Los jóvenes brasileños de entre 16 y 24 años se han convertido en el grupo con mayor proporción de fumadores del país, según una investigación reciente que vuelve a encender las alertas sobre el consumo de cigarrillos y dispositivos electrónicos. El fenómeno preocupa especialmente por su relación con la ansiedad, la presión social y el riesgo de desarrollar dependencia a la nicotina desde edades tempranas.
El estudio “O Brasileiro e o Câncer”, realizado por Nexus en asociación con el A.C.Camargo Cancer Center y basado en más de 2.000 entrevistas, indicó que el 19% de los brasileños de 16 a 24 años se declara fumador activo, incluyendo cigarrillos convencionales y dispositivos electrónicos. La cifra supera la media nacional del 17% y también a los demás grupos de edad: entre 25 y 40 años el índice fue del 15%; entre 41 y 59 años, del 17%; y entre los mayores de 60 años, del 16%.
Ansiedad, pertenencia y la búsqueda de aceptación
Especialistas consultados sobre el fenómeno señalan que el consumo entre los jóvenes no puede explicarse únicamente por la curiosidad. La necesidad de pertenecer a un grupo, el temor al rechazo y la búsqueda de una respuesta rápida frente al estrés pueden desempeñar un papel importante.
La psicóloga Alessandra Araújo explicó que, para algunos jóvenes, fumar puede convertirse en un símbolo de identidad o en una forma de buscar aceptación social. La elevada presión académica y social también puede llevar a utilizar la nicotina como una forma de alivio inmediato, aunque ese mecanismo puede terminar fortaleciendo la dependencia.
El primer contacto con el cigarrillo ocurre, en promedio, alrededor de los 16 años, según los datos difundidos a partir de la investigación. Esta iniciación temprana representa un motivo adicional de preocupación porque aumenta el tiempo potencial de exposición y puede dificultar el abandono posterior del hábito.
La nicotina y un cerebro que todavía está en desarrollo
El problema adquiere una dimensión aún mayor durante la adolescencia y la juventud. Los especialistas advierten que la nicotina puede afectar circuitos cerebrales que todavía se encuentran en proceso de desarrollo, especialmente aquellos vinculados al control de impulsos y a la toma de decisiones.
La relación entre tabaco y salud mental es compleja. La nicotina puede producir una sensación momentánea de alivio, pero eso no significa que resuelva la ansiedad. Por el contrario, la dependencia y los ciclos de abstinencia pueden contribuir a mantener o agravar el malestar en determinadas personas.
Cigarrillos y vapeadores, un nuevo desafío
El crecimiento de los dispositivos electrónicos ha añadido una nueva preocupación a las políticas de salud pública brasileñas. Datos oficiales muestran que, entre los jóvenes de 18 a 24 años, la frecuencia del uso de cigarrillos o dispositivos electrónicos pasó del 7,4% en 2019 al 10,1% en 2024, el mayor registro de la serie histórica para esa franja etaria.
La facilidad de uso y la presencia de productos asociados a nuevos formatos pueden contribuir a que el consumo resulte menos visible que el cigarrillo tradicional. Sin embargo, las autoridades sanitarias mantienen la advertencia: la exposición a la nicotina continúa generando riesgo de dependencia y otros daños para la salud.
El corazón también siente los efectos
El impacto no se limita al sistema respiratorio. El cardiólogo Álvaro Paiva señaló que el consumo de nicotina puede acelerar el ritmo cardíaco, elevar la presión arterial y provocar constricción de los vasos sanguíneos.
Con el paso del tiempo, la exposición repetida a sustancias tóxicas puede favorecer procesos de inflamación y daño vascular, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Palpitaciones y otros síntomas, además, pueden confundirse con manifestaciones de ansiedad, lo que hace necesaria una evaluación médica adecuada cuando los síntomas persisten.
Dejar de fumar sigue siendo una oportunidad para recuperar la salud
La buena noticia es que abandonar el consumo produce beneficios progresivos. Según los especialistas consultados por R7, durante los primeros días pueden comenzar a mejorar indicadores como la frecuencia cardíaca y la presión arterial; posteriormente pueden observarse mejoras en la circulación y la función pulmonar.
Brasil también cuenta con políticas públicas de prevención y tratamiento del tabaquismo. El Ministerio de Salud continúa promoviendo campañas para alertar sobre los daños del cigarrillo y estimular el abandono del consumo, especialmente entre los grupos más jóvenes.
El dato del 19% revela un cambio que merece atención: en un país que durante décadas logró avances importantes en la reducción del tabaquismo, la juventud vuelve a situarse en el centro de la preocupación. La combinación de ansiedad, presión social, búsqueda de aceptación y nuevas formas de consumo de nicotina plantea un desafío que no se resolverá únicamente con prohibiciones. La información, la prevención y el acceso temprano a apoyo para la salud mental y el tratamiento de la dependencia serán claves para evitar que una decisión aparentemente momentánea se transforme en un problema para toda la vida.
Foto: Joédson Alves / Agência Brasil
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