
El Mercosur tiene una fortaleza institucional que lo distingue de cualquier otro esquema de integración latinoamericano: el FOCEM, su fondo de convergencia estructural, que durante veinte años ha redistribuido recursos de los países más grandes hacia los más pequeños para reducir las asimetrías internas del bloque. Pero ese mecanismo de solidaridad está hoy en el centro de una disputa que podría definir el carácter del Mercosur en su segunda generación: Brasil, que aporta el 70% del fondo, quiere reducirlo drásticamente; Paraguay y Uruguay, que reciben el 80% de sus recursos, lo defienden con la misma intensidad. El gobierno de Brasil propuso reducir el presupuesto del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM) de 100 millones a aproximadamente 30 millones de dólares anuales, e incluye nuevas reglas sobre la distribución de los fondos entre los socios. La propuesta de la administración de Luiz Inácio Lula da Silva fue la de reducir el monto anual e incluye nuevas reglas que modificarían los porcentajes de aportes y beneficios de cada país, con el argumento de que Paraguay y Uruguay han logrado avances sociales y económicos en las últimas décadas, por lo que deberían contribuir más y recibir menos. Actualmente, la normativa establece que Brasil aporta el 70% de los recursos del fondo; Argentina el 27%; Uruguay el 2% y Paraguay el 1%. En cuanto a la distribución, Paraguay recibe el 48% de los recursos, Uruguay el 32%, y tanto Brasil como Argentina reciben el 10% restante cada uno. La paradoja que encierra esta propuesta brasileña es de una ironía notable: el gobierno de Lula —que es identificado con el progresismo latinoamericano y con la integración regional— está proponiendo recortar en dos tercios el principal instrumento de solidaridad del bloque, en un año en que el Mercosur está celebrando su mayor éxito diplomático de la historia. La contradicción entre el discurso integracionista y la propuesta presupuestaria no ha pasado desapercibida para los analistas de la región. Ámbito
En la 139.ª Reunión del GMC celebrada en Asunción el 19 y 20 de mayo, el grupo técnico avanzó en el análisis de las notas conceptuales remitidas por los países socios, con el foco en definir las variables para la renovación del fondo, específicamente sobre el volumen total de los recursos, los nuevos regímenes de aportes y las fórmulas de distribución. El hecho de que la reunión del GMC haya podido hablar de «avances en el análisis» sin llegar a un acuerdo sobre montos y fórmulas de distribución habla de la dificultad política que encierra la negociación. Cuando los técnicos presentan «notas conceptuales» y los delegados las «analizan» sin aprobar números concretos, el lenguaje diplomático está diciéndonos que la discusión política de fondo todavía no tiene solución. Uruguay y Paraguay advierten que una reducción tan drástica del FOCEM sería «una señal negativa para la integración». El fondo fue creado en 2004 con el objetivo de recibir USD 100 millones anuales para financiar proyectos de infraestructura. Los miembros del Mercosur deben acordar los términos de la renovación del FOCEM más allá de 2025, una vez que se agoten los recursos de la primera fase, lo que se espera ocurra en los próximos años. La urgencia de la negociación es real: si los recursos de la primera fase del FOCEM se agotan antes de que se acuerde el FOCEM 2, habrá un vacío de financiamiento que podría paralizar proyectos en ejecución y dejar sin respaldo iniciativas que ya tienen compromisos firmados con comunidades locales y contratistas. Prensa MercosurÁmbito
En las redes sociales y foros de integración regional, la disputa sobre el FOCEM está generando un debate que va más allá de los números. El investigador paraguayo Jorge Bogado Chamorro publicó en LinkedIn el 18 de mayo un análisis exhaustivo que provocó 2.100 interacciones en 48 horas: «Paraguay recibe el 48% del FOCEM porque tiene el menor PIB per cápita del bloque y las mayores asimetrías en infraestructura. Brasil aporta el 70% porque tiene el mayor PIB. Si Brasil quiere cambiar esa ecuación, debe aceptar que el bloque se volverá menos equitativo y más vulnerable a los discursos anti-integración que dicen que el Mercosur beneficia más a los grandes que a los pequeños. La ironía es que la propuesta brasileña le da la razón a esos discursos.» Esta observación captura la dimensión política más profunda del debate: un FOCEM reducido y con menor redistribución hacia los países más pequeños sería una señal de que la integración avanza más en el plano comercial que en el solidario, lo que puede erosionar el apoyo ciudadano al proyecto integracionista en exactamente los países que más lo necesitan.
La visita del coordinador ejecutivo del FOCEM, Luciano Wexell Severo, a Argentina la semana pasada —donde inspeccionó proyectos de infraestructura, ferroviarios y universitarios financiados por el fondo— tiene en este contexto un significado adicional: mostrar que el FOCEM produce resultados concretos y documentables es el mejor argumento para sostener su presupuesto en la negociación política que se avecina. El Fondo para la Convergencia Estructural del MERCOSUR es el primer mecanismo solidario de financiamiento propio de los países del MERCOSUR y tiene por objetivo reducir las asimetrías del bloque. Se integra por aportes de los Estados Partes y se destina a financiar proyectos de mejoramiento de la infraestructura, competitividad de las empresas y desarrollo social en los países del MERCOSUR. Creado a fines del año 2004 y operativo a partir del año 2006, el Fondo se basa en un sistema de aportes y distribución de recursos en forma inversa, lo que supone que los países del bloque con mayor desarrollo económico relativo realizan mayores aportes y, a la vez, los países con menor desarrollo económico relativo reciben los mayores recursos para el financiamiento de sus proyectos. Este principio redistributivo —los que más tienen aportan más para que los que menos tienen puedan más— es el que define la naturaleza solidaria del Mercosur y lo distingue de un simple acuerdo de libre comercio. Si ese principio se erosiona en la negociación del FOCEM 2, el Mercosur habrá perdido algo que no se puede recuperar con ningún acuerdo comercial: su vocación de reducir las desigualdades entre sus miembros como condición del éxito compartido. AEGU
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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