La Mesa Directiva del Parlamento del MERCOSUR, presidida por el diputado paraguayo Rodrigo Gamarra, expresó su solidaridad con el pueblo de Colombia después del devastador terremoto de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto en el occidente del país, una catástrofe que provocó centenares de víctimas, miles de heridos y graves daños en viviendas e infraestructura. El pronunciamiento, difundido por la Cámara de Diputados de Paraguay el 11 de agosto, transmite las condolencias del organismo regional a las familias afectadas y reconoce el trabajo de los equipos de emergencia, rescate, salud y asistencia que permanecen desplegados en las zonas más golpeadas. El comunicado adquiere una dimensión política adicional porque coloca nuevamente en primer plano una de las funciones menos visibles de la integración sudamericana: la capacidad de los organismos regionales para coordinar solidaridad y cooperación cuando uno de los países miembros enfrenta una emergencia de gran magnitud.
El terremoto ocurrió a las 7:34 de la mañana del 10 de agosto, según el registro del Servicio Geológico Colombiano. El epicentro fue localizado en las proximidades de San José del Palmar, departamento del Chocó, y el organismo científico colombiano registró una magnitud de 7,4 y una profundidad de aproximadamente 103 kilómetros. La localización y los parámetros del evento fueron posteriormente incorporados al sistema oficial de evaluación de intensidades del país.
El movimiento fue sentido en una extensa parte del territorio colombiano y afectó especialmente zonas del occidente y centro-occidente. Pereira, Cali, Manizales, Armenia, Quibdó y otras localidades registraron daños, evacuaciones y colapsos estructurales. En varias ciudades, los equipos de emergencia tuvieron que trabajar simultáneamente en edificios dañados mientras continuaban las réplicas.
La magnitud de la emergencia fue aumentando a medida que los rescatistas ingresaban a las zonas afectadas. Los primeros balances hablaban de decenas de muertos; posteriormente, las cifras superaron el centenar y continuaron creciendo. Al 12 de agosto, diferentes medios reportaban balances superiores a 180 fallecidos y más de 1.600 heridos, aunque las cifras continúan variando debido a que todavía se realizan operaciones de búsqueda y verificación en diferentes municipios.
La situación es particularmente compleja porque todavía existen personas que podrían permanecer atrapadas bajo estructuras colapsadas. Las labores de rescate se desarrollan en una carrera contra el tiempo, con equipos especializados utilizando maquinaria pesada, perros de búsqueda, cámaras y métodos manuales para localizar posibles sobrevivientes.
El terremoto y la respuesta del nuevo Gobierno colombiano
El desastre ocurrió apenas dos días después de la llegada al poder del nuevo presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, quien asumió el 7 de agosto de 2026. La catástrofe obligó al nuevo Gobierno a modificar prácticamente desde el inicio su agenda política y concentrar buena parte de su estructura en la respuesta a la emergencia.
El escenario institucional fue especialmente complejo porque la administración entrante todavía se encontraba en proceso de completar su estructura de gobierno y de realizar el empalme con la administración anterior. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, la UNGRD, quedó en el centro de esa transición precisamente cuando Colombia necesitaba una capacidad operativa inmediata.
El Gobierno declaró la situación de desastre nacional para acelerar la movilización de recursos y facilitar las acciones extraordinarias de atención. La medida permitió concentrar esfuerzos en la búsqueda y rescate, asistencia humanitaria, recuperación de infraestructura y evaluación de daños.
El presidente también enfrenta ahora un desafío económico considerable. Las primeras evaluaciones señalan miles de viviendas afectadas, además de daños en centros educativos, establecimientos de salud, sistemas de agua, carreteras, aeropuertos y otras infraestructuras esenciales. Algunas estimaciones periodísticas sitúan el costo potencial de la reconstrucción en decenas de miles de millones de dólares, aunque todavía es demasiado pronto para establecer una cifra definitiva.
Una tragedia que supera las fronteras colombianas
El mensaje del PARLASUR tiene importancia porque el terremoto no es únicamente un asunto interno de Colombia. Las emergencias de esta magnitud ponen a prueba la capacidad de cooperación de toda Sudamérica.
