Asunción llega a sus 489 años con una cartera de proyectos que podría modificar profundamente su relación con el Centro Histórico, la Costanera, el transporte y los nuevos polos urbanos. Con inversiones públicas, financiamiento internacional y obras que apuntan hacia el aniversario número 500 de la capital en 2037, Paraguay tiene ante sí una oportunidad poco frecuente: dejar de sumar obras aisladas y construir finalmente una estrategia urbana capaz de conectar movilidad, vivienda, patrimonio, economía y calidad de vida.
La capital paraguaya celebra este 15 de agosto de 2026 sus 489 años, pero la fecha funciona también como una cuenta regresiva hacia 2037, cuando Asunción alcanzará cinco siglos de historia. La coincidencia ha convertido el aniversario en una especie de plazo político y urbanístico: existen poco más de diez años para demostrar que los proyectos actualmente en marcha pueden producir una transformación estructural y no solamente una colección de obras inauguradas por separado.
La magnitud del desafío se entiende mejor al observar la población. Las proyecciones revisadas del Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúan a Asunción en 464.185 habitantes en 2025, con una tendencia demográfica que llevaría la cifra a 461.227 en 2026 y 458.223 en 2027. Es decir, la capital no está creciendo demográficamente al ritmo que podría sugerir su peso económico y administrativo. Sin embargo, la ciudad recibe diariamente una enorme población que llega desde el área metropolitana para trabajar, estudiar, comerciar o utilizar servicios.
Ahí aparece una de las principales paradojas de Asunción: una ciudad con una población residente relativamente estable debe atender una presión urbana mucho mayor durante el día. El problema no se resuelve únicamente construyendo más avenidas. Requiere transporte público eficiente, conexiones metropolitanas, saneamiento, espacios públicos, vivienda, infraestructura digital y una planificación capaz de comprender a Asunción como parte de un territorio urbano mucho más amplio.
El primer gran frente es el Centro Histórico de Asunción (CHA). Durante décadas se elaboraron planes para recuperar el corazón de la capital, pero muchos quedaron parcialmente ejecutados o terminaron fragmentados entre diferentes administraciones. El Plan Maestro del Centro Histórico, conocido como Plan CHA, ya había planteado estrategias para conectar patrimonio, espacios públicos, movilidad, medioambiente y actividad económica. El problema histórico no ha sido la ausencia de ideas, sino la dificultad para convertirlas en una política urbana sostenida.
En 2026 esa agenda recibió un nuevo impulso con el Manual de Diseño Urbano del Centro Histórico, concebido para establecer criterios comunes para calles, veredas, mobiliario, iluminación, accesibilidad, patrimonio y otros elementos del espacio público. El objetivo es evitar que cada obra vuelva a inventar su propio lenguaje urbano y conseguir que las intervenciones formen parte de una imagen coherente de ciudad. El MOPC ya había identificado el manual como un instrumento técnico destinado a orientar las futuras intervenciones del centro.
Pero restaurar fachadas y plazas no será suficiente. El verdadero problema del centro es la pérdida de población residente y de actividad fuera del horario laboral. Una zona histórica puede tener edificios restaurados y continuar vacía por las noches si no existen viviendas, comercio, servicios, seguridad y transporte. Por eso, la discusión urbana comienza a desplazarse desde el concepto de “poner bonito el centro” hacia otro mucho más complejo: volver a vivir en el centro.
La estrategia incluye intervenciones concretas. La Plaza O’Leary, la Plaza Uruguaya, el eje de la avenida Paraguayo Independiente y otros espacios públicos forman parte de una agenda que busca recuperar áreas deterioradas. En el caso de la Plaza Uruguaya, el proyecto contempla mejoras de vegetación, drenaje, senderos, iluminación, accesibilidad y equipamiento, dentro de la primera fase del proyecto de revitalización financiado por el Banco Mundial.
La segunda gran pieza está en la Franja Costera. El Proyecto de Resiliencia Urbana de la Franja Costera de Asunción tiene un financiamiento de US$105 millones del Banco Mundial y fue aprobado en 2022. Su objetivo no es simplemente construir infraestructura frente al río: incluye resiliencia climática, mejoramiento de condiciones de vida de poblaciones vulnerables, renovación urbana del Centro Histórico y recuperación de espacios públicos. El proyecto permanece activo y tiene como fecha de cierre prevista diciembre de 2028.
Uno de los trabajos menos visibles, pero estratégicamente importantes, es el soterramiento de las líneas de alta tensión en la Costanera Norte. En julio de 2026 comenzó incluso el retiro de estructuras que durante años formaron parte del paisaje de la zona. La inversión de esta intervención alcanza aproximadamente G. 67.091 millones y busca liberar espacio, mejorar la seguridad del sistema eléctrico y preparar el terreno para nuevos usos urbanos.
La operación tiene una consecuencia que va más allá de la estética. Al retirar torres y cables, se libera suelo y se modifica el potencial inmobiliario y urbano de una franja estratégica. El propio MOPC vincula la intervención con la posibilidad de desarrollar nuevos espacios, inversiones y un ecodistrito. En otras palabras, debajo de la obra eléctrica existe una apuesta mucho mayor: cambiar el valor y el uso de una parte de la ciudad.
Dentro de ese esquema aparece el Distrito Eco-Inclusivo, proyectado como un nuevo sector urbano de usos mixtos. El proyecto contempla entre 650 y 850 viviendas de reasentamiento, además de redes de agua y saneamiento, electricidad, calles, veredas, ciclovías, parques, infraestructura verde y equipamientos comunitarios. La intención es que el nuevo distrito no sea simplemente un conjunto habitacional, sino una pieza conectada con el Centro Histórico y la Costanera.
