El baloncesto estadounidense y mundial está de luto por la muerte de Don Nelson, una de las figuras más influyentes de la historia de la NBA, quien falleció el 9 de agosto de 2026 a los 86 años, rodeado por su familia. Nelson dejó una trayectoria excepcional que abarcó casi cinco décadas dentro de la liga: primero como jugador, con cinco campeonatos conquistados junto a los Boston Celtics, y posteriormente como entrenador, etapa en la que acumuló 1.335 victorias en temporada regular, la segunda cifra más alta en la historia de la NBA. Su legado, sin embargo, va mucho más allá de los títulos y las estadísticas: fue uno de los grandes innovadores tácticos del baloncesto moderno, impulsó el juego de posiciones intercambiables, popularizó formaciones pequeñas y ofensivas de gran velocidad y ayudó a preparar el camino para el baloncesto actual basado en el espacio y el lanzamiento de tres puntos. La NBA, los Warriors, los Celtics, los Mavericks y numerosas figuras del deporte destacaron tras su muerte la dimensión de un entrenador que nunca ganó un campeonato como técnico, pero que modificó la manera en que generaciones posteriores entendieron el juego.
La familia de Nelson confirmó que murió pacíficamente después de permanecer acompañado durante sus últimos días por familiares y amigos. No se informó públicamente una causa de muerte. Su fallecimiento se produjo poco más de un año después de que la Asociación Nacional de Entrenadores de Baloncesto le concediera el Premio Chuck Daly a la Trayectoria, uno de los reconocimientos más importantes para un entrenador de la NBA. En aquel momento, sus colegas lo definieron como un técnico de enorme influencia y uno de los grandes innovadores de la historia de la competición.
La noticia adquiere una dimensión especial porque Nelson pertenecía a una generación que ayudó a construir la NBA moderna. Su carrera como jugador comenzó en 1962, cuando fue seleccionado en la tercera ronda del draft por los Chicago Zephyrs. Posteriormente pasó por Los Angeles Lakers antes de establecerse en los Boston Celtics, donde encontró el escenario que marcaría definitivamente su carrera. En 14 temporadas disputó 1.053 partidos, con promedios de 10,3 puntos, 4,9 rebotes y 1,4 asistencias por encuentro.
Pero sus números individuales no explican por sí solos su importancia como jugador. Nelson se convirtió en una pieza fundamental de una de las grandes dinastías de la historia del deporte estadounidense. Con Boston ganó cinco campeonatos de la NBA y fue uno de los jugadores de confianza de Red Auerbach. Su camiseta con el número 19 fue retirada por los Celtics en 1978, una distinción reservada a las figuras más importantes de la historia de la franquicia.
Uno de los momentos más recordados de su carrera como jugador ocurrió en el séptimo partido de las Finales de 1969, contra Los Angeles Lakers. Con Boston defendiendo una ventaja mínima, Nelson lanzó un tiro desde la línea de tiros libres que golpeó el aro, se elevó varios metros y terminó cayendo dentro de la canasta. Aquella acción contribuyó decisivamente a que los Celtics conquistaran otro campeonato y se convirtió en una de las jugadas más recordadas de aquella histórica rivalidad entre Boston y Los Angeles.
Del parquet al banquillo
En 1976, Nelson dejó de jugar y comenzó una segunda vida profesional que terminaría siendo todavía más influyente que la primera. Su primer gran destino como entrenador fue Milwaukee, donde rápidamente comenzó a construir equipos reconocidos por su velocidad, versatilidad y capacidad para jugar de una manera diferente a la dominante en aquella época.
Con los Milwaukee Bucks, Nelson ganó el premio al Entrenador del Año en 1983 y 1985. Posteriormente obtuvo un tercer reconocimiento en 1992, ya como técnico de Golden State. Es uno de los pocos entrenadores en la historia de la NBA que consiguió recibir ese premio tres veces.
Su etapa en Milwaukee fue especialmente importante porque coincidió con una época en la que los grandes equipos todavía estaban fuertemente condicionados por la presencia de jugadores interiores dominantes. Nelson comenzó a experimentar con sistemas que buscaban generar ventajas utilizando jugadores más pequeños, intercambiando posiciones y aumentando el ritmo de los partidos.
Aquello que inicialmente parecía poco convencional terminaría convirtiéndose en una de las bases del baloncesto contemporáneo.
El nacimiento del “Nellie Ball”
El estilo de Nelson, conocido posteriormente como “Nellie Ball”, se caracterizaba por velocidad, lanzamiento exterior, jugadores capaces de ocupar diferentes posiciones y una utilización poco ortodoxa de las estructuras tradicionales.