En su comunicado, la Mesa Directiva destacó expresamente la solidaridad y la cooperación regional frente a situaciones de emergencia, y señaló que el Parlamento del MERCOSUR acompaña al pueblo colombiano y a sus instituciones durante las tareas de búsqueda, asistencia y recuperación.
Aunque Colombia no es miembro pleno del MERCOSUR, sí mantiene una relación institucional con el bloque sudamericano y participa en diferentes mecanismos de cooperación regional. Además, el Parlamento del MERCOSUR ha desarrollado históricamente pronunciamientos sobre emergencias, crisis humanitarias y acontecimientos que afectan a países de América del Sur.
Este aspecto adquiere especial relevancia porque los grandes desastres naturales pueden superar rápidamente las capacidades nacionales. Equipos de rescate, hospitales de campaña, medicamentos, maquinaria pesada, telecomunicaciones, agua potable y logística pueden ser movilizados desde países vecinos cuando las necesidades exceden los recursos disponibles en las zonas afectadas.
Antes del terremoto: Colombia ya estaba bajo presión climática
La tragedia sísmica se produjo, además, en un momento en que Colombia ya enfrentaba otra situación nacional de riesgo.
El Gobierno anterior había declarado en julio una situación de desastre nacional por el fenómeno de El Niño 2026–2027, debido a las previsiones de sequía, reducción de lluvias y posibles problemas de abastecimiento de agua. La declaratoria tenía una duración inicial de 12 meses y buscaba preparar al país para un escenario climático particularmente complejo.
Según las autoridades colombianas, existía una probabilidad superior al 95 % de fortalecimiento de El Niño durante el segundo semestre de 2026 y una probabilidad del 63 % de que alcanzara una intensidad muy fuerte. El fenómeno podía afectar el suministro de agua, la generación eléctrica, la agricultura, la salud pública y aumentar el riesgo de incendios forestales.
Esto significa que Colombia no enfrenta solamente las consecuencias inmediatas del terremoto. El Gobierno tendrá que administrar simultáneamente la emergencia sísmica y las amenazas climáticas previstas para los próximos meses.
La geografía explica parte del impacto
Colombia se encuentra en una de las regiones sísmicamente más activas del planeta debido a la interacción de diferentes placas tectónicas. El país forma parte del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa zona caracterizada por una intensa actividad sísmica y volcánica.
Sin embargo, que un terremoto tenga una magnitud elevada no significa automáticamente que provoque una cantidad determinada de víctimas. El impacto depende también de la profundidad, la distancia respecto de los centros urbanos, las características del suelo, la calidad de las construcciones y la hora en que ocurre.
El terremoto del 10 de agosto tuvo una profundidad considerable, pero su energía alcanzó una extensa área del territorio. El Servicio Geológico Colombiano registró posteriormente numerosas réplicas, incluida una serie de movimientos de menor magnitud que obligaron a mantener protocolos de seguridad en distintas ciudades.
El desafío de los edificios y la infraestructura
Uno de los grandes problemas que deja el terremoto es la vulnerabilidad estructural.
En una emergencia sísmica no basta con saber cuántas viviendas existen. Las autoridades necesitan determinar cuáles fueron construidas bajo normas antisísmicas, cuáles presentan modificaciones estructurales posteriores, qué edificios requieren evacuación inmediata y cuáles pueden ser rehabilitados.
La situación es especialmente delicada en ciudades que crecieron rápidamente y donde existen construcciones antiguas mezcladas con edificios modernos.
Los daños en hospitales y centros educativos tienen además un efecto multiplicador. Un hospital afectado durante un terremoto pierde precisamente parte de su capacidad cuando la demanda sanitaria aumenta de manera extraordinaria. Lo mismo ocurre con escuelas utilizadas posteriormente como refugios o centros de distribución de ayuda.
La solidaridad regional comienza a adquirir una dimensión concreta
El pronunciamiento del PARLASUR no representa ayuda material por sí mismo, pero tiene un valor político e institucional. El Parlamento regional está planteando que una tragedia nacional puede convertirse en un espacio para reforzar la cooperación sudamericana.
