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En medio del clima político cada vez más polarizado que vive Colombia, el Partido Conservador atraviesa una de sus mayores crisis internas en años recientes. La colectividad, históricamente ligada a la defensa del orden institucional, hoy se encuentra dividida entre quienes rechazan con firmeza las formas y el fondo del gobierno de Gustavo Petro, y quienes, quizás movidos por la posibilidad de influir en las decisiones del poder, comienzan a tender puentes hacia la Casa de Nariño.
La ruptura se ha hecho evidente en los últimos días con un enfrentamiento público entre el presidente del Senado, Efraín Cepeda, y el jefe de Estado. Las palabras subieron de tono hasta lo intolerable: Petro, en uno de sus habituales discursos encendidos, se refirió a Cepeda con una grosería que desató un vendaval político. “El presidente aún no comprende la dignidad que ostenta y, como si estuviera en una riña callejera, recurre a la grosería y a la bajeza”, replicó Cepeda, con la compostura de quien intenta preservar las formas en medio de una tormenta institucional.
La senadora Nadia Blel, presidenta del Partido Conservador, tampoco escapó del fuego cruzado. En un discurso pronunciado en la Plaza de Bolívar el pasado 1 de mayo, Petro la señaló indirectamente, aludiendo a supuestas responsabilidades en el asesinato del líder social Alberto Peña. Blel respondió con firmeza, acusando al mandatario de lanzar amenazas veladas y mensajes intimidantes que, sin embargo, no lograrán apartarla de su deber como legisladora.
Pero no todos dentro del conservatismo comparten la línea dura. Mientras algunos se atrincheran en la defensa del partido frente a lo que consideran un irrespeto constante del presidente hacia las instituciones, otros han optado por un enfoque distinto: abrir canales de diálogo con el Ejecutivo. Uno de los más visibles es el representante Juan Carlos Wills, quien sorprendió al declarar públicamente su apoyo al debate sobre la consulta popular impulsada por Petro. “Escuchar al pueblo, abrir espacios de diálogo y fortalecer su voz es el camino para construir un país más justo y unido”, dijo Wills, palabras que fueron celebradas por el ministro del Interior, Armando Benedetti, como una señal de que los conservadores estarían virando hacia el Gobierno.
En los pasillos del Congreso ya se habla de un eventual acuerdo entre el petrismo y un sector de la bancada conservadora para entregar la presidencia de la Cámara de Representantes a un aliado del Gobierno en el último año legislativo. El nombre de Wills vuelve a sonar, esta vez como ficha clave en esa posible alianza. Otro representante, Luis Eduardo Díaz, no descartó la posibilidad, aunque pidió una discusión amplia dentro del partido antes de tomar una decisión.
La fractura es innegable. A medida que se acercan las próximas elecciones presidenciales, el Partido Conservador podría llegar dividido, enfrentado entre quienes se niegan a tolerar los ataques verbales del mandatario y quienes, con pragmatismo —o cálculo político—, prefieren sentarse a negociar. La pregunta de fondo, sin embargo, no es solo qué postura prevalecerá, sino si el conservatismo logrará sobrevivir a esta encrucijada sin perder su identidad.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN COLOMBIA
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