Viajar por carretera permite conocer un país de una manera diferente: detenerse donde el paisaje lo exige, atravesar pequeñas localidades, descubrir lugares alejados de los circuitos tradicionales y experimentar cómo cambia el territorio kilómetro a kilómetro. Algunas carreteras, además, se han convertido en verdaderos íconos internacionales y atraen a viajeros que buscan convertir el trayecto en la principal experiencia de sus vacaciones.
Una de las más famosas es la Ruta 66, en Estados Unidos, conocida como la “carretera madre”. Su recorrido histórico conecta Chicago con Santa Mónica y atraviesa paisajes que van desde las grandes planicies hasta los desiertos del suroeste estadounidense. Aunque el trazado original fue descatalogado como carretera federal, numerosos tramos permanecen como rutas históricas y conservan pequeños pueblos, antiguos moteles, estaciones de servicio y restaurantes que mantienen viva la estética de los viajes estadounidenses de mediados del siglo XX.
En Sudamérica, una de las grandes protagonistas es la Carretera Austral de Chile. El recorrido atraviesa aproximadamente 1.240 kilómetros de la Patagonia chilena y ofrece una sucesión de bosques, lagos, glaciares, ríos, fiordos y montañas. Para quienes disfrutan de los viajes de aventura, el atractivo no está solamente en conducir, sino en las posibilidades de detenerse para practicar senderismo, navegación, pesca, fotografía de naturaleza o simplemente contemplar algunos de los paisajes más remotos del continente.
Australia ofrece otra experiencia completamente diferente con la Great Ocean Road. Esta ruta costera de aproximadamente 243 kilómetros, ubicada en el estado de Victoria, combina playas, bosques y acantilados frente al océano. Uno de sus puntos más reconocidos son los Doce Apóstoles, enormes formaciones de piedra caliza que emergen frente a la costa y se han convertido en una de las imágenes más representativas de los viajes por carretera australianos.
En Europa, la Ruta del Atlántico de Noruega presenta una experiencia marcada por el mar y la ingeniería. El recorrido, de unos 8,3 kilómetros, conecta las localidades de Averøy y Eide mediante una sucesión de islas, puentes y pequeñas carreteras expuestas al paisaje marítimo. Las condiciones meteorológicas pueden transformar completamente la experiencia: un mismo tramo puede ofrecer aguas tranquilas y cielos despejados o convertirse en un escenario de fuertes vientos y oleaje.
Irlanda propone un viaje más pausado a través del Anillo de Kerry, un circuito de aproximadamente 179 kilómetros por la península de Iveragh. La carretera atraviesa pequeños pueblos, zonas costeras, montañas y paisajes verdes característicos del suroeste del país. El recorrido también permite combinar la conducción con caminatas, visitas a parques nacionales, castillos y miradores sobre el Atlántico.
Para los viajeros latinoamericanos existe además una alternativa particularmente atractiva: la Ruta 40 de Argentina, que atraviesa gran parte del país junto a la cordillera de los Andes y conecta paisajes muy diferentes, desde zonas áridas del norte hasta los escenarios patagónicos. Es uno de los grandes recorridos de larga distancia de Sudamérica y puede combinarse con otros caminos emblemáticos de Chile para construir una travesía mucho más extensa por la Patagonia.
También merece atención la Ruta Transpeninsular de México, conocida como México 1, que atraviesa Baja California desde la zona de Tijuana y Ensenada hasta Cabo San Lucas. El recorrido combina costa del Pacífico, desierto, pequeños pueblos, viñedos y paisajes del mar de Cortés. En el Valle de Guadalupe, por ejemplo, el viajero puede incorporar gastronomía y enoturismo antes de continuar hacia los paisajes desérticos de la península.
Más allá del destino final, estos recorridos tienen algo en común: obligan a viajar a otro ritmo. En una carretera mítica, el paisaje forma parte del itinerario y las paradas espontáneas pueden terminar siendo tan importantes como los lugares incluidos originalmente en el mapa.
Sin embargo, una aventura sobre ruedas requiere preparación. Antes de emprender un recorrido internacional es fundamental comprobar el estado del vehículo, revisar documentación, seguros, combustible disponible y condiciones de las carreteras. También conviene estudiar el clima y calcular distancias realistas, porque una ruta que parece sencilla en el mapa puede incluir zonas sin servicios, caminos de ripio, pasos de montaña o grandes distancias entre poblaciones.
La planificación tampoco significa eliminar la aventura. Al contrario: tener resueltos los aspectos esenciales permite disfrutar con mayor libertad de aquello que hace especial a un viaje por carretera: no saber exactamente qué paisaje aparecerá después de la próxima curva.
Desde la Ruta 66 estadounidense hasta la Patagonia chilena, pasando por Australia, Noruega, Irlanda y México, estas carreteras demuestran que para algunos viajeros el destino no comienza cuando termina el camino; comienza desde el primer kilómetro.
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