
De todas las series de animación exageradas de la década de 1980, He-Man y los amos del universo puede que sea una de las más ridículas. Basada en los juguetes de Mattel, la serie narraba las aventuras del bárbaro con superpoderes He-Man y su colorido elenco de personajes secundarios: figuras como She-Ra; Cringer, el tigre verde; y el icónico villano, Skeletor.
Sin embargo, a pesar de los numerosos intentos por mantener su relevancia, Amos del universo fue perdiendo protagonismo a lo largo de los años 90 y 2000. Mientras que otras franquicias mediáticas basadas en juguetes, como Transformers, lograron triunfar reinventándose para las nuevas generaciones de seguidores, He-Man y compañía se quedaron atrás… hasta hace poco.
Hoy en día, Amos del universo está viviendo un resurgimiento. Primero llegó una nueva serie animada de Netflix, y ahora la adaptación cinematográfica de acción real ha tenido una buena acogida entre el público e incluso ha sido elogiada por muchos críticos. Parece que el mundo podría estar preparado para el regreso de He-Man. Pero ¿por qué ahora?
El auge, la caída y el regreso de He-Man podrían revelar algo sobre el estado de ánimo cambiante de nuestra cultura, y sobre cómo la iglesia podría responder.
El yugo de la ironía
Al igual que otras series contemporáneas de la década de 1980, como G. I. Joe, Voltron y ThunderCats, Los amos del universo no se avergonzaba de ser divertida, sincera y escapista. Cada episodio de la serie original terminaba con un personaje que rompía la cuarta pared para dirigirse directamente al público y ofrecerle una lección moral. No había nada cínico ni complicado en He-Man.
Pero en la década de 1990, la sinceridad y el optimismo de la cultura pop fueron sustituidos por la ironía y el cinismo. Entre las películas más taquilleras de los ochentas se encontraban Top Gun, Indiana Jones y E. T. Por el contrario, los 90 nos trajeron historias complejas, autorreferenciales y deconstructivas como Forrest Gump, Pulp Fiction y El club de la pelea.
La década de 1990 fue el punto culminante del posmodernismo, una corriente cultural que daba prioridad a la deconstrucción y la ironía. Prevalecía la sensación de que las historias directas de décadas anteriores eran simplistas e incluso peligrosas, ya que perpetuaban versiones simplificadas de la complejidad de la realidad o ignoraban convenientemente las perspectivas marginadas. Los artistas y narradores intentaron deconstruir estas narrativas predominantes desafiando las convenciones y subvirtiendo las expectativas.
Nuestros vecinos anhelan sinceridad, seriedad y esperanza, aunque mantengan la desconfianza posmoderna hacia la manipulación
En su mejor expresión, la narrativa posmoderna ponía al descubierto las historias simplistas o engañosas empleando la ironía para resaltar sus defectos. Lamentablemente, esto también contribuyó a crear un estado de ánimo cultural generalizado de escepticismo y desconfianza. Atrapada en el estrangulamiento de la ironía deconstructiva, la era posmoderna tuvo dificultades para contar historias sencillas y sinceras.
David Foster Wallace explica bien este problema:
Lo mejor de la ironía es que separa las cosas, se eleva por encima de ellas para que podamos ver los defectos, las hipocresías y las falsedades […]. El sarcasmo, la parodia, el absurdo y la ironía son excelentes maneras de quitar la máscara de las cosas y mostrar la desagradable realidad que hay detrás. El problema es que, una vez desmontadas las reglas del arte […], «¿entonces» qué hacemos? […] Parece que lo único que queremos es seguir ridiculizando las cosas […]. Pocos artistas se atreven a hablar de formas de trabajar para redimir lo que está mal, porque parecerían sentimentales e ingenuos ante todos los ironistas hastiados. La ironía ha pasado de ser liberadora a esclavizante.
Wallace tiene razón. Llevada al extremo, la ironía posmoderna «esclavizó» la narración y ahogó el tipo de historias sinceras y redentoras que habían prosperado en décadas anteriores. En el proceso, el posmodernismo casi acabó con He-Man y sus amigos.
El regreso de la sinceridad
En los últimos años, algo ha cambiado. El posmodernismo está pasado de moda, y el metamodernismo está de moda. La sinceridad vuelve a estar en boga.
