Jack Shi, un hombre de 64 años de origen chino que vive en Forest Hills, Queens, descubrió después de comprar su vivienda que había adquirido una de las direcciones más famosas de la historia del cómic: el número 20 de Ingram Street, la casa que Marvel asignó a Peter Parker y a su tía May. Shi compró la propiedad hace aproximadamente tres años sin conocer esa conexión y posteriormente comenzó a comprobar que admiradores de Spider-Man viajaban hasta el lugar para fotografiarse frente a la vivienda. Pero la sorpresa adquirió una dimensión mucho más entrañable cuando comenzaron a llegar cartas y dibujos de niños dirigidos al superhéroe desde distintos puntos de Estados Unidos y otros países. Lejos de molestarse por la atención, Shi decidió aceptar lo que considera una curiosa responsabilidad: permitir que los visitantes se fotografíen y mantener vivo el espíritu de un personaje que, según él mismo explica, representa valores de heroísmo y servicio a los demás. La historia, sin embargo, tiene un antecedente todavía más extraordinario: durante décadas, otra familia que realmente vivió en esa misma casa recibió cientos de cartas infantiles dirigidas a Spider-Man.
La vivienda está situada en Forest Hills, un barrio residencial de Queens conocido por sus calles arboladas y por su identidad profundamente vinculada con la historia cultural de Nueva York. Para cualquier persona que no conozca el universo de Marvel, el inmueble podría parecer simplemente una antigua casa de estilo Tudor ubicada en una tranquila zona residencial. Para millones de lectores de Spider-Man, en cambio, se trata de un lugar cargado de significado.
En el universo de Marvel, 20 Ingram Street es presentada como la residencia de Peter Parker y de su tía May. Allí creció el joven que posteriormente se convertiría en Spider-Man y allí se desarrollaron diferentes momentos de su vida antes y después de adquirir sus poderes. La dirección forma parte de la continuidad de los cómics y aparece vinculada al personaje desde hace décadas.
La particularidad es que la dirección no es ficticia. Existe físicamente y puede localizarse en Forest Hills. La casa real, sin embargo, es diferente de la representación gráfica que aparece en los cómics: mientras Marvel la ha mostrado como una modesta vivienda de dos pisos vinculada a la tía May, el inmueble verdadero posee características arquitectónicas propias de una vivienda residencial de Queens de comienzos del siglo XX.
La dirección que los lectores descubrieron en 1989
La conexión entre la ficción y la vivienda real adquirió una dimensión mucho mayor en 1989, cuando Marvel reveló progresivamente la dirección de Peter Parker.
En el número 316 de The Amazing Spider-Man apareció parcialmente un formulario de cambio de domicilio. Los lectores podían identificar el nombre de la calle, Ingram Street, y parte del código postal y del vecindario. En el número siguiente, el 317, publicado ese mismo año, apareció otra parte de la información que permitió a los seguidores reconstruir la dirección completa: 20 Ingram Street, Forest Hills.
Fue suficiente para que los aficionados más atentos pudieran encontrar la dirección en el mundo real.
La situación produjo una de esas coincidencias extraordinarias que parecen escritas por un guionista. La familia que vivía entonces en la vivienda se apellidaba Parker, exactamente como el protagonista de Marvel.
Los Parker habían llegado a la casa en 1974, mucho antes de que los lectores conocieran públicamente la dirección de Peter Parker. Permanecieron allí durante décadas y comenzaron a recibir correspondencia destinada al personaje después de que los cómics revelaran dónde vivía.
Cuando los niños comenzaron a escribirle a Spider-Man
Las primeras cartas pudieron parecer una broma o una curiosidad pasajera. Pero con el tiempo llegaron tantas que la familia comprendió que aquello era mucho más grande.
Niños de distintas partes de Estados Unidos escribían a Peter Parker o Spider-Man convencidos de que la dirección era realmente la residencia del héroe. Algunos enviaban dibujos; otros preguntaban cómo funcionaban sus poderes; algunos querían conocerlo y otros directamente lo invitaban a sus casas.
Una de las cartas fue enviada por un niño llamado Clay Langston, de Mississippi, que tenía nueve años cuando escribió y pidió a Spider-Man que le respondiera. Décadas después, la historia volvió a localizarlo y el antiguo niño recordó la importancia que el personaje había tenido durante su infancia.
Otros pequeños le preguntaban si podía visitar sus ciudades, jugar con ellos o mostrarles cómo utilizaba sus telarañas. Algunas cartas tenían un tono parecido al de las cartas que los niños envían a Santa Claus: no eran simplemente mensajes de admiradores, sino conversaciones dirigidas a alguien que consideraban real.
