
CUANDO CREEMOS HABER ENCONTRADO A LA PERSONA QUE NECESITÁBAMOS.
En nuestro artículo anterior iniciamos una serie dedicada a comprender las etapas de la dependencia emocional. Hablamos de sus características, algunas de sus posibles causas y de cómo un vínculo afectivo puede transformarse progresivamente hasta hacer que una persona coloque gran parte de su estabilidad emocional en manos de otra.
Ahora comenzamos nuestro recorrido por la primera etapa: la euforia y la idealización.
Esta fase es particularmente interesante porque la dependencia emocional no necesariamente comienza con sufrimiento, discusiones, celos o miedo.
Puede comenzar exactamente al contrario.
Comienza con ilusión.
Con intensidad.
Con largas conversaciones.
Con la sensación de haber encontrado finalmente a alguien diferente.
Y algunas veces, con una frase interior que parece completamente inocente:
“Esta es la persona que estaba esperando.”
¿Qué es la fase de euforia e idealización?
Durante las primeras etapas de una relación es completamente natural experimentar entusiasmo, deseo de cercanía y una percepción especialmente positiva de la otra persona.
El enamoramiento puede hacer que nuestra atención se concentre en sus cualidades y que imaginemos posibilidades futuras.
El problema no es enamorarse.
La dificultad aparece cuando comenzamos a construir una imagen de la persona que supera aquello que realmente conocemos de ella.
Idealizar significa completar con expectativas aquello que todavía desconocemos.
Sabemos algunas cosas sobre la persona, pero nuestra mente comienza a construir el resto.
Interpretamos pequeños gestos como pruebas de compatibilidad extraordinaria. Las coincidencias adquieren un significado especial. Las diferencias pueden minimizarse y las señales que contradicen nuestra expectativa pueden ser justificadas.
De esta manera, podemos terminar relacionándonos no solamente con la persona que tenemos delante, sino también con la persona que imaginamos que llegará a ser.
Cuando la intensidad se confunde con profundidad.
Una relación puede desarrollarse rápidamente.
Dos personas pueden sentir una conexión intensa desde los primeros encuentros y eso, por sí mismo, no representa dependencia emocional.
El problema aparece cuando interpretamos automáticamente la intensidad emocional como evidencia de profundidad afectiva.
Sentir mucho no significa necesariamente conocer profundamente.
La confianza necesita experiencias compartidas.
La compatibilidad necesita tiempo.
El carácter de una persona se descubre también en los desacuerdos, las frustraciones, los límites y las dificultades.
Sin embargo, durante la idealización puede aparecer una sensación de certeza prematura:
“Nunca había sentido esto.”
“Somos exactamente iguales.”
“Parece que nos conocemos de toda la vida.”
“Sé que esta relación será diferente.”
La emoción comienza entonces a adelantarse a la realidad.
Fantasear un futuro antes de construir un presente.
Otra característica frecuente de esta etapa es la construcción acelerada de proyectos futuros.
Se habla de viajes, convivencia, matrimonio, familia o planes de largo plazo cuando todavía existe poco conocimiento mutuo.
Imaginar un futuro con alguien no es necesariamente problemático.
La dificultad aparece cuando la fantasía comienza a ocupar el lugar de la observación.
En vez de preguntarnos quién es realmente esa persona, comenzamos a pensar en quién podría llegar a ser dentro de nuestra vida.
Y cuanto más elaborada sea esa fantasía, mayor puede ser posteriormente el miedo a perderla.
Porque una ruptura ya no significaría solamente perder una persona.
Significaría perder también todo el futuro que habíamos imaginado junto a ella.
“Llegaste justo cuando más te necesitaba.”
Existe otro elemento importante en la primera etapa de algunas relaciones dependientes: el momento emocional en el que aparece la pareja.
Una persona puede iniciar una relación después de experimentar soledad, rechazo, una ruptura anterior, inseguridad, baja autoestima o una profunda necesidad de sentirse acompañada.
Entonces aparece alguien que escucha.
Que escribe.
Que pregunta cómo estuvo nuestro día.
Que muestra interés.
Que nos hace sentir importantes.
Y algo cambia.
La tristeza disminuye.
La soledad parece desaparecer.
La autoestima aumenta.
