistemas inteligentes. El robot asumirá tareas de enorme precisión; el profesional conservará el juicio clínico, la responsabilidad y la capacidad de improvisar cuando la anatomía no se parezca al manual. La medicina necesita datos, sí, pero también interpretar silencios, elegir entre riesgos y explicar a una familia qué está ocurriendo.
El futuro quirúrgico cabe en una herida muy pequeña
La operación de Vall d’Hebron no inaugura la era de los médicos robóticos autónomos, pero sí marca una frontera relevante: una intervención abdominal compleja en un niño realizada mediante una sola incisión y con instrumentos capaces de moverse dentro del cuerpo con una flexibilidad extraordinaria.
El verdadero hito no consiste en que un robot haya sustituido a una persona. Ha ocurrido justo lo contrario. La tecnología ha ampliado las manos de un equipo humano y ha permitido realizar una cirugía delicada dejando una huella física menor en el paciente. El futuro, al menos por ahora, no viste bata ni tiene rostro de metal. Está sentado ante una consola, con un cirujano al mando.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/primera-cirugia-pediatrica-robot-quirurgico/
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