Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las imágenes tomadas por integrantes del Servicio Secreto de Estados Unidos siguen aportando una perspectiva poco conocida sobre las horas posteriores al ataque que cambió la historia contemporánea. Algunas de esas fotografías fueron difundidas originalmente en septiembre de 2021, cuando se cumplían dos décadas de la tragedia, y hoy vuelven a adquirir relevancia en el aniversario número 25.
Las fotografías muestran escenas que quedaron fuera de buena parte de la cobertura televisiva de aquel día: las Torres Gemelas envueltas en humo después del impacto de los dos aviones, las operaciones de emergencia en la Zona Cero, vehículos oficiales destruidos y el centro de crisis desde el cual agentes del Servicio Secreto intentaban proteger al presidente y a otros funcionarios de alto nivel. Algunas de estas imágenes fueron aportadas por propios empleados de la agencia y no habían sido difundidas públicamente hasta entonces.
Entre las fotografías que más llamaron la atención se encuentran las de varias limusinas blindadas y otros vehículos pertenecientes a la oficina del Servicio Secreto en Nueva York, dañados durante los acontecimientos. Las imágenes permiten observar que el impacto de la destrucción no se limitó a las Torres Gemelas: el área circundante quedó convertida en un escenario de devastación, con edificios afectados, calles cubiertas de polvo y restos y vehículos inutilizados.
Otra de las fotografías muestra al entonces presidente George W. Bush acompañado por agentes del Servicio Secreto durante su visita a la zona de Nueva York días después de los ataques. La presencia presidencial en la Zona Cero estuvo rodeada por estrictas medidas de seguridad debido al temor de nuevos atentados y a la posibilidad de que los responsables todavía contaran con capacidad para realizar otras operaciones.
El centro de crisis y las horas más inciertas
Las imágenes también permiten acercarse al trabajo interno de los agentes que tenían una misión particularmente delicada: proteger la continuidad del Gobierno estadounidense en medio de un ataque de dimensiones desconocidas.
El entonces director del Servicio Secreto, Brian Stafford, aparece junto a miembros de su equipo superior en el Centro de Crisis de la agencia. En aquellas horas, las autoridades no podían saber con certeza cuántos aviones habían sido secuestrados, cuántos objetivos podían estar amenazados ni si existían otros equipos terroristas preparados para actuar.
La preocupación alcanzaba directamente a la Casa Blanca. El presidente Bush se encontraba en Florida cuando ocurrió el primer ataque y posteriormente fue trasladado en el avión presidencial mientras se establecía un esquema de seguridad extraordinario. El Servicio Secreto tuvo que evaluar simultáneamente la protección del presidente, del vicepresidente Dick Cheney y de otros miembros de la administración. ABC News reconstruyó recientemente ese trabajo y señaló que la agencia llegó a contemplar la posibilidad de un ataque dirigido contra la cúpula del Gobierno estadounidense.
Cuatro aviones secuestrados
La mañana del 11 de septiembre de 2001, 19 integrantes de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales.
Dos fueron estrellados deliberadamente contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York. Un tercero impactó contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa estadounidense, en Arlington, Virginia. El cuarto, el vuelo 93 de United Airlines, cayó en un campo cerca de Shanksville, Pensilvania, después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.
Los ataques provocaron la muerte de 2.977 personas, sin contar a los 19 secuestradores. En Nueva York murieron 2.753 personas; otras 184 fallecieron en el ataque contra el Pentágono y 40 pasajeros y tripulantes murieron en el vuelo 93.
Entre las víctimas se encontraban civiles de decenas de nacionalidades, además de bomberos, policías y trabajadores de emergencia. En total murieron 343 bomberos, 23 agentes de la Policía de Nueva York y 37 integrantes de la Autoridad Portuaria, según los datos recogidos en los informes conmemorativos del atentado.
La Zona Cero después del derrumbe
Las imágenes del Servicio Secreto también documentaron el escenario que quedó después del colapso de las Torres Gemelas. Donde minutos antes se levantaban dos de los edificios más reconocibles de Nueva York había una gigantesca montaña de acero retorcido, concreto, polvo y restos de las estructuras.
El trabajo de búsqueda y recuperación se prolongó durante meses. Bomberos, policías, médicos, trabajadores de emergencia, voluntarios y equipos especializados ingresaron repetidamente en la zona para localizar supervivientes y posteriormente recuperar restos de las víctimas.
La magnitud del desastre hizo que prácticamente toda la ciudad participara de alguna manera en las labores de emergencia. La Biblioteca del Congreso conserva, por ejemplo, una colección de 250 fotografías tomadas en las horas posteriores al ataque, que documentan los incendios, las operaciones de rescate y las condiciones de las calles alrededor del World Trade Center.
Una tragedia que continúa dejando consecuencias
El número de víctimas no terminó de crecer el día del ataque. Miles de personas que estuvieron expuestas al polvo, humo y sustancias tóxicas liberadas durante el derrumbe desarrollaron posteriormente enfermedades respiratorias, distintos tipos de cáncer y otras afecciones relacionadas con su permanencia en la Zona Cero.
Además, el proceso de identificación de víctimas continúa incluso un cuarto de siglo después. En agosto de 2026 se habían identificado los restos de 1.654 de las 2.753 personas fallecidas en Nueva York, mientras más de mil permanecían sin identificación definitiva. Las nuevas técnicas de análisis genético permiten continuar examinando fragmentos recuperados del lugar.
Veinticinco años después
El aniversario número 25 volvió a colocar las fotografías, testimonios y documentos del 11-S en el centro de la memoria pública estadounidense. Las ceremonias realizadas el 11 de septiembre de 2026 reunieron a familiares de las víctimas, sobrevivientes, bomberos, policías, autoridades y expresidentes estadounidenses.
Las imágenes del Servicio Secreto tienen un valor particular porque no muestran únicamente el momento del impacto o el derrumbe que millones de personas observaron por televisión. Muestran también lo que ocurrió detrás de esas imágenes: el desconcierto de los equipos de seguridad, la destrucción de vehículos oficiales, el trabajo de los rescatistas y la dimensión física de una tragedia que durante horas nadie sabía todavía hasta dónde podía llegar.
«Una foto del derrumbe del World Trade Center el 11 de septiembre de un empleado del Servicio Secreto».
«Las fotos donadas por los empleados del Servicio Secreto muestran los esfuerzos de recuperación cerca de la Zona Cero».
Un cuarto de siglo después, aquellas fotografías funcionan como documentos históricos. No solo recuerdan a las casi 3.000 personas asesinadas aquel día; también permiten comprender la magnitud de la emergencia que enfrentaron quienes estuvieron en Nueva York, Washington y Pensilvania mientras Estados Unidos descubría, minuto a minuto, que estaba siendo víctima de uno de los mayores atentados terroristas de la historia.
El 11-S cambió la seguridad internacional, la política exterior estadounidense y la vida cotidiana de millones de personas. Pero detrás de las grandes decisiones geopolíticas permanecen las imágenes de las personas que estuvieron allí: agentes que protegían autoridades, bomberos que ingresaban a edificios en llamas, policías que buscaban sobrevivientes y ciudadanos que intentaban comprender lo que estaba sucediendo. Las fotografías que vuelven a difundirse 25 años después son, sobre todo, parte de esa memoria.
Foto: U.S. Secret Service / Archivo
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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