Regresa la ilusión.
La persona puede comenzar a asociar rápidamente todo ese bienestar con el nuevo vínculo.
Sin darse cuenta, puede aparecer una peligrosa conclusión emocional:
“Desde que esta persona llegó, estoy bien.”
El problema no está en que alguien contribuya a nuestra felicidad. Las relaciones saludables también producen bienestar.
La diferencia aparece cuando comenzamos a sentir:
“Necesito que esta persona permanezca para poder seguir estando bien.”
Ahí puede comenzar a construirse la dependencia.
La idealización también puede ocultar señales
Cuando deseamos intensamente que una relación funcione, nuestra percepción puede volverse selectiva.
Observamos aquello que confirma nuestra ilusión y restamos importancia a aquello que podría cuestionarla.
Una actitud posesiva puede interpretarse como interés.
Los celos pueden confundirse con amor.
La necesidad constante de saber dónde estamos puede parecer preocupación.
Una reconciliación muy intensa después de un conflicto puede percibirse como demostración de pasión.
Incluso determinadas incompatibilidades pueden justificarse pensando:
“Con el tiempo cambiará.”
Aquí resulta fundamental distinguir entre comprender los defectos normales de cualquier persona y justificar repetidamente comportamientos que contradicen nuestros propios límites.
El enamoramiento puede decir:
“Me gusta esta persona a pesar de conocer sus imperfecciones.”
La idealización, en cambio, puede decir:
“Necesito encontrar una explicación para todo aquello que amenaza la imagen que construí de esta persona.”
El nacimiento del miedo.
Paradójicamente, cuanto más perfecta percibimos una relación, más aterradora puede resultar la posibilidad de perderla.
Si creemos haber encontrado a “la única persona capaz de comprendernos”, entonces cualquier distanciamiento puede sentirse como una amenaza extraordinaria.
Aquí puede comenzar una transición silenciosa.
La felicidad inicial empieza a mezclarse con miedo.
“¿Y si cambia?”
“¿Y si conoce a otra persona?”
“¿Y si deja de sentir lo mismo?”
“¿Y si lo pierdo?”
Todavía puede existir mucha felicidad, pero aparece una nueva necesidad: asegurar el vínculo.
Más mensajes.
Más confirmaciones.
Más tiempo juntos.
Más necesidad de saber qué siente la otra persona.
La relación que inicialmente producía libertad comienza lentamente a convertirse en una fuente de vigilancia emocional.
Preguntas para reconocer la idealización.
Esta etapa puede ser difícil de identificar porque muchas de sus características pueden parecer similares al enamoramiento normal.
Por eso resulta útil detenerse y preguntarse:
¿Estoy conociendo a esta persona o imaginando quién quiero que sea?
¿Puedo reconocer sus defectos sin justificarlos inmediatamente?
¿Estoy abandonando actividades importantes para estar disponible constantemente?
¿Estoy haciendo proyectos demasiado grandes para el tiempo que realmente llevamos conociéndonos?
¿Mi bienestar comienza a depender de recibir sus mensajes o atención?
¿Siento ansiedad cuando no está disponible?
¿Estoy respetando el ritmo natural de la relación?
¿Puedo disfrutar este vínculo sin necesitar garantías permanentes sobre el futuro?
Estas preguntas no pretenden convertir el enamoramiento en algo sospechoso.
Pretenden algo mucho más importante:
permitir que la emoción y la realidad puedan caminar juntas.
Amar también significa conocer
Una relación saludable no necesita construirse rápidamente para ser profunda.
Puede existir entusiasmo sin perder prudencia.
Puede existir ilusión sin abandonar la realidad.
Puede existir enamoramiento sin renunciar a la individualidad.
Conocer verdaderamente a alguien significa permitir que el tiempo nos muestre quién es esa persona cuando está feliz, frustrada, cansada, en desacuerdo, bajo presión y frente a nuestros límites.
También significa permitir que esa persona nos conozca sin convertirnos en aquello que creemos que necesita.
“El simple todo lo cree; más el avisado mira bien sus pasos.” Proverbios 14:15 (RVR1960)
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Dra. Elizabeth Rondón. Especialista en bienestar emocional, relaciones humanas y desarrollo organizacional.
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.

