
El mayor riesgo político que enfrenta el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea no está en la mesa de negociaciones de Brasilia, de Asunción o de Montevideo: está en los pasillos del Parlamento Europeo de Estrasburgo y en los despachos del Elíseo y del Ministerio de Agricultura de París, donde la oposición francesa al tratado sigue siendo tan firme e implacable como el día en que fue firmado en Asunción en enero. Francia ha vuelto a mostrarse crítica ante el propuesto acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. La ministra de Agricultura de Francia, Annie Genevard, afirmó categóricamente que su país no firmará un acuerdo que perjudique a sus agricultores. Esta declaración — publicada por MercoPress en su análisis semanal del estado de la ratificación del acuerdo — no es nueva en su contenido pero sí en su contexto: la confirmó en la semana del Seminario Mercosur-UE de Bruselas, que del 1 al 5 de junio reunió a representantes de ambos bloques, y en una semana en que las primeras cuotas de carne del acuerdo ya estaban siendo llenadas por Argentina en el sistema de «primero llegado, primero servido» que los agricultores europeos señalan como la prueba más concreta de que sus peores temores sobre el acuerdo están comenzando a materializarse.
La posición francesa tiene una base electoral que no puede ser ignorada por ningún gobierno que necesite el voto de las zonas rurales para sobrevivir en el poder. Francia tiene 490.000 agricultores activos, una industria agroalimentaria que representa el 20% de las exportaciones del país, y tradiciones agrícolas que son parte constitutiva de la identidad nacional francesa desde Napoleón. Cuando la ministra Genevard dice que Francia no firmará un acuerdo que perjudique a sus agricultores, no está hablando en abstracto: está describiendo una coalición política de varios millones de votantes que pueden hacer ganar o perder una elección legislativa o presidencial, y cuya movilización ante las primeras importaciones de carne argentina con arancel reducido puede crear una presión parlamentaria que el gobierno francés no tenga los recursos políticos para resistir. Esta dinámica electoral es la que hace que la oposición francesa al acuerdo sea tan persistente y tan difícil de desactivar con argumentos técnicos o macroeconómicos.
El bloque anti-Mercosur dentro del Consejo Europeo incluye a Francia, Polonia, Irlanda y Austria como sus miembros más activos. Aunque estos países no pueden detener unilateralmente la aplicación provisional del acuerdo — que la Comisión Europea activó el 1.° de mayo con el respaldo del Consejo —, sí tienen los votos necesarios para bloquear la ratificación definitiva del EMPA (el Acuerdo de Asociación que incluye los capítulos políticos y de cooperación del tratado) si logran construir una mayoría cualificada en el Parlamento Europeo. Para construir esa mayoría, necesitan que sus eurodiputados voten en bloque contra la ratificación cuando el Parlamento sea convocado a pronunciarse — lo que no ocurrirá antes de que el Tribunal de Justicia Europeo emita su opinión sobre la legalidad del acuerdo, en un plazo de entre 22 y 28 meses desde la solicitud de enero de 2026.
Los defensores del acuerdo en Europa están respondiendo a la ofensiva francesa con dos instrumentos. El primero es el económico: datos que muestran que el acuerdo con el Mercosur beneficia a los exportadores industriales europeos — automóviles, maquinaria, farmacéuticos, vinos de alta gama — de maneras que superan ampliamente los costos para los agricultores. El segundo es el geopolítico: el argumento de que en un mundo donde Trump impone aranceles y China domina minerales críticos, Europa no puede permitirse perder acceso preferencial al mayor productor de litio, niobio y alimentos del planeta por proteger a unos pocos miles de ganaderos franceses e irlandeses. Cuál de los dos argumentos prevalezca en el Parlamento Europeo determinará si el mayor acuerdo de la historia del Mercosur se convierte en un instrumento jurídico permanente o si queda suspendido en el limbo de la aplicación provisional indefinida.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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