Investigadores argentinos avanzan en el desarrollo de un tratamiento experimental que combina medicamentos contra el cáncer con pulsos eléctricos para aumentar la entrada del fármaco en las células tumorales. El proyecto, impulsado por científicos de la Fundación H. A. Barceló y el CONICET, busca adaptar la electroquimioterapia a tumores profundos como los del cuello uterino mediante un electrodo especialmente diseñado para esa anatomía. El desarrollo todavía no ha sido probado en pacientes humanos: hasta ahora fue evaluado en modelos experimentales y veterinarios. Por eso, aunque los resultados iniciales son considerados prometedores, todavía no puede presentarse como un tratamiento disponible ni como un reemplazo de la cirugía, la radioterapia o la quimioterapia convencional. El objetivo de los investigadores es conseguir una aplicación localizada que aumente la eficacia del medicamento dentro del tumor y, potencialmente, reduzca la exposición de los tejidos sanos.
El proyecto adquiere especial relevancia porque el cáncer de cuello uterino continúa siendo un importante problema sanitario en Argentina. El Ministerio de Salud señala que se trata del tercer tumor más frecuente entre las mujeres del país, con más de 4.600 nuevos casos anuales y más de 2.200 muertes. La enfermedad está estrechamente relacionada con la infección persistente por determinados tipos del virus del papiloma humano, VPH, una infección muy frecuente que, en la mayoría de las personas, desaparece espontáneamente. Solo una proporción de las infecciones persiste y puede generar lesiones precancerosas que, si no se detectan y tratan, pueden evolucionar hacia un tumor invasivo.
Ese proceso explica por qué el cáncer cervicouterino es considerado una enfermedad altamente prevenible. Entre la aparición de una lesión precancerosa y el desarrollo de un cáncer pueden transcurrir aproximadamente 10 a 20 años, lo que ofrece una ventana muy amplia para detectar alteraciones y tratarlas antes de que se conviertan en una enfermedad invasiva. Argentina cuenta para ello con vacunación contra el VPH y estrategias de tamizaje mediante Papanicolaou y test de VPH.
Sin embargo, la prevención no elimina todos los casos. Existen mujeres que llegan al diagnóstico cuando la enfermedad ya está avanzada, además de pacientes que enfrentan barreras geográficas, económicas o sociales para acceder regularmente a los controles. Un trabajo registrado por CONICET sobre la experiencia de profesionales en programas de detección en Jujuy identificó obstáculos vinculados con el temor, el desconocimiento, factores culturales, el lugar de residencia y el acceso al sistema sanitario.
Es precisamente en ese escenario donde las nuevas estrategias terapéuticas adquieren importancia. La propuesta argentina no intenta reemplazar la prevención, sino explorar una alternativa para atacar directamente el tumor cuando la enfermedad ya está presente.
¿Qué es la electroquimioterapia?
La electroquimioterapia combina dos elementos: un medicamento antitumoral y pulsos eléctricos breves y controlados aplicados sobre la zona donde se encuentra el tumor.
La lógica biológica es relativamente sencilla, aunque su aplicación tecnológica es compleja. Las células poseen una membrana que controla qué sustancias pueden entrar y salir. Cuando reciben determinados pulsos eléctricos, esa membrana puede experimentar un fenómeno denominado electroporación, mediante el cual se forman temporalmente pequeños poros.
Esos cambios permiten que una mayor cantidad del fármaco alcance el interior de las células tumorales. En la técnica se han utilizado principalmente medicamentos como bleomicina y cisplatino. El equipo argentino explica que, al aumentar la entrada del medicamento mediante el campo eléctrico, puede potenciarse considerablemente su acción sobre las células cancerosas.
La idea no es completamente nueva. La electroquimioterapia ya se utiliza para determinados tumores cutáneos y superficiales, particularmente en Europa, y también tiene experiencia en Argentina. Lo novedoso del proyecto desarrollado por los investigadores argentinos consiste en intentar resolver uno de los grandes obstáculos de la técnica: cómo aplicar un campo eléctrico adecuado a un tumor situado en una región profunda del cuerpo.
Del cáncer de piel a un órgano situado en profundidad
La historia de esta tecnología ayuda a comprender la dificultad que enfrenta el proyecto.
Cuando un tumor se encuentra sobre la piel o muy cerca de la superficie corporal, los electrodos pueden colocarse relativamente fácilmente alrededor de la lesión. El problema cambia cuando el tumor está dentro de la pelvis.
El cuello uterino está rodeado por estructuras anatómicas que deben ser protegidas y cuya disposición varía entre pacientes. Por eso, no basta con aumentar la intensidad de la corriente. El equipo debe conseguir que el campo eléctrico cubra de manera suficientemente homogénea toda la región tumoral, evitando que queden sectores sin tratar.
