
Por: Carlos Caicedo @carlosecaicedo
Gobernador del Magdalena 2020-2023.
Candidato presidencial de Colombia 2018, Alcalde de Santa Marta
2012-2015, Rector Unimagdalena
1997-2006.
La III Cumbre Social de los Pueblos en Santa Marta, en el marco de CELAC-UE, representó un hito para la política exterior progresista de nuestra región. Acompañar al presidente Gustavo Petro en este encuentro con más de 300 organizaciones sociales del continente me permitió constatar que Colombia ha dado pasos importantes hacia una inserción internacional digna. Ahora corresponde profundizar y concretar esa transformación.
El gobierno actual merece reconocimiento por romper con décadas de subordinación, por tomar vocería en luchas que se dan en solitario. La denuncia de Petro sobre la militarización de la región y su cuestionamiento a la ubicación de la ONU en Estados Unidos abren debates necesarios. Mi propuesta es convertir esos planteamientos en política exterior concreta y verificable.
❝ La intromisión yanki y el nuevo estado de cosas: los desafíos de la política exterior ❞
La primera medida debe ser definitiva: ni una sola base militar extranjera en territorio colombiano. Estados Unidos mantiene 76 instalaciones militares en América Latina, siete en nuestro país. La declaración de CELAC como Zona de Paz (2014) fue un avance simbólico que el actual gobierno ha reivindicado. Propongo que Colombia lidere la transformación de esa declaración en un protocolo vinculante, con mecanismos de verificación ciudadana y compromiso de desmilitarización progresiva. La paz real exige soberanía territorial completa.
Debemos avanzar hacia romper con la ‘yanki-dependencia’, y eso vincula un nuevo estado de cosas frente a lo económico. El presidente Petro ha señalado correctamente que la arquitectura financiera internacional nos somete. Es momento de dar el siguiente paso: impulsar decididamente el Banco del Sur como alternativa al FMI y el Banco Mundial. Colombia debe liderar junto a Brasil, Argentina y otros países sudamericanos la construcción de esta institución, complementándola con avances hacia una moneda común regional. Nuestra deuda externa —197.000 millones de dólares, el 48,7% del PIB— requiere además una auditoría integral que determine qué parte es legítima y qué parte responde a imposiciones onerosas.
En integración regional, el gobierno ha fortalecido vínculos con Venezuela y otros países del ALBA. Propongo dar un salto cualitativo: refundar la Comunidad Andina de Naciones (CAN) para incluir nuevamente a Venezuela y superar el lastre de los tratados de libre comercio que fragmentaron la región.
Simultáneamente, debemos transformar la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) de instancia consultiva a mecanismo vinculante de protección territorial, con poder de veto sobre actividades extractivas y participación decisoria de pueblos indígenas.
De otra parte, el presidente Petro ha denunciado la persecución judicial contra líderes progresistas. Como víctima reconocida por la JEP de persecución política, propongo crear un Tribunal Latinoamericano contra el Lawfare, donde los pueblos puedan juzgar la instrumentalización de sistemas judiciales para desestabilizar gobiernos democráticos. Esto protegería no sólo a líderes sino a millones de ciudadanos que enfrentamos judicialización política.
Petro planteó en la ONU que ese organismo no puede seguir en Nueva York. Concretemos esa crítica: propongo que Colombia lidere una campaña continental para trasladar la sede de UNICEF a una ciudad latinoamericana. Es inadmisible que este fondo tenga su sede en el único país de la ONU que no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño. Con 3,7 millones de menores víctimas de nuestro conflicto armado, Colombia tiene legitimidad para albergar esta institución y contribuir a descolonizar organismos multilaterales.
El gobierno de Petro inició el giro necesario en política exterior. La tarea de un segundo gobierno del cambio es consolidar esa transformación con medidas concretas, verificables e irreversibles. Los cambios profundos no se logran en cuatro años; requieren continuidad estratégica y profundización programática.
Desde el Caribe donde Bolívar soñó la Patria Grande, Colombia puede liderar la refundación de la soberanía latinoamericana. El cambio comenzó; ahora toca hacerlo irreversible.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN COLOMBIA
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