Nelson entendió antes que muchos de sus contemporáneos que un jugador grande no necesariamente tenía que permanecer cerca del aro y que un jugador exterior podía asumir responsabilidades habitualmente reservadas a los interiores.
La estrategia también buscaba provocar un dilema permanente en la defensa rival: si el adversario utilizaba jugadores altos, Nelson podía aprovechar la velocidad de sus equipos; si utilizaba jugadores pequeños para responder, sus equipos podían buscar ventajas físicas.
La Asociación Nacional de Entrenadores destacó precisamente que durante las décadas de 1980 y 1990 Nelson obligó a sus rivales a adaptarse a ritmos de juego elevados, mayor utilización del triple, ofensivas invertidas y sistemas defensivos disruptivos.
Hoy muchas de esas ideas forman parte del lenguaje cotidiano de la NBA. Durante la época de Nelson, en cambio, representaban una ruptura con las convenciones dominantes.
Golden State y una generación inolvidable
Nelson tuvo dos etapas al frente de los Golden State Warriors. La primera comenzó en 1988 y contribuyó a construir el período conocido como “Run TMC”, protagonizado por Tim Hardaway, Mitch Richmond y Chris Mullin.
Aquellos Warriors no ganaron un campeonato, pero se convirtieron en uno de los equipos más espectaculares de finales de los años 80 y comienzos de los 90. Su juego rápido, ofensivo y poco convencional anticipó características que décadas después se convertirían en elementos centrales del baloncesto de la NBA.
Nelson regresó a Golden State en 2006 y protagonizó entonces uno de los mayores golpes deportivos de la historia reciente de los playoffs.
En la temporada 2006-07, los Warriors eliminaron a los Dallas Mavericks en la primera ronda. Dallas había terminado la fase regular con uno de los mejores registros de la liga y era considerado favorito al título. Golden State, en cambio, entró a la serie como un equipo de menor jerarquía.
Nelson utilizó precisamente su conocimiento de los Mavericks para diseñar una estrategia destinada a explotar sus debilidades. El resultado fue una victoria de 4-2 que se convirtió en uno de los mayores upset de los playoffs de la NBA. Aquel equipo fue identificado con el lema “We Believe”, que terminó convirtiéndose en una parte fundamental de la identidad de los Warriors.
Paradójicamente, Nelson estaba derrotando al equipo que él mismo había ayudado a construir años antes.
El hombre que ayudó a descubrir a Dirk Nowitzki
La influencia de Nelson sobre el baloncesto también puede medirse a través de los jugadores que ayudó a desarrollar.
Uno de los casos más importantes fue Dirk Nowitzki. Cuando los Dallas Mavericks adquirieron los derechos del joven alemán en el draft de 1998, todavía existían muchas dudas en el baloncesto estadounidense sobre la capacidad de un jugador europeo para convertirse en una estrella de la NBA.
Nelson fue uno de los dirigentes que apostó por Nowitzki y contribuyó decisivamente a incorporarlo al proyecto de Dallas. Con el tiempo, el alemán se convertiría en uno de los mejores jugadores de la historia de la NBA, campeón en 2011 y miembro del Salón de la Fama.
La relación entre ambos fue mucho más que estrictamente profesional. Nelson ayudó a acelerar la adaptación de Nowitzki al baloncesto estadounidense y defendió su potencial cuando todavía no existía certeza sobre hasta dónde podía llegar.
También estuvo cerca del nacimiento de la era Stephen Curry
Otro vínculo fundamental de Nelson con la historia moderna de la NBA fue Stephen Curry.
Nelson dirigió a Golden State durante la temporada de novato de Curry y estuvo dentro de la estructura que llevó a los Warriors a seleccionar al base en el draft de 2009. Curry terminaría convirtiéndose en uno de los jugadores más revolucionarios de la historia del baloncesto por su capacidad para lanzar desde distancias extraordinarias y cambiar la geometría ofensiva de los partidos.
Existe aquí una paradoja histórica: Nelson comenzó a experimentar con el juego exterior décadas antes de que Curry llevara esa filosofía a un nivel nunca visto.
La NBA de los años de Nelson todavía no podía imaginar el volumen de triples que caracterizaría al baloncesto de las décadas siguientes. Sin embargo, conceptos como el espacio, el ritmo, los jugadores intercambiables y la utilización de grandes tiradores ya formaban parte de su filosofía.
Una carrera extraordinaria que nunca terminó con un título como entrenador
Hay una paradoja en la trayectoria de Nelson: ganó cinco campeonatos como jugador, pero nunca consiguió llegar a las Finales de la NBA como entrenador.
