En un mundo marcado por el resurgimiento del proteccionismo y la fragmentación del comercio global, el Mercosur se ha posicionado como un actor que defiende la apertura comercial basada en reglas, y el acuerdo con la Unión Europea es la expresión más elocuente de esa apuesta estratégica. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ha señalado que el acuerdo UE-Mercosur constituye un «apoyo al comercio internacional» en pleno proteccionismo, una caracterización que resume la dimensión geopolítica del tratado más allá de sus aspectos puramente comerciales. En un contexto en que las grandes potencias erigen barreras arancelarias y cuestionan los acuerdos multilaterales, el hecho de que dos bloques que representan cerca del 25% del PIB mundial cierren el mayor acuerdo de libre comercio de la historia envía un mensaje político de enorme significado sobre la viabilidad de la cooperación comercial basada en reglas.
El alcance del acuerdo confirma su carácter transformador para las economías de ambos bloques. El tratado comercial, una vez en vigor, abrirá las puertas para que múltiples sectores productivos puedan acceder a nuevos mercados. Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay verán ampliadas sus opciones de exportación, mientras que en la Unión Europea las industrias manufactureras y de servicios podrán explorar oportunidades de inversión y comercio en América del Sur. Esta ampliación de las opciones comerciales para ambas partes es la base de la interdependencia económica que el acuerdo busca profundizar, y que constituye el argumento más sólido a favor de su ratificación definitiva. A pesar de las diferencias manifestadas durante la negociación, la tendencia en ambas regiones se orienta hacia una mayor interdependencia económica y colaboración.
La dimensión electoral del acuerdo en Brasil añade una capa de complejidad a su significado político. El avance del tratado se lee también en clave electoral: Lula buscará la reelección en octubre de 2026, y el acuerdo aparece como un logro estratégico de su política exterior con fuerte impacto regional y proyección internacional. Para el presidente brasileño, el acuerdo con Europa es la culminación de una estrategia de política exterior que comenzó a construir en su primer mandato y que ahora produce sus frutos más maduros. El contraste con el presidente argentino Javier Milei es revelador: Milei celebra el acuerdo con la Unión Europea, pese a haber cuestionado al Mercosur meses atrás, y refuerza su alineamiento con Washington, mientras que Lula presenta el acuerdo como un triunfo de la integración regional y del multilateralismo. Ambos líderes capitalizan el mismo acuerdo desde perspectivas ideológicas opuestas.
Los obstáculos que el acuerdo enfrenta en Europa no han desaparecido, y siguen siendo un factor de incertidumbre sobre su ratificación definitiva. Del lado europeo, el camino está lejos de despejarse: Francia, Irlanda y Hungría votaron en contra del acuerdo, presionados por una fuerte reacción del sector agropecuario. La oposición de estos países, especialmente de Francia, sigue siendo el principal riesgo para la ratificación definitiva del tratado en el Parlamento Europeo. Sin embargo, la aplicación provisional del acuerdo desde el 1.° de mayo de 2026 ha permitido que sus beneficios comerciales comiencen a materializarse, lo que fortalece la posición de los defensores del tratado y debilita los argumentos de quienes lo cuestionan. La interdependencia económica que el acuerdo genera es, en sí misma, un factor que dificulta su eventual abandono.
El Mercosur de 2026 ha asumido, por tanto, un rol que trasciende ampliamente su dimensión económica: el de defensor de la apertura comercial basada en reglas en un mundo que se fragmenta. En un escenario internacional donde Estados Unidos usa los aranceles como arma política y donde el multilateralismo comercial está en retroceso, el Mercosur y la Unión Europea han demostrado que la cooperación comercial basada en reglas sigue siendo posible y beneficiosa. Esta apuesta estratégica por la apertura comercial, en pleno auge del proteccionismo global, es quizás el legado más significativo del momento que vive el bloque, y la cumbre del 30 de junio en Luque será una oportunidad para reafirmar esa visión ante el mundo. El Mercosur ha encontrado en la apertura comercial basada en reglas no solo una estrategia económica sino una identidad geopolítica que lo distingue en el convulso escenario internacional del siglo XXI.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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