Estados Unidos vivió uno de sus episodios criminales más estremecedores en agosto de 1990, cuando cinco estudiantes fueron asesinados en Gainesville, Florida, en menos de una semana. El responsable fue Danny Harold Rolling, un delincuente con antecedentes de violencia que posteriormente fue identificado como autor de los homicidios y que terminó convirtiéndose en una de las figuras criminales que inspiraron al guionista Kevin Williamson para desarrollar a Ghostface, el asesino enmascarado de la saga cinematográfica Scream.
La historia comenzó el 24 de agosto de 1990, cuando el policía Ray Barber recibió una llamada aparentemente rutinaria por ruidos molestos en un complejo de departamentos donde vivían estudiantes de la Universidad de Florida. Al llegar, el encargado del edificio le informó que había intentado comunicarse varias veces con una de las residentes, Christina Powell, pero nadie respondía. El automóvil de la joven permanecía estacionado y no había sido vista desde la noche anterior.
El procedimiento terminó convirtiéndose en el descubrimiento de un doble homicidio. Powell y Sonja Larson, de 17 y 18 años, respectivamente, fueron encontradas muertas dentro del departamento. La investigación posterior determinó que ambas habían sido víctimas de agresión sexual antes de los asesinatos y que el atacante había alterado deliberadamente la escena del crimen.
La conmoción se multiplicó porque aquel doble crimen no era un hecho aislado. Durante los días siguientes se produjeron otros tres asesinatos relacionados, todos en una ciudad universitaria que rápidamente quedó dominada por el miedo. Los medios comenzaron a referirse al responsable como el “Destripador de Gainesville”, mientras la policía intentaba determinar quién estaba detrás de la serie.
La investigación revelaría posteriormente que Rolling había llegado a Gainesville a comienzos de agosto y se había instalado en una zona boscosa próxima al campus universitario. Desde allí observaba el movimiento de estudiantes y seleccionaba a sus víctimas, antes de ingresar en sus viviendas y atacarlas.
Ese mismo 24 de agosto, después de los primeros dos homicidios, Rolling asesinó también a Christa Hoyt, una estudiante de 18 años, que regresó a su vivienda sin saber que el atacante se encontraba dentro. El crimen amplió el alcance de la investigación y confirmó que la policía estaba frente a un asesino serial.
Tres días después, el 27 de agosto, fueron asesinados Tracy Paules y Manuel Taboada. Con cinco víctimas en menos de una semana, Gainesville quedó prácticamente paralizada por el temor. Los investigadores buscaban desesperadamente una conexión entre las escenas mientras aumentaba la presión pública para encontrar al responsable.
El caso tuvo además una dimensión particularmente compleja porque la policía llegó a detener inicialmente a otro hombre, Edward Lewis Humphrey, un estudiante de la Universidad de Florida que tenía antecedentes de problemas de salud mental y episodios violentos. Humphrey permaneció detenido mientras los investigadores intentaban establecer si podía estar relacionado con los asesinatos.
La verdadera pista apareció de una manera inesperada. El 7 de septiembre de 1990, dos agentes detuvieron a Rolling cuando intentaba robar en un supermercado. En ese momento no sabían que tenían delante al hombre buscado por los asesinatos de Gainesville. La conexión surgió cuando revisaron sus antecedentes y descubrieron que era buscado en Louisiana por haber intentado matar a su propio padre.
La información cambió completamente la investigación. Rolling procedía de Shreveport, Louisiana, donde anteriormente se había cometido otro triple homicidio con características similares. Los investigadores tomaron entonces una muestra de ADN y comprobaron que coincidía con evidencias obtenidas en las escenas de Gainesville.
La policía también registró el campamento que Rolling había instalado cerca de la universidad. Allí encontró objetos relacionados con las víctimas y grabaciones de audio en las que el propio Rolling hablaba sobre los asesinatos. La evidencia permitió construir un caso mucho más sólido contra él.
La captura, por lo tanto, no fue consecuencia de una gran operación policial diseñada específicamente para localizarlo. Rolling cayó después de ser detenido por otro delito, y solamente cuando sus antecedentes fueron contrastados con la información de la investigación los agentes comprendieron quién era el hombre que tenían bajo custodia.