Su récord, sin embargo, permanece entre los más impresionantes de la historia.
En 31 temporadas como entrenador, Nelson acumuló 1.335 victorias en temporada regular y dirigió 2.398 partidos. Cuando se retiró en 2010, era el entrenador con más victorias en la historia de la NBA. Posteriormente fue superado por Gregg Popovich y quedó en el segundo lugar histórico.
Además, consiguió al menos 300 victorias con tres franquicias diferentes: Milwaukee, Golden State y Dallas. La NBA señala que solo Lenny Wilkens comparte esa particularidad con él.
Sus equipos tampoco fueron simples acumuladores de victorias. Nelson dejó una marca táctica que sobrevivió a sus resultados concretos.
El capítulo de Nueva York y la faceta más controvertida
No toda su carrera fue exitosa.
Su paso por los New York Knicks fue breve y complicado. Nelson llegó con expectativas importantes, pero no logró establecer una relación deportiva estable con la plantilla. Años después reconoció que aquella etapa era probablemente el mayor arrepentimiento de su trayectoria profesional.
El episodio demuestra también una característica de su personalidad: Nelson nunca fue un entrenador convencional. Su independencia, su disposición a desafiar jerarquías y su confianza en sus propias ideas fueron parte de su grandeza, pero también estuvieron detrás de algunos de sus conflictos profesionales.
También dirigió a Estados Unidos
Su influencia trascendió la NBA.
En 1994, Nelson dirigió a la selección de Estados Unidos en el Mundial de Toronto, donde el equipo estadounidense conquistó la medalla de oro. Aquella selección, conocida como “Dream Team II”, reunió a varias figuras de la NBA y permitió a Nelson llevar su filosofía táctica al ámbito internacional.
Años después, la incorporación de Nelson al Salón de la Fama del Baloncesto Naismith en 2012 confirmó que su influencia no podía medirse únicamente por campeonatos o victorias. Fue reconocido como entrenador por su contribución al desarrollo del deporte.
Sus últimos años y el reconocimiento definitivo
Después de retirarse en 2010, Nelson se alejó progresivamente del circuito profesional. Se estableció en Hawái y llevó una vida mucho más tranquila, lejos de la presión diaria de la NBA.
Aunque rechazó en numerosas ocasiones invitaciones para asistir a las Finales y otros grandes acontecimientos de la liga, su figura nunca desapareció del mundo del baloncesto.
En 2025, la Asociación Nacional de Entrenadores decidió reconocer su trayectoria con el Chuck Daly Lifetime Achievement Award. El premio confirmó que, más allá de los títulos que no consiguió como entrenador, sus colegas consideraban que su influencia sobre el deporte era extraordinaria.
Incluso en junio de 2026, apenas dos meses antes de su muerte, Nelson recibió en Dallas el Naismith Legacy Award, rodeado por cuatro generaciones de su familia y por figuras relacionadas con los Mavericks.
Lo que queda después de Don Nelson
La muerte de Nelson deja un vacío que difícilmente puede medirse con una sola estadística.
Queda el jugador que ayudó a los Celtics a ganar cinco campeonatos. Queda el entrenador de 1.335 victorias. Queda el técnico que ganó tres veces el premio al Entrenador del Año. Queda el hombre que ayudó a construir equipos de Milwaukee, Golden State y Dallas que marcaron diferentes épocas de la NBA.
Pero, sobre todo, queda una idea.
Nelson fue uno de los entrenadores que demostraron que las reglas tácticas del baloncesto podían ser cuestionadas. Su utilización de jugadores grandes lejos del aro, sus formaciones pequeñas, su énfasis en la velocidad y su confianza en el lanzamiento exterior fueron considerados arriesgados en su época. Décadas después, muchas de esas ideas son elementos fundamentales de la NBA moderna.
Su influencia puede rastrearse desde los equipos que dirigió hasta jugadores como Dirk Nowitzki y Stephen Curry, dos figuras que ayudaron a transformar el deporte desde posiciones y estilos diferentes.
Y existe una última paradoja: el hombre que nunca consiguió ganar un campeonato como entrenador terminó contribuyendo a cambiar la forma en que los campeones posteriores jugarían al baloncesto.
Por eso, la muerte de Don Nelson no representa solamente la despedida de un antiguo entrenador. Es la desaparición de uno de los arquitectos intelectuales de la NBA moderna, un hombre que pasó casi 50 años dentro del baloncesto profesional y cuya influencia continuará apareciendo en las canchas mucho después de que su nombre haya dejado de figurar en las hojas de resultados.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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