Una disputa aparentemente gastronómica se ha transformado en un nuevo foco de tensión en las negociaciones comerciales entre México y Estados Unidos. El conflicto gira en torno al derecho a utilizar nombres como parmesano, feta y manchego, mientras México avanza en la implementación de su nuevo acuerdo comercial con la Unión Europea, que protege determinadas denominaciones vinculadas históricamente a regiones específicas del continente europeo.
Washington cuestiona las protecciones concedidas por el acuerdo entre México y la Unión Europea, firmado en mayo. Para la Unión Europea, nombres como Parmigiano Reggiano, feta o manchego están ligados a territorios y métodos de producción determinados. Estados Unidos, en cambio, sostiene desde hace años que algunos de esos términos se han convertido en denominaciones genéricas que pueden utilizar productores de otros países.
La controversia tiene una importante dimensión económica. Estados Unidos exporta aproximadamente 1.000 millones de dólares en quesos al mercado mexicano cada año, mientras que las exportaciones lácteas totales de la Unión Europea hacia México rondan los 200 millones de dólares. Las nuevas protecciones podrían afectar a productores estadounidenses que comercializan productos utilizando nombres tradicionalmente asociados a regiones europeas.
México, entre Washington y Bruselas
El problema surge en un momento especialmente sensible. México y Estados Unidos mantienen conversaciones bilaterales para alcanzar acuerdos comerciales, mientras continúan en paralelo las discusiones sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), uno de los principales pilares de la economía mexicana.
La situación coloca al Gobierno mexicano ante un complejo equilibrio diplomático y comercial. Aunque el acuerdo con la Unión Europea ya fue firmado, todavía requiere completar los procedimientos necesarios para su entrada en vigor en México, incluyendo la ratificación correspondiente. Esto deja abierta una ventana para que Washington ejerza presión sobre el tema de las denominaciones protegidas.
Sin embargo, la Comisión Europea ha señalado que no sería posible modificar unilateralmente los términos acordados y ha tomado nota de la oposición estadounidense a las protecciones para determinados productos europeos.
¿Por qué importa tanto el nombre de un queso?
La disputa forma parte de un debate internacional más amplio sobre las indicaciones geográficas. Europa considera que determinados nombres identifican productos cuya reputación y características están estrechamente vinculadas con un territorio.
El ejemplo más conocido es el Parmigiano Reggiano, producido en zonas específicas de Italia. Algo similar ocurre con determinadas variedades de feta en Grecia o con el manchego originario de la región española de La Mancha.
Estados Unidos sostiene que limitar el uso de estas denominaciones puede obligar a productores extranjeros a emplear expresiones como «estilo feta» o «imitación», generando costos adicionales y restricciones comerciales.
Un mercado fundamental para los productores estadounidenses
México es uno de los grandes consumidores mundiales de queso. Aunque el país posee una fuerte tradición de productos propios, como el queso Oaxaca y el queso fresco, las importaciones han aumentado considerablemente desde la década de 1980 y actualmente representan una parte significativa del consumo nacional.
El crecimiento de cadenas de comida, pizzerías y supermercados ha impulsado la presencia de quesos importados, principalmente procedentes de Estados Unidos. Esta expansión explica por qué Washington considera fundamental mantener abiertas las posibilidades de comercialización bajo los nombres que hoy utilizan sus productores.
Del otro lado, algunos comerciantes y productores mexicanos ven con buenos ojos el acuerdo con Europa porque podría reducir aranceles y ampliar la variedad de productos disponibles para los consumidores. También existen críticas hacia las importaciones estadounidenses de bajo precio, acusadas por algunos sectores de ejercer una fuerte presión competitiva sobre la producción local.
La llamada “diplomacia del queso” demuestra así que el comercio internacional no se limita a aranceles y grandes industrias. Un nombre impreso en una etiqueta puede representar millones de dólares, tradiciones centenarias, derechos de propiedad intelectual y el acceso a uno de los mercados alimentarios más importantes de América.
Para México, el desafío será encontrar un equilibrio entre sus compromisos con la Unión Europea y la enorme importancia económica de su relación comercial con Estados Unidos. La respuesta a una pregunta aparentemente simple —quién puede llamar parmesano, feta o manchego a un queso— podría terminar influyendo en negociaciones mucho más amplias sobre el futuro del comercio en América del Norte.
Foto: Reuters
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