
Una revelación de alto impacto político llegó desde Bruselas en los últimos días y agrega una dimensión geopolítica inesperada al debate sobre el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea: el tratado comercial no es solo un instrumento de intercambio económico; también se ha convertido en un campo de batalla de la guerra informativa global. La Comisión Europea, en conjunto con expertos en verificación de hechos, ha identificado y denunciado una ola creciente de desinformación que utiliza el acuerdo Mercosur–UE como palanca para sembrar discordia entre los agricultores europeos, erosionar la confianza en las instituciones comunitarias y fortalecer los movimientos euroescépticos en el continente. La Comisión Europea y expertos en verificación de hechos han identificado una creciente ola de desinformación dirigida a las zonas rurales y al sector agroalimentario de toda Europa, con campañas que explotan la controversia en torno al acuerdo comercial UE-Mercosur, el escepticismo climático y el sentimiento antiinmigratorio. Fuentes del Observatorio Ibérico de Medios Digitales (Iberifier) y de los servicios de la Comisión Europea confirmaron a EFE la existencia de campañas coordinadas dirigidas a poblaciones rurales, citando a Rusia como una de las fuentes identificadas. La revelación es políticamente explosiva: implica que Moscú está usando la controversia sobre el libre comercio entre Europa y América del Sur como herramienta para desestabilizar a la Unión Europea desde adentro, exacerbando las divisiones entre agricultores y urbanitas, entre países del norte y del sur del continente, y entre defensores y críticos de la globalización. Prensa Mercosur
La preocupación de Bruselas se intensificó durante el proceso de aprobación del acuerdo comercial con el Mercosur, firmado en enero de 2026 en Asunción, pero cuya ratificación quedó suspendida después de que el Parlamento Europeo lo remitiera al Tribunal de Justicia de la UE. En ese contexto, los servicios de la Comisión detectaron campañas diseñadas para desacreditar a la Unión Europea ante las poblaciones rurales. El mecanismo de las campañas de desinformación es sofisticado y eficaz: consiste en amplificar miedos reales —la competencia de productos más baratos, la pérdida de ingresos agrícolas, el impacto ambiental del comercio— con informaciones falsas o distorsionadas que exageran los riesgos y silencian las salvaguardias existentes. Los agricultores europeos tienen preocupaciones legítimas sobre el acuerdo con el Mercosur, pero cuando esas preocupaciones son manipuladas por actores externos con agendas geopolíticas propias, el debate democrático se contamina y los acuerdos negociados con transparencia se vuelven imposibles de sostener políticamente. El acuerdo Mercosur-UE se convirtió involuntariamente en el frente de una guerra híbrida entre Occidente y Rusia que ninguno de sus negociadores originales hubiera anticipado. Prensa Mercosur
La Comisión Europea ha advertido de una presunta campaña de desinformación vinculada al Kremlin, destinada a socavar sus políticas agrícolas. Según fuentes de la Comisión, citadas por la publicación española El Debate, Rusia habría buscado amplificar la oposición a medidas controvertidas como el acuerdo comercial con el Mercosur y las reformas previstas de la Política Agrícola Común. La presidenta von der Leyen había instado previamente al Comisario de Agricultura, Christophe Hansen, a combatir activamente las narrativas engañosas y comunicar más claramente los beneficios de la política de la UE. La respuesta institucional de la Comisión Europea ha incluido la creación de una unidad dedicada específicamente a combatir la desinformación y el señalamiento explícito al presidente Putin como actor central en la difusión de afirmaciones falsas. Esta postura institucional tan directa —nombrar a un actor estatal extranjero específico como responsable de campañas de desinformación doméstica— es inusual en la diplomacia europea y refleja la seriedad con que Bruselas está tomando la amenaza informativa a su proceso político interno. Enolife
El profesor Ramón Salaverría, de la Universidad de Navarra y coordinador de Iberifier, identificó dos grandes corrientes en los países occidentales. La primera está vinculada a la crisis climática: las narrativas negacionistas han evolucionado hacia un cuestionamiento más amplio de las medidas propuestas por las organizaciones internacionales para frenar el cambio climático. La segunda, menos frecuente, vincula la inmigración con las zonas rurales. En el ámbito agroalimentario específico, el experto identificó tres tipos de actores detrás de la desinformación: grandes potencias con intereses geoestratégicos —Rusia en primer lugar—, grupos económicos que se benefician de la incertidumbre y desestabilización de los mercados, y movimientos políticos populistas que utilizan el miedo agrario como combustible electoral. La multiplicidad de actores que confluyen en estas campañas hace la tarea de combatirlas especialmente difícil: no se trata de un enemigo único y identificable sino de una constelación de intereses que convergen, aunque por razones diferentes, en el mismo objetivo de debilitar el acuerdo Mercosur-UE. Prensa Mercosur
Desde que se encarecieron las protestas agrarias, miles de agricultores europeos han recurrido a bloqueos de carreteras, manifestaciones masivas y acciones de presión sobre el Parlamento Europeo. Francia, el mayor productor agrícola de Europa, ha sido el foco central de las protestas, con exigencias de protecciones más fuertes para sus agricultores. La pregunta que Bruselas no termina de responder públicamente con claridad es cuánto de esa protesta es genuina y cuánto ha sido amplificada o distorsionada por actores externos. La respuesta honesta es probablemente: ambas cosas. Sin embargo, muchos agricultores en las calles de Athlone y París señalaron que la oposición surge de miedos económicos genuinos, no de desinformación difundida por poderes extranjeros. Esta distinción es crucial para no caer en el error opuesto al de la desinformación: invalidar automáticamente toda crítica al acuerdo como producto de manipulación rusa. Los agricultores europeos tienen razones reales para preocuparse, y esas razones deben ser atendidas con políticas de compensación concretas, no con acusaciones de ser víctimas o instrumentos de campañas extranjeras. La legitimidad del acuerdo Mercosur-UE depende de que Europa pueda gestionar sus divisiones internas con honestidad y sin instrumentalizar la amenaza de desinformación rusa para silenciar voces discrepantes legítimas. EuronewsVinetur
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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