Una sucesión de terremotos y sismos registrados en distintos puntos de Sudamérica volvió a poner la actividad sísmica del continente en el centro de la atención. Venezuela, Colombia, Perú y Chile han protagonizado recientemente episodios de distinta magnitud, mientras Argentina continúa registrando movimientos frecuentes, principalmente en la región cordillerana. La coincidencia temporal puede resultar llamativa, pero los especialistas advierten que estos terremotos no forman necesariamente una misma cadena ni significan que un gran sismo esté a punto de ocurrir en Argentina.
Sudamérica se encuentra sobre una de las regiones tectónicas más activas del planeta. La explicación fundamental está en el contacto entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana. La primera se desplaza hacia el este y se introduce por debajo de la segunda en un proceso conocido como subducción. Esa interacción es responsable de buena parte de la enorme actividad sísmica que se concentra a lo largo de Chile, Perú, Ecuador y Colombia, y también influye sobre la sismicidad del oeste argentino.
La Cordillera de los Andes es, en realidad, una expresión visible de ese proceso geológico que comenzó hace millones de años y continúa actualmente. La presión acumulada en las estructuras tectónicas se libera periódicamente mediante terremotos de diferentes magnitudes. No existe una “pausa” en la actividad sísmica en el sentido de que la Tierra deje de acumular energía y luego vuelva a activarse de manera simultánea en todo un continente. Cada falla tiene su propia dinámica.
Los terremotos recientes en diferentes países sudamericanos tampoco permiten establecer una relación directa entre ellos. Un terremoto ocurrido en Venezuela no significa que otro registrado en Perú o Chile haya sido provocado por el primero. Aunque todos forman parte de un continente sometido a grandes fuerzas tectónicas, las fallas que liberan energía pueden encontrarse a cientos o miles de kilómetros de distancia y responder a procesos diferentes.
La actividad reciente de Argentina permite observar esta realidad con claridad. El registro oficial del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) muestra numerosos movimientos durante agosto en San Juan, La Rioja, Catamarca, Salta, Jujuy, Mendoza y otras zonas. La mayoría son de magnitudes pequeñas y muchos ni siquiera son percibidos por la población.
El 24 de agosto, por ejemplo, el INPRES registró un sismo de magnitud 2,4 y 11 kilómetros de profundidad cuyo epicentro se ubicó 9 kilómetros al noreste de La Falda, en Córdoba. Fue percibido levemente por algunas personas en reposo en Agua de Oro.
En San Juan también se produjeron varios movimientos durante los últimos días. El 20 de agosto, dos sismos localizados en las proximidades de Valle Fértil tuvieron magnitudes de 3,1 y 2,6, a profundidades de 10 y 8 kilómetros respectivamente, y fueron registrados como levemente perceptibles en Villa San Agustín.
La secuencia demuestra que Argentina tiembla con mucha mayor frecuencia de lo que suele percibir la población. El registro histórico del INPRES contiene más de 10.000 sismos y actualmente muestra los 500 movimientos más recientes. La mayor parte corresponde a eventos pequeños, pero la concentración de registros en provincias como San Juan, Mendoza, La Rioja, Catamarca y Salta refleja la actividad tectónica permanente de la región.
El hecho de que se produzcan numerosos sismos pequeños no significa automáticamente que se esté acumulando energía para un terremoto mayor. En algunos casos, las secuencias de pequeños movimientos pueden liberar parte de la energía acumulada; en otros, pueden ser completamente independientes. La ciencia actual no permite utilizar una sucesión de pequeños terremotos como un calendario capaz de anticipar exactamente cuándo ocurrirá uno grande.
Ese punto es fundamental porque los terremotos continúan siendo uno de los fenómenos naturales más difíciles de predecir. Los sistemas científicos pueden identificar zonas de mayor peligro, estudiar las fallas, estimar probabilidades y medir movimientos prácticamente en tiempo real, pero no pueden determinar con precisión el día, la hora y el lugar exacto del próximo gran terremoto.
Argentina, además, no presenta el mismo nivel de peligro sísmico en todo su territorio. El mayor riesgo se concentra en el oeste y noroeste, particularmente en sectores de San Juan, Mendoza, La Rioja, Catamarca, Salta y Jujuy. La cercanía con la zona de subducción andina y la presencia de numerosas fallas activas explican buena parte de esa distribución.