Sin embargo, la sinceridad actual tiene un sabor diferente. Al otro lado de la posmodernidad, ahora contamos historias con un tono distinto. Anhelamos una nueva sinceridad, pero no queremos ser ingenuos, crédulos ni fácilmente manipulables. Nos atraen las historias marcadas por la «sinceridad pos-irónica», una postura que reconoce las ironías de la realidad y, aun así, opta por la honestidad.
La aclamada serie de televisión Ted Lasso ofrece un buen ejemplo de este tono. Los críticos han argumentado que representa una nueva era en la narración televisiva, marcada por la franqueza en lugar del distanciamiento. Fallout, de Amazon, es otro gran ejemplo en la pequeña pantalla, mientras que Todo en todas partes al mismo tiempo se valió de la sinceridad pos-irónica para alzarse con el Óscar a la mejor película en 2022.
La nueva Amos del universo, dirigida por Travis Knight (Bumblebee), es el ejemplo más reciente. A lo largo de toda la película, clasificada como PG-13, se reconoce con un guiño y un gesto de complicidad lo ridículo del material original. Skeletor, por ejemplo, es un villano sencillo y unidimensional porque, como señala uno de los personajes, «tener una calavera como cara prácticamente garantiza que serás un villano». Los personajes con nombres y diseños obviamente ridículos —como Ram Man y Mekaneck— conservan su aspecto divertido y fiel a los juguetes, pero su diseño exagerado se utiliza en ocasiones para provocar la risa.
La película no se disculpa por lo extravagante del material original, sino que aprovecha numerosas ocasiones para reconocerlo. Como acertadamente señala un crítico: «Al abrazar lo absurdo del material original y mostrar reverencia y respeto por los dibujos animados, Amos del universo de Knight es una aventura divertida, aunque sorprendentemente honesta».
«Absurdo con honestidad» bien podría ser el lema de la narrativa metamoderna. Amos del universo es un ejemplo perfecto de ello, junto con otros éxitos de taquilla recientes como Superman. En 2026, He-Man sigue siendo un personaje gracioso, sincero y abiertamente heroico, pero ahora elige ser así desafiando conscientemente el cinismo.
El ministerio en un nuevo contexto
El cambio de estado de ánimo cultural que ejemplifica Amos del universo supone una oportunidad para la iglesia. Ya no vivimos en una cultura definida por el cinismo, la ironía y la deconstrucción. En cambio, nuestros vecinos anhelan sinceridad, honestidad y esperanza, aunque mantengan la desconfianza posmoderna hacia la manipulación.
Ahora que nuestra cultura post-posmoderna expresa un deseo creciente de buenas noticias, estemos preparados con las buenas nuevas
Por supuesto, la ironía posmoderna no ha desaparecido de la noche a la mañana. Una característica del nuevo estado de ánimo metamoderno es la oscilación: la tendencia a alternar entre polos como el optimismo y el pesimismo o la ironía y la sinceridad, sin establecerse permanentemente en ninguno de los dos. La taquilla es prueba de dicha oscilación: a pesar de su buena acogida, Amos del universo fue superada en ventas de entradas en su primer fin de semana por Scary Movie, un ejemplo clásico del cinismo posmoderno. Puede que anhelemos la sinceridad, pero seguimos sintiéndonos tentados a creer que el cinismo es más honesto.
Como cristianos, tenemos una respuesta convincente a esta oscilación porque nos aferramos a una historia que encuentra el equilibrio entre las tentaciones contrapuestas del cinismo y la ingenuidad. Sabemos que el mundo está contaminado por el mal y que la realidad rara vez es tan sencilla como un dibujo animado del sábado por la mañana. Sin embargo, también sabemos que un Dios bueno sigue en el trono y que hay motivos para una esperanza desbordante. Quizá esta mezcla metamoderna de conciencia sobria de la oscuridad y un deseo honesto de transformación positiva sea una combinación que podría hacer que el evangelio resuene de forma única.
Ahora que nuestra cultura post-posmoderna expresa un deseo creciente de buenas noticias, estemos preparados con las buenas nuevas. En un mundo dispuesto a volver a acoger a He-Man, quizá encontremos un público dispuesto a que se le vuelva a presentar al verdadero Amo del universo.
Esa sí que es una moraleja «cursi» digna de He-Man.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Benjamin Vincent
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/amos-universo-resena-pelicula/
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