
Que callen los fusiles para que se oiga la voz de la gente, Palabra que sí.
Pastuso a mucho honor, ingeniero sanitario egresado de la Universidad del Valle, profesor, investigador y decano de la facultad de ingeniería de su alma mater, fue siempre un tipo correcto, íntegro, fiel a su compromiso social y coherente consigo mismo, con sus ideas, con sus sueños, su rectitud le valió un terrible atentado en el que perdió una de sus piernas y tuvo afectaciones en su laringe, hizo parte de los mandos del movimiento guerrillero M19 y posterior al proceso de paz que involucró a este movimiento y a la amnistía que le fue concedida, fue uno de los copresidentes de la asamblea constituyente que le legó en 1991 a Colombia una Constitución moderna, garantista, muy diferente de aquella conventual que estuvo vigente desde 1886. No hay muerto malo, dicen por ahí, pero está claro que tanto amigos, como seguidores y contradictores coinciden en recordar a ANTONIO NAVARRO WOLF como un hombre excepcional, honesto a toda prueba, deliberante, argumentativo y respetuoso.
De Antonio dijo el periodista Ricardo Galán “El respeto a la palabra empeñada, la decisión de abandonar la lucha armada y la apuesta por la democracia fueron los principales rasgos del legado político de Antonio Navarro Wolff”
En las más de cuatro décadas desde su regreso a la vida civil, luego de que, como lo dicen Laura Restrepo y Camilo González, bajara del monte en 1984 dispuesto a firmar la paz y a mantenerse en esa promesa, pese a las penalidades y fatalidades que la vida le puso en el camino, Antonio se desempeño con corrección y lealtad a sus exigentes principios.
Fue ministro de Salud en el gobierno de César Gaviria, Gobernador de Nariño, Precandidato Presidencial por el Polo Democrático en 2006, gobernador de Nariño entre 2008 y 2011 y Senador por el partido Alianza Verde entre 2014 y 2018, en todos los espacios y cargos que ocupó dejó una impronta de rectitud, transparencia y honestidad a toda prueba, promovió la participación ciudadana y dio viabilidad a proyectos que buscaban mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía a su cargo.
En 2008, agobiado por la penosa situación de las víctimas del negocio fraudulento de las pirámides y en vista de la indiferencia y manejo político y elusivo que el gobierno de la época, a cargo de ALVARO URIBE VELEZ le dio a ese problema, Antonio Navarro emprendió una huelga de hambre exigiendo soluciones para los ciudadanos afectados por el descalabro y quiebra de esas iniciativas, siempre propositivo y asertivo sugirió que se le concedieran créditos blandos que los beneficiarios pagarían entre otras con acciones de trabajo social. Se desempeño también como secretario de Gobierno de Bogotá en 2012 durante la alcaldía de Gustavo Petro, por un corto periodo, pues asumió en enero y renunció a principios de abril de ese mismo año.
En una de sus últimas aventuras proselitistas quiso llegara la alcaldía de Bogotá, venía precedido no solo de ese acervo de cualidades que todo el mundo le reconocía, sino de haber sido un funcionario ejemplar desde la Alcaldía de su natal Pasto que le significó en 1998 el reconocimiento como el mejor alcalde del país. No fue ese el único reconocimiento a su excelencia: En 2002 la revista Cambio lo exaltó como el mejor congresista de Colombia en ese periodo. En 2015 Antonio sufrió una pérdida devastadora cuando su hijo Gabriel Navarro Bustamante de apenas 19 años presuntamente se suicidó el 8 de enero de ese año. Antonio, como es natural, nunca pudo superar esa catástrofe.
En el 2019 presentó su nombre como precandidato para la alcaldía de Bogotá, pero su pretensión fue derrotada en una consulta interna del partido verde, en el cual militaba, siendo en su lugar designada Claudia López, quien posteriormente fue alcaldesa de Bogotá desde el 1 de enero de 2020 hasta el 31 de diciembre de 2023.
Muchos lo queríamos como alcalde, merced a sus antecedentes de buen desempeño en los cargos que hasta ese momento había ocupado, pensaba entonces y sigo pensando ahora que hubiera sido un magnífico alcalde, pero las maquinarias decidieron otra cosa, lamentablemente.
Pero un hombre de su estatura política en un país como este que en el que la política suele copiar técnicas mafiosas para desacreditar al oponente como una forma de asesinato moral que suele preceder o complementar el intento criminal de asesinato material, Antonio Navarro Wolf también estuvo sometido a la polémica, a la diatriba y las acusaciones sin sustento. Antes de que la justicia declarara infundadas y poco creíbles los testimonios que dio un señor Palomari, ese sí un empleado de la mafia narcotraficante de Cali, este afirmó y la prensa, como siempre, hizo eco que a la campaña para la asamblea constituyente habría habido donativos por parte de Gilberto Rodríguez Orejuela que favorecieron a Navarro e hicieron viable su llegada a ese importante órgano.
“El que se mete a redentor siempre sale crucificado”, una sentencia brutal que se cumple con lujo de detalles en estas tierras donde a la par con la esperanza, galopan el odio y la intolerancia, la mentira y la perversidad. Antonio logró sortear con lujo de detalles esos baches y esas acusaciones.
La muerte de Antonio Navarro ha generado reacciones en su gran mayoría de sincero dolor y reconocimiento a sus actos, no han faltado, de qué otro modo podrí ser en esta sociedad del odio, expresiones grotescas, venenosas, violentas de algunos enajenados, en sus sentidas palabras de despedida, durante el sepelio de su padre, Alejandro Navarro, su hijo, fiel Al espíritu conciliador y tolerante de su padre aseguró lo siguiente: “Mi papá no fue perfecto. Fue un gran hombre. Un inmenso hombre, pero no fue perfecto, nadie lo es. Quiero pedir perdón a cualquier persona que sienta que las acciones de la vida de mi padre las hirieron de una u otra forma”.
Hoy martes 3 de noviembre se llevó a cabo la ceremonia de despedida de Antonio y la inhumación de sus restos mortales en el cementerio Jardines de la Paz en Bogotá. Un sitio más que indicado para un hombre que hizo de su retorno a la vida civil un verdadero apostolado por la paz y el entendimiento entre los colombianos.
Hemos pedido a un de los mejores, de los más honestos, un hombre excepcional comprometido con la paz, un soñador, pero a la vez un espíritu pragmático y conciliador. Que allá donde tu espíritu divague puedas ver que tus esfuerzos no han sido ni serán en vano y que Colombia, hoy en medio de un bache guerrerista, retomará el camino de esa paz por la que tanto luchaste y tanto le ofreciste.
¡Adiós Bacán!
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

