
A cinco meses de las elecciones presidenciales del 4 de octubre de 2026, Brasil enfrenta el proceso electoral más determinante de su historia reciente, y las consecuencias de su resultado se extenderán mucho más allá de las fronteras del mayor país de América Latina. Lo que se juega en octubre no es simplemente quién gobernará Brasil durante los próximos cuatro años; es quién controlará los términos bajo los cuales el mundo accede a los recursos estratégicos más codiciados del siglo XXI —minerales críticos, la Amazonía, los reservorios de petróleo presal, el agua, la biodiversidad— y quién decidirá el rumbo del Mercosur en su momento más trascendental desde la fundación del bloque en 1991. Las elecciones presidenciales en Brasil serán en octubre, con el mandatario progresista Lula, de 80 años, buscando la reelección, un expresidente de derechas preso que impulsa a su hijo Flávio Bolsonaro como su delfín, y una región convulsa ante las amenazas de Donald Trump. Esta descripción de France 24, que sintetiza el escenario electoral brasileño con una precisión que ningún análisis técnico puede superar, captura la dimensión épica de lo que está en juego: no solo el futuro de Brasil sino el equilibrio político del continente sudamericano y la solidez del acuerdo Mercosur–UE que entró en vigor el 1.º de mayo. El Cronista
La contienda entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca un cuarto mandato, y Flávio Bolsonaro, que corre como proxy de su padre, condenado e impedido de ser candidato, no es simplemente una competencia entre izquierda y derecha. Es un concurso sobre si Brasil controla los términos en que el mundo accede a sus recursos, o si esos términos los fijan otros. Esta formulación del Peterson Institute de Washington eleva el debate electoral brasileño a una categoría que va mucho más allá de la política doméstica: es una batalla por la soberanía sobre los activos naturales más valiosos del planeta en el siglo XXI. Lula fue decisivo en la reactivación del acuerdo Mercosur–UE entre 2024 y 2025, combinando diplomacia presidencial directa, presidencias pro tempore estratégicas del bloque y flexibilidad negociadora en temas sensibles, lo que permitió el acuerdo político de diciembre de 2024 y la firma definitiva de enero de 2026. También impulsó negociaciones con la UE, EFTA, Canadá, Singapur, Vietnam y Japón sin quebrar la estructura del bloque. Este balance del CELAG de Buenos Aires sobre la política exterior del gobierno Lula es el argumento más poderoso a favor de la continuidad: el actual presidente fue el arquitecto del momento más exitoso del Mercosur en su historia, y su salida podría desestabilizar lo que se construyó con tanta dificultad. Segundo EnfoquePrensa Mercosur
La polarización en Brasil es un hecho estructural que interesa a los dos principales líderes. Un Lula revivido por Trump ha venido ganando terreno, pero siempre es importante recordar que llegará a las elecciones de 2026 con 81 años, y el recuerdo de Joe Biden, quien debió abandonar la carrera electoral en virtud de los problemas generados por su avanzada edad, es una sombra sobre la candidatura del exobrero metalúrgico. La comparación con Biden es políticamente incómoda pero analíticamente inevitable: un candidato de 81 años que busca la reelección en un país polarizado, con problemas de salud documentados públicamente —incluyendo una hemorragia cerebral a finales de 2024— enfrenta una pregunta sobre su capacidad física que el electorado no puede ignorar, independientemente de la fortaleza de su programa político. Los expertos señalan que, a grandes rasgos, el electorado en Brasil se divide entre un tercio que apoya a la derecha y un tercio que apoya a la izquierda. El 30% restante es el elemento central de la ecuación: se estima que dos tercios de ese contingente se abstendrían de votar y el 10% restante se compondría de swing voters que podrían escorarse hacia un lado o hacia el otro. Ese 10% de votantes indecisos, en un país de 215 millones de habitantes, representa alrededor de 21 millones de personas cuya decisión determinará no solo el futuro político de Brasil sino el futuro del Mercosur, del acuerdo con Europa y de la posición de América del Sur en la geopolítica global del siglo XXI. EuronewsEuronews
La consecuencia de la volatilidad política brasileña para el Mercosur no es abstracta. El acuerdo Mercosur–UE, que décadas de negociaciones no pudieron completar, se hizo políticamente inratificable en los parlamentos europeos por las políticas antiambientales del gobierno de Bolsonaro padre. Las decisiones de inversión en infraestructura verde y minerales críticos que podrían haber anclado relaciones de suministro a largo plazo fueron diferidas o redirigidas. La lección histórica es clara y cruel al mismo tiempo: una alternancia política que revirtiera el compromiso ambiental del gobierno actual podría activar de nuevo la resistencia europea que estuvo a punto de abortar el acuerdo en 2019. Una victoria de Lula anclaría la visión regional progresista multipolar de Brasil como contrapeso a los gobiernos conservadores alineados con Estados Unidos. La cooperación con los estados vecinos probablemente se profundizaría a través de instituciones regionales como el Mercosur. Una victoria de Bolsonaro, en cambio, podría fortalecer una coalición de derecha en el continente y priorizar la alineación con Washington sobre la integración regional. El Mercosur está mirando las elecciones brasileñas de octubre con la misma atención que le dedicaría a su propia cumbre presidencial. Segundo EnfoquePrensa Mercosur
Aunque todavía es pronto para hacer apuestas electorales definitivas, el tiempo dirá si un Lula de 80 años enérgico, elogiado por la presidenta de la Comisión Europea Von der Leyen por su papel en la negociación final del acuerdo con el Mercosur, puede imponerse sobre un Bolsonaro encarcelado pero aún popular que podría perpetuar su legado a través de sus hijos. La mención explícita de Von der Leyen en el análisis de France 24 es significativa: el liderazgo europeo ha apostado públicamente por la continuidad del proyecto Lula, no solo porque comparte sus valores sino porque sabe perfectamente que la ratificación definitiva del acuerdo Mercosur–UE en el Parlamento Europeo depende en buena medida de que Brasil siga siendo gobernado por alguien comprometido con los estándares ambientales y democráticos que los eurodiputados exigen como condición política del tratado. European Commission
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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