
Una mañana de furia patriótica sacudió este viernes el microcentro de Ciudad del Este cuando gigantografías con mensajes profundamente ofensivos e imágenes humillantes hacia Paraguay aparecieron instaladas en plena zona primaria del Puente de la Amistad, encendiendo una ola de indignación que no tardó en traducirse en acción directa de la ciudadanía.
Las pantallas gigantes, ubicadas estratégicamente en la cabecera del Puente de la Amistad, exhibieron durante al menos dos horas una imagen del expresidente brasileño Jair Bolsonaro pisando y tirando por el piso a un jugador de la Selección Paraguaya de Fútbol. El jugador representado sería el futbolista paraguayo Gustavo Gómez, y la imagen iba acompañada de la frase «Paraguay derrotado». La empresa encargada del cartel tiene el nombre de Fast Print y se habla de un supuesto hackeo del sistema.
Los carteles, colocados en la franja de dominio del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) sobre la Ruta PY02, contenían leyendas en portugués como «Brasil mandó e hizo lo que quiso en la cancha y en la política», junto a frases como «En el fútbol, goleada», «En la economía, liderazgo» y «En la diplomacia, respeto». El material remataba con la frase «Aquí es Brasil, respeta», instalada paradójicamente en territorio paraguayo. Al pie del cartel podía leerse además: «El hexa es nuestro».
La reacción fue inmediata
Los carteles estuvieron visibles por aproximadamente dos horas, desde las 07:00 hasta las 09:00, antes de que una turba autoconvocada los derribara balanceando y a patadas. Como respuesta simbólica espontánea, ciudadanos colocaron posteriormente un mono vestido con la camiseta de la selección brasileña en las inmediaciones del lugar, imagen que se viralizó rápidamente en redes sociales y fue ampliamente compartida como gesto de repudio y desafío.
La concejal de Ciudad del Este, Alison Anisimoff, se trasladó hasta el sitio y repudió enérgicamente la situación: «Esto es algo criminal. No podemos admitir esta situación. Ya nos comunicaron que el sistema supuestamente fue hackeado, pero por más que haya sido así, no puede estar dos horas en pantalla esa imagen». La Municipalidad emitió un duro comunicado de repudio e inició un sumario administrativo para deslindar responsabilidades y evaluar multas contra la firma publicitaria responsable. El MOPC aclaró a su vez que no autoriza carteles publicitarios en la franja de dominio en ningún punto del país.
Encontrar a los responsables: una deuda con la amistad bilateral
Lo ocurrido este viernes en Ciudad del Este exige una investigación exhaustiva y sin dilaciones. Es improbable que políticos o instituciones del Estado brasileño hayan tenido participación en este acto. El perfil de la provocación, su lenguaje, su estética y su contexto remiten más bien a grupos de fanáticos extremistas, del mismo tipo que inconformados con el resultado de las elecciones de 2022, invadieron y depredaron las sedes de los tres Poderes en Brasília. En aquella ocasión, extremistas destruyeron cuadros a facazos, robaron piezas que valen millones, depredaron muebles históricos y filmaron a sí mismos durante toda la acción, en un episodio que causó horror tanto en Brasil como en el mundo entero.
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Ese precedente importa. Ya sabemos que Brasil también tiene sus propias heridas abiertas por el accionar de fanáticos que no representan a su pueblo. Lo que ocurrió hoy en Ciudad del Este tiene ese mismo ADN: un acto aislado, de irresponsables, que busca provocar una ruptura que la inmensa mayoría de brasileños y paraguayos jamás desearía.
Las autoridades paraguayas y brasileñas deben actuar en conjunto para identificar a los verdaderos responsables de la colocación de estos carteles. La empresa Fast Print y quienes operaron o hackearon su sistema deben ser sometidos a la justicia. Y más allá de este caso puntual, urge establecer mecanismos obligatorios de control y filtro previo en todas las empresas que prestan servicios de publicidad exterior en espacios públicos, para que ningún anuncio sea publicado sin aprobación previa. Las pérdidas materiales, el daño a la imagen del país y las consecuencias judiciales que puede acarrear la publicación de contenido ofensivo hacen imprescindible esa regulación.
Lo que este cartel no puede borrar: 180 años de historia compartida
Quienes colocaron esas gigantografías apostaron a que bastarían unas horas de provocación para tirar a la basura siglos de historia en común. Se equivocaron profundamente.
Las relaciones entre Brasil y Paraguay están marcadas por buenos y malos momentos: desde la Guerra de la Triple Alianza hasta la construcción de la Central Hidroeléctrica de Itaipú, los lazos bilaterales han pasado por tiempos pacíficos y problemáticos, pero siempre han sabido reencauzarse. Ambos países son miembros fundadores del Mercosur y comparten no solo una frontera, sino una manera de vivir entrelazada.
El Tratado de Itaipú, firmado hace más de cinco décadas, no solo selló el pacto de amistad y cooperación con Brasil, sino que puso punto final a un largo conflicto de límites que se arrastraba desde la época colonial, evitando incluso que ambos países se volvieran a enfrentar en armas. Esa diplomacia valiente construyó lo que hoy es Itaipú Binacional, símbolo visionario de integración energética que alimenta a millones de hogares en ambos países y es uno de los proyectos binacionales más importantes del mundo.
La Triple Frontera donde hoy ocurrió este incidente es, precisamente, un espacio en el que convergen tres ciudades de Paraguay, Argentina y Brasil, entre las que se desarrollan dinámicas comerciales, poblacionales y culturales fluidas. Sus habitantes la viven como si fuera una sola, siendo común hacer compras en Ciudad del Este, visitar al médico en Foz de Iguazú y disfrutar de la gastronomía en Puerto Iguazú. Esta región trinacional concentra cerca de 950.000 personas y es el punto fronterizo más transitado de América del Sur, con más de 100.000 cruces diarios entre los tres países.
Brasileños estudian en universidades paraguayas, paraguayos cruzan a Foz de Iguazú para atenderse en el sistema de salud, y ambas comunidades construyen su vida cotidiana en un tejido de vínculos que ningún cartel puede deshacer. Ese es el Brasil y ese es el Paraguay real: pueblos que se conocen, se mezclan, se casan y se sostienen mutuamente, cada día, en cada cruce del Puente de la Amistad.
Una lección que dolió, pero que no define el futuro
Este viernes dejó una imagen dolorosa en la retina de los paraguayos y a los brasileños. Pero también dejó otra imagen: la de ciudadanos que, sin esperar instrucciones de nadie, se autoconvocaron y, con las manos y los pies, derribaron aquello que los ofendía. Esa reacción espontánea habla de una identidad nacional viva, orgullosa y digna.
No serán unos fanáticos los que echen por tierra décadas de integración, de cultura compartida, de energía producida juntos, de puentes construidos juntos. La respuesta correcta no es el odio hacia Brasil, sino exigir justicia sobre los verdaderos responsables y garantizar que este tipo de provocaciones nunca más encuentre un soporte técnico que les permita hacer estos tipos de provocaciones en el territorio paraguayo.
Esta es una lección que dolió, y que debe servir para que tanto las empresas publicitarias como las autoridades de ambos lados de la frontera refuercen los controles, los filtros y los protocolos. Porque la amistad entre Paraguay y Brasil es demasiado grande, demasiado profunda y demasiado necesaria para ser rehén de la intolerancia de unos pocos.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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