La familia Parker decidió no responder a esas cartas. Pero sí las conservó.
Con el paso de los años, aquella correspondencia terminó convirtiéndose en un pequeño archivo de la relación emocional que varias generaciones de niños establecieron con Spider-Man.
El museo que convirtió las cartas en una exposición
La historia volvió a hacerse pública en 2023, cuando una parte de aquellas cartas llegó a la exposición “Dear Spider-Man, Letters to Peter Parker” del City Reliquary, un pequeño museo de Brooklyn dedicado a objetos relacionados con la historia y la cultura popular de Nueva York.
La muestra permitió observar algo que normalmente queda oculto detrás de los personajes de ficción: la manera en que los niños utilizan a los superhéroes para expresar deseos, miedos, aspiraciones y preguntas.
Algunas cartas pedían ayuda para convertirse en superhéroes. Otras preguntaban por los poderes de Spider-Man. Algunas simplemente querían saber si podía ir a jugar o visitar sus casas.
El museo encontró así un material que, aunque aparentemente sencillo, tenía un enorme valor cultural. Las cartas mostraban que Spider-Man había logrado algo que pocos personajes ficticios consiguen: transformar una dirección de Nueva York en un lugar reconocible para niños que vivían a miles de kilómetros.
Y entonces apareció Jack Shi
Después de que los Parker dejaran la propiedad, la conexión con Spider-Man no desapareció.
Jack Shi compró la vivienda hace aproximadamente tres años, sin saber inicialmente que estaba adquiriendo la casa que Marvel había convertido en el hogar de Peter Parker. La propiedad, según reportes de medios estadounidenses, costó cerca de dos millones de dólares y ya tenía una historia particular entre los seguidores del personaje.
La sorpresa llegó cuando Shi descubrió la cantidad de personas que conocían la dirección.
Visitantes de Irlanda, Inglaterra, Italia y diferentes lugares de Estados Unidos comenzaron a acercarse para tomar fotografías. La casa pasó a formar parte de los recorridos informales que realizan los aficionados de Marvel por Nueva York.
Incluso Google Maps identifica el lugar como la casa de Spider-Man, aunque la fachada aparece difuminada en la plataforma. Esa presencia digital hace que sea mucho más sencillo para los admiradores encontrar la dirección y probablemente contribuye a que continúe llegando correspondencia.
Shi podría haber considerado todo aquello una molestia. En cambio, decidió asumirlo de una manera completamente diferente.
“Si vivo aquí, debo actuar como Spider-Man”
La frase de Shi resume el espíritu de toda la historia.
El propietario explicó que siente cierta responsabilidad porque considera que Spider-Man representa un ideal estadounidense de heroísmo, solidaridad y responsabilidad personal. Por eso, cuando los visitantes quieren fotografiar la vivienda, normalmente acepta.
“Si alguien quiere tomarse una foto, digo que sí”, explicó el propietario.
Su actitud convirtió involuntariamente al nuevo dueño en una especie de embajador no oficial de Spider-Man.
No se trata de que Shi pretenda ser Peter Parker ni de que la vivienda tenga alguna relación real con Marvel Studios. Lo que existe es algo más interesante: una propiedad auténtica que se convirtió en un elemento físico de una ficción que millones de personas conocen.
Y ahora Shi también recibe la correspondencia que continúa llegando a la dirección.
Las nuevas cartas son tan inocentes como las antiguas
Entre los mensajes recientes aparece el de Julius, de Dakota del Sur, que escribió en abril preguntándole a Spider-Man cómo consigue hacer lo que hace y cómo logra salvar al mundo.
Otro niño, llamado Cooper, invitó al superhéroe a su casa para ver televisión y extendió la invitación también a Deadpool.
La familia de Kannon, un niño de Nebraska, llevó incluso la fantasía hasta un terreno cotidiano: invitó a Spider-Man a la fiesta por el quinto cumpleaños del pequeño.
Desde el punto de vista adulto, esas cartas pueden parecer evidentemente imposibles de responder. Pero para un niño, escribirle a Spider-Man desde su propia casa de Queens convierte la fantasía en algo tangible.
Ese es precisamente el elemento que hace que la historia trascienda la simple curiosidad inmobiliaria.
La coincidencia que conecta a Spider-Man con personas reales
La historia de Ingram Street contiene además otras coincidencias.