Si una zona del tumor recibe una intensidad insuficiente, las células malignas ubicadas allí podrían sobrevivir y continuar creciendo. Esa es una de las razones por las que el diseño del electrodo constituye uno de los elementos centrales de la investigación.
La Fundación Barceló registra oficialmente el proyecto BA-MED-164, denominado “Tratamiento de cáncer de cuello uterino mediante electrodo específico de electroquimioterapia”, dentro de sus proyectos de investigación correspondientes al período 2024-2026. El equipo está dirigido por el médico e investigador Felipe Maglietti y cuenta, entre otros integrantes, con la médica e investigadora Marina Ribeiro, además de especialistas vinculados con CONICET.
El electrodo argentino es el corazón de la investigación
El desarrollo no consiste simplemente en utilizar un electrodo comercial existente.
Los investigadores están diseñando un dispositivo que pueda adaptarse a la anatomía del cuello uterino y producir un campo eléctrico controlado, capaz de alcanzar la totalidad del tumor.
Marina Ribeiro trabaja específicamente en este desarrollo y el equipo utiliza simulaciones computacionales y modelos experimentales para determinar cómo debería distribuirse el campo eléctrico. La investigación busca encontrar una configuración que sea suficientemente intensa para producir la electroporación necesaria, pero al mismo tiempo controlable para evitar daños innecesarios en tejidos que no forman parte del tumor.
Este aspecto convierte al proyecto en un ejemplo de investigación traslacional: la investigación comienza con conocimientos de física, ingeniería y biología celular y pretende terminar, si los resultados lo permiten, en una herramienta que pueda utilizarse algún día en medicina.
Pero todavía hay varias etapas entre el prototipo y un tratamiento hospitalario.
Antes de llegar a los pacientes, hay que superar varias pruebas
Una de las informaciones más importantes de esta investigación es también una de las que puede perderse entre los titulares: el electrodo todavía no ha sido probado en pacientes humanos.
Los científicos han realizado experimentos en modelos de laboratorio y también han trabajado con animales que desarrollaron tumores naturalmente. Esta fase permite estudiar la seguridad, la distribución del campo eléctrico, la respuesta del tumor y los posibles efectos sobre los tejidos.
Esto significa que todavía no es posible afirmar que la técnica cure el cáncer de cuello uterino en seres humanos.
Antes de llegar a esa instancia serán necesarios estudios preclínicos suficientes y posteriormente ensayos clínicos destinados a determinar seguridad, dosis, selección de pacientes, eficacia y posibles efectos adversos.
La diferencia entre una tecnología prometedora y un tratamiento médico establecido es precisamente esa: una investigación puede producir resultados excelentes en laboratorio y, aun así, necesitar años de evaluación antes de demostrar que funciona de manera segura y reproducible en pacientes.
La experiencia argentina no comenzó ahora
El proyecto tampoco apareció de manera aislada en 2026.
Los investigadores argentinos llevan años trabajando con electroporación y electroquimioterapia. Un trabajo científico publicado en 2016, en el que participó Felipe Maglietti, ya estudiaba estrategias para combinar la administración sistémica y local de bleomicina con el objetivo de reducir el número de sesiones necesarias.
El grupo también ha desarrollado investigación relacionada con electroporación aplicada a oncología veterinaria. Una revisión científica publicada en 2020 documentó el desarrollo de estrategias de electroporación como herramienta contra el cáncer en medicina veterinaria en América Latina y contó entre sus autores con Maglietti.
Esta experiencia previa es relevante porque desarrollar una tecnología para tumores profundos requiere conocimientos que van mucho más allá de la oncología convencional: física de campos eléctricos, diseño de electrodos, farmacología, anatomía, biología tumoral y modelización computacional.
Incluso los electrodos tradicionales presentan desafíos
La propia evolución de la investigación muestra que la tecnología todavía tiene problemas técnicos que deben resolverse.
Un trabajo publicado por investigadores vinculados con la Fundación Barceló y CONICET estudió la corrosión de los electrodos durante la electroquimioterapia. Los pulsos eléctricos pueden producir fenómenos electroquímicos alrededor de las agujas, modificando el pH y generando condiciones capaces de afectar el material del electrodo. El estudio advierte que esa corrosión puede interferir con la eficacia del procedimiento.
Esto demuestra que el desafío no consiste únicamente en conseguir que la electricidad llegue al tumor. Hay que garantizar que el dispositivo funcione de forma estable, reproducible y segura durante todo el procedimiento.
¿Por qué podría ser interesante frente a tratamientos convencionales?
Una de las posibles ventajas de la electroquimioterapia es que busca concentrar el efecto del medicamento en el tumor.
En la quimioterapia convencional, los fármacos circulan por el organismo y pueden afectar tanto células cancerosas como tejidos sanos. Esta característica explica buena parte de los efectos secundarios que acompañan a determinados tratamientos.
La electroquimioterapia intenta cambiar parcialmente esa relación mediante la electroporación. Si el medicamento ingresa con mayor eficiencia en las células tumorales tratadas, podría utilizarse una estrategia más localizada.
