La administración del presidente Donald Trump ha intensificado su estrategia para garantizar el acceso de Estados Unidos a minerales críticos en distintas regiones del mundo. Un informe reciente advierte que Washington está combinando acuerdos comerciales, inversiones, financiamiento público y presión política para asegurar materias primas consideradas esenciales para la industria, la inteligencia artificial y la defensa. El debate ya alcanza directamente a América Latina y, en particular, a Brasil, una de las potencias mundiales con mayor potencial en tierras raras y otros recursos estratégicos.
Los llamados minerales críticos son aquellos considerados fundamentales para la economía o la seguridad nacional y cuya cadena de suministro presenta riesgos de interrupción. Son necesarios para baterías, imanes, centros de datos, tecnologías de inteligencia artificial, equipos industriales y sistemas militares avanzados. La fuerte presencia de China en gran parte de las cadenas mundiales de extracción y, especialmente, de procesamiento ha convertido la búsqueda de proveedores alternativos en una prioridad estratégica para Estados Unidos.
De la transición verde a la seguridad nacional
El informe de Public Citizen, reproducido por Bilaterals.org, sostiene que el enfoque estadounidense ha cambiado de forma significativa. Durante la administración anterior, la política sobre minerales críticos estuvo estrechamente vinculada a la transición energética y las tecnologías limpias. Bajo Trump, según el documento, la justificación se ha desplazado hacia la seguridad nacional, la autonomía industrial y la superioridad militar.
La estrategia, de acuerdo con el análisis, incorpora el acceso a minerales dentro de una nueva generación de acuerdos comerciales y de inversión, muchos de ellos bilaterales. El informe critica que algunos procesos hayan estado rodeados de negociaciones reservadas y presiones comerciales, incluidas amenazas arancelarias. Se trata de la interpretación de una organización de defensa del interés público y no de una caracterización oficial del Gobierno estadounidense, que presenta estas políticas como medidas para fortalecer la seguridad de sus cadenas de suministro.
Miles de millones para asegurar recursos
Washington también está destinando importantes recursos al desarrollo de su propia capacidad minera y de procesamiento. El 7 de agosto, la Casa Blanca anunció más de 2.000 millones de dólares en nuevos proyectos vinculados a la minería y minerales críticos, además de más de 180 millones de dólares para inversiones relacionadas con la formación de trabajadores del sector.
Días después, el Departamento de Energía anunció 500 millones de dólares en subvenciones para siete empresas dedicadas a proyectos de litio, cobalto, baterías y reciclaje de materiales. El objetivo declarado es reducir la dependencia estadounidense de las cadenas dominadas por China y avanzar hacia una mayor capacidad nacional en sectores estratégicos.
La competencia no se limita, sin embargo, al territorio estadounidense. La búsqueda de nuevos proveedores está aumentando el interés de grandes potencias por países con reservas todavía poco explotadas.
Brasil entra en el centro de la disputa
Para América del Sur, esta nueva carrera adquiere una importancia especial. Brasil posee un enorme potencial en tierras raras y minerales estratégicos, recursos que han despertado el interés de empresas y gobiernos extranjeros.
El ministro brasileño de Minas y Energía, Alexandre Silveira, afirmó recientemente que las tierras raras se han convertido en un activo estratégico para Brasil en medio de la disputa entre Estados Unidos y China. Según informaciones publicadas en los últimos días, la mina Serra Verde, en Goiás, se ha convertido en uno de los proyectos más observados dentro de esta competencia internacional.
El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva también ha acelerado el debate legislativo sobre minerales críticos. La preocupación brasileña es evitar que el país se limite nuevamente a exportar materia prima sin desarrollar las etapas de procesamiento y producción de mayor valor agregado. Lula ha defendido una mayor capacidad estatal de control sobre estos recursos y el desarrollo de una cadena industrial dentro del propio país.
El dilema para América Latina
La creciente demanda mundial representa una gran oportunidad económica, pero también plantea interrogantes. Los países que poseen litio, cobre, tierras raras, níquel y otros minerales estratégicos podrían atraer inversiones multimillonarias, generar empleos y desarrollar nuevas industrias.
El riesgo, según advierten organizaciones y especialistas críticos del actual modelo extractivo, es que las naciones productoras continúen ocupando únicamente el papel de proveedores de materia prima, mientras el procesamiento tecnológico y las mayores ganancias permanezcan concentrados en Estados Unidos, China, Europa u otras grandes economías.
La verdadera batalla, por tanto, no será solamente por quién extrae el mineral, sino por quién lo procesa, lo transforma y fabrica con él las tecnologías del futuro.
Una competencia que puede redefinir la geopolítica
La disputa por los minerales críticos se está convirtiendo en uno de los grandes escenarios de competencia internacional. China mantiene una posición dominante en varias etapas de las cadenas de suministro, mientras Estados Unidos acelera inversiones internas y busca nuevos acuerdos con países productores. La Unión Europea y otras potencias también intentan reducir sus propias vulnerabilidades.
Para el MERCOSUR y América del Sur, el escenario abre una discusión estratégica: ¿deben los países limitarse a vender sus recursos o aprovechar esta nueva demanda para construir industrias capaces de generar tecnología y valor agregado dentro de la región?
La respuesta puede definir buena parte del futuro económico sudamericano. Con minerales estratégicos repartidos en Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay y otros países de la región, la competencia entre las grandes potencias podría convertirse en una oportunidad histórica de desarrollo o en una nueva etapa de dependencia de la exportación de recursos naturales.
La carrera por los minerales ya comenzó. Y América del Sur posee una parte importante de los recursos que el mundo necesitará para alimentar la inteligencia artificial, la transición tecnológica, la industria avanzada y la seguridad de las grandes potencias. El desafío será decidir bajo qué condiciones y en beneficio de quién se explotarán esas riquezas.
Foto: Public Citizen / Matthew Williams-Ellis
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