La respuesta internacional comenzó a movilizarse rápidamente. Gobiernos, organismos multilaterales y organizaciones humanitarias expresaron disposición a colaborar con Colombia, mientras equipos nacionales trabajan en las zonas más afectadas.
La discusión que aparece ahora es cómo transformar esa solidaridad política en mecanismos operativos. Sudamérica cuenta con experiencia en terremotos, inundaciones, incendios forestales, sequías y deslizamientos, pero todavía existe un amplio margen para fortalecer un sistema regional de respuesta ante catástrofes.
Un mecanismo de este tipo podría incluir inventarios regionales de equipos especializados, protocolos comunes de ingreso de brigadas de rescate, intercambio de información sísmica, cooperación sanitaria, mecanismos rápidos de financiamiento y coordinación entre fuerzas de seguridad y organismos civiles.
El precedente de la región
Los terremotos recientes registrados en diferentes países sudamericanos han demostrado que la capacidad de respuesta no depende únicamente de la magnitud del evento. También depende de la preparación previa.
Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Bolivia y otros países de la región han desarrollado diferentes sistemas de monitoreo y respuesta frente a terremotos. La experiencia acumulada permite identificar qué medidas funcionan y cuáles fallan cuando las comunicaciones colapsan, las carreteras quedan bloqueadas o los hospitales se saturan.
Colombia tendrá ahora la oportunidad —aunque sea a partir de una tragedia— de revisar sus protocolos nacionales y compartir las conclusiones con sus vecinos.
Ahora: rescatar, atender y reconstruir
La prioridad inmediata continúa siendo encontrar sobrevivientes, atender a los heridos y garantizar refugio, agua, alimentos y atención médica para las comunidades afectadas.
La segunda etapa será mucho más extensa: reconstruir viviendas, reparar hospitales, restablecer carreteras y servicios públicos, recuperar escuelas y reactivar las economías locales.
La tercera etapa será política y económica. El Gobierno tendrá que determinar cuánto costará la reconstrucción, de dónde saldrán los recursos y cómo evitar que el proceso se convierta en una carga fiscal insostenible.
El problema es especialmente delicado porque el nuevo Gobierno había asumido con una promesa de reducción del gasto público. El terremoto obliga ahora a destinar recursos extraordinarios a una emergencia que no estaba contemplada en las prioridades iniciales de la administración.
Después: el terremoto puede cambiar la política de gestión de riesgos
El verdadero balance del terremoto no se conocerá cuando terminen las labores de rescate. Llegará meses después, cuando Colombia tenga que determinar cuántas viviendas deben reconstruirse, cuánto costará la infraestructura perdida y qué modificaciones deben introducirse en las normas de construcción y prevención.
Para el PARLASUR, el episodio también puede convertirse en una oportunidad para discutir una política regional más amplia.
La declaración de solidaridad de la Mesa Directiva, presidida por el paraguayo Rodrigo Gamarra, coloca al Parlamento del MERCOSUR ante una cuestión que trasciende las fronteras: cómo convertir la integración regional en una herramienta concreta de protección de las poblaciones frente a catástrofes naturales.
El terremoto de Colombia demuestra que las fronteras políticas desaparecen rápidamente frente a una emergencia. Una ciudad devastada necesita médicos, rescatistas, alimentos, maquinaria, agua, comunicaciones y recursos, independientemente de dónde se encuentre la frontera más cercana.
En ese sentido, el mensaje del PARLASUR es más que una declaración diplomática. Representa una señal de que la solidaridad regional puede convertirse en uno de los instrumentos más importantes de la integración sudamericana cuando una nación enfrenta una tragedia de dimensiones extraordinarias.
Y mientras Colombia continúa buscando sobrevivientes y evaluando la magnitud real de la destrucción, el desafío que queda para el MERCOSUR y para toda Sudamérica será convertir esta tragedia en una lección permanente: estar preparados antes del próximo terremoto, y no comenzar a construir la cooperación regional después de que el desastre ya haya ocurrido.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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