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Una disputa ambiental y comercial enfrenta a Brasil con sus socios del Mercosur en vísperas de la cumbre del 30 de junio, y revela las tensiones que genera la falta de coordinación regional en materia de políticas ambientales con impacto comercial. Argentina, representada por su embajador Fernando Brun, reiteró su reclamo referido al decreto ambiental firmado por el presidente Lula que impone metas de material reciclado a los envases plásticos a partir de 2026. La medida, adoptada por Lula y su ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, pocos días antes de la COP30 en la ciudad amazónica de Belém, ya había generado reparos de Uruguay, Argentina y Paraguay, que pidieron prórrogas y se quejaron por la afectación a sus exportadores en el rubro de los plásticos. Este conflicto ilustra cómo las decisiones ambientales unilaterales de un miembro del bloque pueden generar barreras comerciales que afectan a los demás socios.
El trasfondo de la disputa es la tensión entre los objetivos ambientales legítimos y sus efectos comerciales sobre los socios del bloque. El decreto brasileño que impone metas de material reciclado a los envases plásticos responde a una agenda ambiental que Brasil quiso exhibir ante la comunidad internacional en el marco de la COP30, la cumbre climática que el país amazónico albergó. Sin embargo, esa medida ambiental tiene un efecto comercial directo sobre los exportadores de productos envasados en plástico de Argentina, Uruguay y Paraguay, que deben adaptarse a las nuevas exigencias brasileñas para poder seguir vendiendo en el mercado del mayor socio del bloque. La tensión entre la legítima soberanía ambiental de Brasil y los intereses comerciales de sus socios es un dilema que el Mercosur no ha logrado resolver mediante mecanismos de coordinación regional.

El reclamo argentino sobre los envases plásticos forma parte de un intercambio de reproches comerciales que tensiona las relaciones internas del bloque. Argentina contestó a Brasil con la misma moneda al reiterar su reclamo sobre el decreto ambiental, en respuesta a las preocupaciones que Brasil había planteado sobre el acuerdo bilateral entre Argentina y Estados Unidos. Este intercambio de reclamos —Brasil preocupado por el acuerdo Argentina-EEUU, Argentina molesta por el decreto ambiental brasileño, Uruguay y Argentina enfrentados a Brasil por la investigación antidumping sobre la leche en polvo— configura un escenario de fricciones comerciales múltiples que se suma al antagonismo político entre Milei y Lula. El Mercosur de 2026 es un bloque atravesado por una red de disputas comerciales bilaterales que, aunque no amenazan su existencia, sí erosionan la confianza mutua y dificultan la construcción de consensos sobre los grandes temas de la agenda regional.
La dimensión ambiental de la disputa adquiere especial relevancia en el contexto del acuerdo con la Unión Europea, que incluye exigentes compromisos ambientales. El decreto de Lula sobre los envases plásticos, adoptado en el marco de la COP30, refleja la voluntad de Brasil de posicionarse como líder ambiental global, una posición que es coherente con los compromisos ambientales que el acuerdo con Europa exige al bloque. Sin embargo, la falta de coordinación con los socios del Mercosur antes de adoptar la medida generó las fricciones actuales. La paradoja es que el Mercosur necesita avanzar en su agenda ambiental para cumplir con los compromisos del acuerdo europeo, pero la falta de mecanismos de coordinación regional en esta materia hace que las iniciativas ambientales individuales de sus miembros se conviertan en fuentes de conflicto comercial interno.
La disputa de los envases plásticos, aunque técnica en apariencia, plantea un desafío de fondo para el futuro del bloque: la necesidad de coordinar las políticas ambientales con impacto comercial. Si el Mercosur aspira a cumplir con los exigentes estándares ambientales del acuerdo con Europa y a proyectarse como un bloque comprometido con la sostenibilidad, necesita desarrollar mecanismos de coordinación regional que eviten que las iniciativas ambientales de un miembro se conviertan en barreras comerciales para los demás. La cumbre del 30 de junio sería una oportunidad para abordar este desafío y para establecer un marco de coordinación ambiental que concilie los objetivos de sostenibilidad con la libre circulación de bienes dentro del bloque. Sin esa coordinación, las disputas como la de los envases plásticos seguirán repitiéndose, erosionando la cohesión de un bloque que necesita más unidad que nunca para aprovechar las oportunidades que el contexto global le ofrece.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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