El concepto, sin embargo, debe manejarse con cautela. No significa que el tratamiento sea completamente inocuo ni que carezca de efectos secundarios. Tampoco significa que pueda eliminar todos los tumores. Su eficacia depende de la ubicación, tamaño, características y accesibilidad del tumor, además de la correcta aplicación del campo eléctrico.
Los resultados internacionales son prometedores, pero no definitivos
La electroquimioterapia ha acumulado experiencia clínica en determinados tumores superficiales. Revisiones de la literatura han informado respuestas completas elevadas en algunos grupos de pacientes, incluso cercanas al 80 % en determinados contextos y con intención curativa.
Pero esos resultados no pueden trasladarse automáticamente al cáncer de cuello uterino.
Un tumor superficial de piel y un tumor profundo ubicado en la pelvis presentan problemas completamente diferentes. La anatomía, la distribución del campo eléctrico, el acceso al tumor y la proximidad de órganos críticos cambian sustancialmente.
Por eso, el verdadero desafío de los investigadores argentinos no consiste en demostrar que la electroquimioterapia funciona en general. Eso ya cuenta con evidencia clínica en determinados escenarios. El desafío es demostrar que puede adaptarse de manera segura y eficaz a tumores profundos del cuello uterino.
Una enfermedad que también se combate antes del cáncer
El avance tecnológico no debe hacer perder de vista una cuestión fundamental: el cáncer de cuello uterino puede prevenirse en una proporción muy importante de los casos.
Argentina utiliza desde hace años la vacunación contra el VPH como herramienta de prevención primaria. También dispone del test de VPH y del PAP para identificar infecciones de riesgo y lesiones precancerosas.
El test de VPH tiene una ventaja particularmente importante: puede detectar la presencia de tipos de virus asociados al desarrollo del cáncer antes de que exista un tumor invasivo. Si el resultado es negativo, el intervalo recomendado para el siguiente control puede ser de cinco años, según la estrategia sanitaria argentina.
El problema, por tanto, tiene dos frentes. Uno consiste en evitar que el cáncer aparezca. El otro consiste en encontrar mejores tratamientos para las personas que, pese a las estrategias preventivas, desarrollan la enfermedad.
La investigación argentina se encuentra en este segundo frente.
El futuro podría estar en tratamientos cada vez más personalizados
Si el prototipo consigue superar las etapas experimentales, el siguiente paso será estudiar cómo seleccionar a las pacientes que podrían beneficiarse de esta estrategia.
No todos los tumores son iguales y tampoco todas las pacientes tienen la misma anatomía. Un futuro tratamiento basado en electroquimioterapia podría necesitar una planificación individualizada mediante imágenes médicas, reconstrucciones anatómicas y simulaciones computacionales.
La tecnología podría calcular dónde colocar los electrodos y qué configuración permitiría cubrir la totalidad del tumor. Esto acercaría la electroquimioterapia a una lógica de medicina de precisión, en la que el tratamiento se adapta a las características concretas de cada paciente.
También será necesario determinar si puede combinarse con otras modalidades terapéuticas y en qué momento del tratamiento tendría mayor utilidad.
Argentina busca convertir una idea experimental en una herramienta clínica
El proyecto representa una apuesta particularmente interesante por la investigación científica local. En lugar de limitarse a importar una tecnología desarrollada para otros tipos de cáncer, los investigadores argentinos están intentando resolver un problema específico mediante el desarrollo de un dispositivo adaptado a una necesidad clínica concreta.
El camino, sin embargo, todavía es largo.
Hoy existe un prototipo, existe investigación experimental y existe una base científica previa para la electroquimioterapia. Lo que todavía no existe es evidencia clínica suficiente para afirmar que el nuevo electrodo puede tratar de forma segura y eficaz el cáncer de cuello uterino en seres humanos.
Ese será el verdadero antes y después de este proyecto.
El antes está marcado por una enfermedad que puede prevenirse en gran medida, pero que continúa provocando miles de casos y muertes en Argentina. El ahora está representado por investigadores que intentan adaptar una tecnología ya conocida para llevarla a una zona profunda del organismo mediante un dispositivo diseñado específicamente para ella. Y el después dependerá de que los estudios preclínicos sean exitosos, de que los organismos reguladores autoricen los ensayos y, finalmente, de que los estudios en pacientes demuestren que la técnica ofrece una ventaja real frente a las alternativas existentes.
Por ahora, el avance argentino debe entenderse como una investigación prometedora, no como una cura disponible. Si consigue superar las próximas etapas, podría convertirse en una nueva herramienta para el tratamiento localizado de tumores profundos y demostrar, una vez más, cómo la combinación entre oncología, física, ingeniería, biología y tecnología médica puede abrir caminos que hasta hace pocos años parecían difíciles de imaginar.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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