San Juan ocupa un lugar especialmente importante en la historia sísmica argentina. El terremoto de 1944, que destruyó gran parte de la ciudad y provocó miles de víctimas, permanece como uno de los episodios más graves de la historia nacional. Posteriormente, el terremoto de Caucete de 1977 volvió a demostrar que el riesgo no se limita exclusivamente a las zonas inmediatamente próximas a la Cordillera.
El problema argentino, por lo tanto, no es que el país esté experimentando una repentina aparición de terremotos, sino que existen regiones donde el peligro sísmico forma parte de las condiciones naturales del territorio. La diferencia entre un movimiento de magnitud 3 y uno capaz de provocar daños importantes puede ser enorme, especialmente dependiendo de la profundidad, la distancia a las ciudades, el tipo de suelo y la calidad de las construcciones.
La profundidad es otro elemento decisivo. Dos terremotos con magnitudes similares pueden generar efectos muy diferentes si uno ocurre cerca de la superficie y otro a más de 100 kilómetros. Los registros recientes del INPRES muestran precisamente esa diversidad: algunos movimientos argentinos se produjeron a pocos kilómetros de profundidad, mientras otros ocurrieron a más de 100 kilómetros.
También es importante diferenciar magnitud de intensidad. La magnitud mide la energía liberada en el origen del terremoto, mientras que la intensidad describe cómo se percibió el movimiento y qué efectos produjo en un determinado lugar. Por eso, un sismo relativamente pequeño puede sentirse claramente cerca del epicentro y otro de mayor magnitud puede generar efectos limitados en una zona distante.
El escenario sudamericano tampoco permite afirmar que Venezuela, Colombia, Perú, Chile y Argentina estén entrando simultáneamente en una etapa excepcional de terremotos. La región siempre registra actividad sísmica, y la mayor cantidad de información disponible, las redes de monitoreo y la difusión inmediata a través de las redes sociales hacen que hoy los movimientos sean conocidos prácticamente en tiempo real.
Eso sí modifica la percepción pública. Un terremoto que antes podía ser conocido horas o días después ahora aparece inmediatamente en teléfonos móviles, redes sociales y medios de comunicación. Cuando varios episodios ocurren en un período corto, la impresión puede ser la de una región que “no deja de temblar”, aunque los movimientos pertenezcan a sistemas tectónicos diferentes.
La verdadera preocupación para Argentina debería estar enfocada en otro punto: la preparación. La imposibilidad de predecir exactamente un terremoto no significa que sea imposible reducir sus consecuencias. La calidad de las construcciones, el cumplimiento de normas antisísmicas, los sistemas de emergencia, la educación de la población y la planificación urbana son factores que pueden determinar la diferencia entre un movimiento peligroso y una catástrofe.
En ese sentido, el monitoreo permanente del INPRES tiene una importancia central. Los registros permiten conocer dónde están ocurriendo los movimientos, su magnitud, profundidad y, cuando son percibidos, la intensidad registrada en diferentes localidades. Esa información también contribuye al conocimiento de las estructuras geológicas y a la elaboración de mapas de amenaza sísmica.
La actividad reciente deja entonces una conclusión mucho más importante que la idea de una supuesta “ola” de terremotos: Sudamérica vive permanentemente sobre una estructura tectónica activa y Argentina forma parte de ella. El país no está fuera del sistema andino ni puede considerarse sísmicamente inmune.
La pregunta no es si Argentina volverá a experimentar un terremoto importante. La historia geológica y los antecedentes del país indican que volverán a producirse. La cuestión verdaderamente relevante es cuándo ocurrirá, dónde estará el epicentro, qué magnitud tendrá y qué tan preparada estará la sociedad para enfrentarlo.
Por ahora, los registros oficiales de agosto muestran actividad sísmica frecuente, pero predominantemente de magnitudes bajas. Los datos disponibles no permiten sostener que exista una señal científica que anuncie un gran terremoto inminente en Argentina.
La tierra no está enviando una cuenta regresiva. Está haciendo lo que hace desde hace millones de años: mover lentamente sus placas y liberar, de vez en cuando, parte de la enorme energía acumulada bajo nuestros pies. El verdadero riesgo no está en que el continente tiemble, sino en olvidar que puede hacerlo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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