El vecino Frank Torres, un hombre de 76 años que lleva aproximadamente tres décadas viviendo en la zona y que anteriormente trabajó como detective, aseguró que los antiguos propietarios de la vivienda eran realmente los Parker.
Según su relato, los propios Parker le habían contado la conexión y Torres llegó a considerar posible que los creadores de Spider-Man hubieran conocido indirectamente a personas de la zona o hubieran tomado nombres reales como referencia.
La coincidencia no termina allí.
En la misma zona vivió una familia de apellido Osborne, exactamente el apellido de Norman Osborn, el personaje que en Marvel se transforma en el Duende Verde, uno de los enemigos más importantes de Spider-Man.
Torres recuerda que aquella familia real no tenía absolutamente nada que ver con el villano. Al contrario, la describe como una familia amable y querida por los vecinos.
La situación es casi una pequeña novela de ficción construida por la casualidad: un Parker en la casa de Spider-Man y un Osborne en las inmediaciones.
El cine volvió a poner a la casa bajo los reflectores
Aunque la dirección nació en los cómics, el interés por Spider-Man no dejó de crecer con el paso de las décadas.
La franquicia cinematográfica protagonizada por Tom Holland llevó al personaje a una nueva generación y convirtió lugares relacionados con Spider-Man en puntos de interés para turistas y aficionados.
La película más reciente, Spider-Man: Brand New Day, se estrenó a finales de julio de 2026 y volvió a colocar al personaje en el centro de la conversación mundial. Marvel señala oficialmente que Holland interpreta nuevamente a Peter Parker y que la historia presenta a un Spider-Man dedicado por completo a combatir el crimen en Nueva York.
El fenómeno cinematográfico tiene además una dimensión económica considerable. En su segundo fin de semana, la película había alcanzado 1.670 millones de dólares en la taquilla mundial, según datos publicados por Associated Press, convirtiéndose en uno de los grandes fenómenos cinematográficos de 2026.
Ese éxito ayuda a explicar por qué una dirección que ya era conocida entre los aficionados vuelve a experimentar un incremento de interés internacional.
Una casa que nunca fue realmente “la casa de Spider-Man”
Existe, sin embargo, una distinción importante.
20 Ingram Street no fue utilizada como escenario de las películas de Spider-Man. Su importancia procede principalmente de los cómics, donde Marvel estableció que Peter Parker vivía allí.
Es decir, la vivienda no fue construida para representar la casa de Peter Parker ni fue seleccionada por un estudio cinematográfico como una locación. Su vínculo con el personaje pertenece al universo narrativo creado por Marvel.
Esa diferencia hace que el caso resulte todavía más curioso: una casa real terminó adquiriendo importancia turística porque un grupo de escritores y dibujantes decidió colocarla dentro de una historia ficticia.
Antes, ahora y después
Antes de que Marvel revelara la dirección, 20 Ingram Street era simplemente una vivienda residencial de Forest Hills. La familia Parker vivía allí desde 1974 y no tenía motivos para pensar que millones de lectores acabarían asociando su domicilio con uno de los superhéroes más famosos del planeta.
Después de la publicación de los cómics de 1989, la situación cambió. Llegaron cartas, llamadas y visitantes. Durante décadas, la familia tuvo que convivir con una curiosidad que no había buscado y que finalmente terminó convirtiéndose en parte de la historia cultural del barrio.
Ahora, con Jack Shi como propietario, la historia tiene un nuevo capítulo. La casa continúa recibiendo admiradores y cartas de niños, mientras la expansión digital de la información sobre el lugar facilita que nuevas generaciones encuentren la dirección.
Y el futuro probablemente seguirá aumentando su notoriedad. Mientras Spider-Man continúe apareciendo en cómics, películas, videojuegos y otros medios, 20 Ingram Street seguirá funcionando como un puente entre la ficción y el mundo real.
Lo más curioso es que nadie necesita convencer a los niños de que la casa existe. Ellos ya lo saben: pueden encontrarla en un mapa, escribir una carta y enviarla a la dirección de Peter Parker.
Lo único que no pueden comprobar es si Spider-Man realmente vive allí.
Por ahora, quien abre el buzón es Jack Shi. Y, aunque nunca recibió poderes arácnidos, decidió aceptar una responsabilidad bastante parecida a la del personaje que vive en la imaginación de millones: mantener abierta la puerta de una historia que comenzó en las páginas de un cómic y terminó convirtiendo una casa común de Queens en uno de los lugares más curiosos del universo de Marvel.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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