La historia criminal de Rolling había comenzado mucho antes de Gainesville. Nacido en Shreveport en 1954, creció en una familia marcada por la violencia doméstica, según los informes psiquiátricos utilizados posteriormente durante el proceso judicial. Su padre era policía y, de acuerdo con esos documentos, ejercía violencia contra su esposa y sus hijos.
Los especialistas que lo entrevistaron describieron posteriormente diferentes trastornos de personalidad y otras alteraciones psiquiátricas, además de consumo problemático de alcohol y drogas. Sin embargo, los psiquiatras forenses concluyeron que Rolling comprendía la diferencia entre el bien y el mal y que podía ser considerado penalmente responsable de sus actos.
Su vida adulta estuvo marcada por inestabilidad, pequeños delitos y períodos de encarcelamiento. En 1989, antes de trasladarse a Florida, cometió un triple asesinato en Shreveport, en el que murieron un hombre de 55 años, su hija de 24 y un niño de ocho años.
Poco después de esos asesinatos, Rolling intentó matar a su propio padre. Le disparó dos veces y lo dejó gravemente herido, pero el hombre sobrevivió y posteriormente denunció a su hijo ante las autoridades. Rolling huyó entonces hacia Florida, donde comenzaría la serie de asesinatos que lo convertiría en uno de los criminales más conocidos de Estados Unidos.
La investigación posterior estableció que Rolling fue responsable de los cinco asesinatos de Gainesville y también confesó los homicidios cometidos en Louisiana. En 1994, un jurado del condado de Alachua lo declaró culpable de cinco asesinatos en primer grado y un juez lo condenó a muerte.
Durante años permaneció en el corredor de la muerte de la prisión estatal de Florida. Rolling continuó concediendo entrevistas y finalmente aceptó hablar extensamente sobre sus crímenes con la periodista Sondra London, quien produjo posteriormente el documental The Making of a Serial Killer.
El criminal intentó explicar sus acciones atribuyéndolas a una supuesta personalidad diabólica a la que denominaba “Géminis”. Los especialistas rechazaron la idea de que esa explicación eliminara su responsabilidad penal, y el proceso judicial concluyó que sabía lo que estaba haciendo.
La relación entre Rolling y la cultura popular apareció varios años después. El guionista Kevin Williamson conoció la historia de los asesinatos de Gainesville y encontró en ella parte de la inspiración para desarrollar el concepto que posteriormente se convertiría en Scream.
La película, dirigida por Wes Craven y protagonizada por Neve Campbell, David Arquette y Courteney Cox, llegó a los cines en 1996, cinco años después de que Rolling fuera encarcelado. El personaje de Ghostface se convirtió posteriormente en uno de los villanos más reconocibles del cine de terror contemporáneo.
La relación entre un asesino real y una franquicia cinematográfica plantea, sin embargo, una cuestión más compleja. La transformación de un crimen real en entretenimiento puede hacer que la figura del criminal termine siendo más conocida que las propias víctimas. En el caso de Gainesville, cinco jóvenes perdieron la vida, mientras que décadas después el nombre de Rolling continúa apareciendo asociado a una saga cinematográfica de enorme popularidad.
Rolling murió el 25 de octubre de 2006, ejecutado mediante inyección letal en Florida. La noche anterior recibió una última comida compuesta, entre otros platos, por camarones, papas al horno y cheesecake.
Su historia dejó una huella particular en la cultura estadounidense. Un delincuente que había cometido asesinatos antes de llegar a Gainesville terminó desencadenando una investigación que cruzó estados, antecedentes criminales y pruebas de ADN, y posteriormente se convirtió en una referencia para una de las franquicias más exitosas del cine de terror.
Pero detrás del personaje cinematográfico permanece una historia real mucho más grave: cinco estudiantes asesinados en una ciudad universitaria que durante varios días vivió bajo el temor de que el responsable pudiera volver a atacar.
La captura de Rolling también dejó una de esas paradojas que marcan las grandes investigaciones criminales. La policía no lo encontró inicialmente siguiendo la pista de los asesinatos: lo detuvo por un robo y descubrió su verdadera identidad al revisar sus antecedentes. Una coincidencia aparentemente menor terminó resolviendo una investigación que había mantenido en vilo a Gainesville.
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