Aquí aparece uno de los puntos más sensibles de toda la transformación: la vivienda. Una ciudad no se revitaliza únicamente trasladando oficinas públicas o construyendo espacios comerciales. Si los nuevos desarrollos expulsan población de bajos ingresos, aumentan la segregación o crean barrios destinados principalmente a la inversión inmobiliaria, la transformación podría terminar agravando algunos de los problemas que pretende solucionar.
La zona del antiguo puerto también está adquiriendo un nuevo peso. Las Oficinas de Gobierno instaladas en el área buscan concentrar dependencias estatales y generar una nueva centralidad administrativa. En mayo de 2026, ITAIPÚ informó que las tres torres equipadas estaban próximas a recibir las dependencias estatales. La concentración de trabajadores y visitantes puede aumentar la actividad del entorno, pero también exigirá transporte, servicios, espacios públicos y conexiones eficientes con el resto de la ciudad.
La transformación del puerto también está vinculada a una visión más amplia que incluye espacios culturales, turísticos y comerciales. La propia planificación histórica de reconversión portuaria ya contemplaba parques, edificios corporativos, viviendas, transporte fluvial, hoteles, centros de convenciones y equipamientos culturales. El desafío actual consiste en que las diferentes iniciativas no vuelvan a desarrollarse como piezas desconectadas.
Y entonces aparece el tercer gran problema: la movilidad. El proyecto más esperado es el Tren de Cercanías, cuya primera etapa contempla aproximadamente 18 kilómetros entre Asunción y Luque, con nueve estaciones intermedias y un tiempo estimado de viaje de unos 26 minutos. El Gobierno proyecta una capacidad de alrededor de 40.000 pasajeros diarios y prevé iniciar las obras durante el primer semestre de 2027.
El tren podría convertirse en una pieza decisiva para modificar el patrón de desplazamiento metropolitano, pero por sí solo no solucionará el congestionamiento. Una estación sin conexión con buses, ciclovías, veredas seguras y otros medios de transporte puede convertirse simplemente en una infraestructura aislada. La verdadera transformación dependerá de crear una red integrada, no de reemplazar un vehículo por un tren en un único corredor.
El Gobierno también impulsa una reforma más amplia del transporte público. En mayo de 2026, la reglamentación de la Ley 1590 abrió el camino para licitaciones de nueva flota, reorganización de itinerarios y aplicación de tecnología para controlar el servicio. El MOPC informó que tenía más de US$750 millones en obras en Asunción, Gran Asunción y Central destinadas a movilidad, conectividad y seguridad vial.
La pregunta incómoda es si todas estas obras están siendo pensadas como partes de una misma ciudad. El diagnóstico de especialistas recogido por InfoNegocios apunta precisamente hacia esa dificultad: Asunción no carece de planes urbanos; carece de continuidad y articulación suficientes para ejecutarlos como una sola estrategia. La historia reciente ofrece numerosos ejemplos de proyectos concebidos con objetivos ambiciosos que avanzaron a diferentes velocidades o quedaron condicionados por cambios políticos, presupuestarios e institucionales.
El riesgo, por tanto, no es que Asunción haga demasiado. El riesgo es que haga mucho y termine consiguiendo poco. Una nueva avenida puede mejorar el tráfico durante algunos años; una plaza renovada puede cambiar temporalmente la percepción de un barrio; un edificio gubernamental puede atraer trabajadores. Pero una ciudad cambia de verdad cuando transporte, vivienda, empleo, patrimonio, espacios verdes, servicios y actividad económica comienzan a funcionar como un sistema.
La propia experiencia internacional muestra que las grandes transformaciones urbanas requieren algo que suele ser menos visible que una obra: gobernanza. Asunción necesita coordinación entre el Gobierno Nacional, la Municipalidad, los municipios metropolitanos, empresas de servicios, sector privado, universidades y ciudadanía. También necesita presupuestos plurianuales y mecanismos para evaluar si cada inversión está produciendo los resultados prometidos.
El Banco Mundial ya ha introducido un componente de participación y resiliencia en su proyecto de US$105 millones. La institución destaca que la iniciativa incorpora planificación urbana participativa, soluciones basadas en la naturaleza e infraestructura verde, además de medidas para mejorar las condiciones de comunidades vulnerables. El desafío será mantener esos principios durante la ejecución y evitar que la presión inmobiliaria termine dominando la transformación.
El horizonte de 2037 puede convertirse, en ese sentido, en una ventaja. Asunción todavía tiene tiempo para corregir errores, coordinar proyectos y establecer prioridades. Pero también existe una cuenta regresiva. Si los próximos años se consumen inaugurando obras sin construir una política urbana permanente, el aniversario número 500 podría encontrar a la capital con más infraestructura, pero con los mismos problemas estructurales.
Asunción tiene hoy algo que durante mucho tiempo le faltó: una concentración excepcional de proyectos estratégicos simultáneos. Centro Histórico, Costanera, Parque Caballero, Distrito Eco-Inclusivo, Oficinas de Gobierno, transporte público y Tren de Cercanías forman un conjunto capaz de modificar la estructura urbana de la capital y su relación con el área metropolitana.
El verdadero desafío, sin embargo, no será cortar cintas. Será lograr que esas piezas encajen. Si Paraguay consigue convertirlas en una sola visión urbana, Asunción podría llegar a 2037 no solamente celebrando cinco siglos de historia, sino estrenando una nueva etapa como capital metropolitana, conectada, habitable y económicamente dinámica. Si no lo consigue, podría ocurrir algo mucho más conocido en la historia urbana de la ciudad: grandes proyectos, grandes anuncios y una ciudad que continúa esperando el plan que finalmente los una.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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