𝗟𝗮 𝘂𝗹𝘁𝗿𝗮𝗺𝗮𝗿𝗮𝘁𝗼𝗻𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗰𝗮𝘁𝗮𝗿𝗶𝗻𝗲𝗻𝘀𝗲 𝗗é𝗯𝗼𝗿𝗮 𝗦𝗶𝗺𝗮𝘀, 𝗱𝗲 𝟱𝟱 𝗮ñ𝗼𝘀, 𝗲𝗻𝘁𝗿ó 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗱𝗼𝗺𝗶𝗻𝗴𝗼 𝟵 𝗱𝗲 𝗮𝗴𝗼𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟮𝟲 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝘂𝗹𝘁𝗿𝗮𝗺𝗮𝗿𝗮𝘁ó𝗻 𝗮𝗹 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝘁𝗮𝗿 𝟴𝟲𝟲,𝟮𝟭 𝗸𝗶𝗹ó𝗺𝗲𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝟭𝟲𝟴 𝗵𝗼𝗿𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗳í𝗼 𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗲𝗿𝗮 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗮𝗹𝗮𝗱𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗕𝗲𝗶𝗿𝗮𝗺𝗮𝗿 𝗦𝗵𝗼𝗽𝗽𝗶𝗻𝗴, 𝗲𝗻 𝗙𝗹𝗼𝗿𝗶𝗮𝗻ó𝗽𝗼𝗹𝗶𝘀, 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗮 𝗖𝗮𝘁𝗮𝗿𝗶𝗻𝗮. 𝗟𝗮 𝗯𝗿𝗮𝘀𝗶𝗹𝗲ñ𝗮 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿ó 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗿𝗰𝗮 𝗱𝗲 𝟴𝟰𝟲,𝟭𝟲 𝗸𝗶𝗹ó𝗺𝗲𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗻𝗲𝗼𝘇𝗲𝗹𝗮𝗻𝗱𝗲𝘀𝗮 𝗘𝗺𝗺𝗮 𝗧𝗶𝗺𝗺𝗶𝘀 𝗵𝗮𝗯í𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗯𝗹𝗲𝗰𝗶𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝟮𝟬𝟮𝟰 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗿é𝗰𝗼𝗿𝗱 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗶𝗮𝗹 𝗳𝗲𝗺𝗲𝗻𝗶𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗿𝗿𝗶𝗱𝗮 𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗲𝗿𝗮 𝗱𝘂𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮. 𝗗é𝗯𝗼𝗿𝗮 𝗮𝗹𝗰𝗮𝗻𝘇ó 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗿𝗰𝗮 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗶𝗮𝗹 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝟵:𝟭𝟰 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗮ñ𝗮𝗻𝗮, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗻𝘂ó 𝗰𝗼𝗿𝗿𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗵𝗮𝘀𝘁𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝘁𝗮𝗿 𝗹𝗮𝘀 𝟭𝟲𝟴 𝗵𝗼𝗿𝗮𝘀 𝗽𝗿𝗲𝘃𝗶𝘀𝘁𝗮𝘀, 𝗹𝗹𝗲𝘃𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗿𝗰𝗮 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗹 𝗺á𝘀 𝗮𝗹𝗹á 𝗱𝗲𝗹 𝗼𝗯𝗷𝗲𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗺í𝗻𝗶𝗺𝗼.
El resultado adquiere una dimensión todavía mayor cuando se observa la distancia entre la marca que debía superar y la que finalmente consiguió. El récord anterior de 846,16 kilómetros equivalía a correr una media de aproximadamente 120,88 kilómetros por día durante siete días consecutivos. Para llegar a los 866,21 kilómetros, Simas terminó con una media cercana a 123,74 kilómetros diarios, una exigencia extraordinaria incluso dentro de la ultradistancia.
La diferencia final respecto del récord anterior fue de 20,05 kilómetros. Puede parecer una cantidad pequeña frente a más de 800 kilómetros, pero en una prueba de siete días representa una distancia que, en otras circunstancias, equivaldría a completar prácticamente media maratón adicional después de haber acumulado un desgaste extremo.
La conquista se produjo en el mismo escenario que forma parte de la historia deportiva de la atleta. El Beiramar Shopping, en Florianópolis, volvió a convertirse en una pista improvisada para una prueba que normalmente se desarrolla en carreteras, circuitos o senderos. Esta vez, sin embargo, la superficie permaneció exactamente en el mismo lugar durante una semana: una cinta de correr instalada en el centro del establecimiento, delante de visitantes que pudieron observar de cerca la evolución de la ultramaratonista.
El récord que Débora perseguía desde 2019
La historia de este desafío comenzó mucho antes de agosto de 2026. En 2019, Débora Simas ya había intentado convertirse en la mujer que más kilómetros había recorrido en una cinta durante siete días.
Aquel primer intento terminó con 800,61 kilómetros, una distancia que le permitió establecer los récords brasileño y sudamericano de la especialidad. Sin embargo, quedó aproximadamente 33 kilómetros por debajo de la marca mundial que estaba vigente en ese momento.
Ese resultado pudo haber sido el final de la historia, pero terminó convirtiéndose en el comienzo de una espera de siete años. Durante ese período, la propia modalidad evolucionó y el récord mundial también cambió de manos.
En junio de 2024, la ultramaratonista neozelandesa Emma Timmis recorrió 846,16 kilómetros en Christchurch, estableciendo oficialmente el récord Guinness de mayor distancia cubierta en una cinta de correr durante una semana en la categoría femenina. Guinness World Records registra la marca con fecha del 9 al 16 de junio de 2024.
Eso significaba que el objetivo de Débora ya no era simplemente superar los 800 kilómetros conseguidos en 2019. Debía agregar más de 45 kilómetros a su propio récord personal para entrar en la categoría mundial.
Y finalmente lo consiguió.
Siete días que comenzaron con una meta de 846,16 kilómetros
El nuevo desafío comenzó al mediodía del domingo 2 de agosto. La planificación establecía 168 horas de actividad hasta el domingo 9 de agosto al mediodía.
La estrategia era completamente diferente de la de una carrera convencional. No se trataba de correr a máxima velocidad, sino de encontrar un ritmo suficientemente eficiente para mantener el movimiento durante prácticamente una semana y, al mismo tiempo, administrar el sueño, la alimentación, la hidratación y la recuperación muscular.
La atleta contaba con una estructura de aproximadamente 110 profesionales, entre médicos, fisioterapeutas, nutricionistas, entrenadores, técnicos, árbitros, voluntarios y personal de apoyo. El equipo trabajó por turnos para acompañar a la corredora durante las 24 horas del día.
La alimentación fue adaptada a las características de la prueba. En lugar de detenerse durante largos períodos para realizar comidas convencionales, la atleta podía recibir alimentos y líquidos mientras continuaba sobre la cinta. La planificación también incluía períodos breves de descanso y sueño.
El desafío exigía una administración minuciosa de cada hora. En una prueba de 168 horas, perder demasiado tiempo al principio puede obligar a aumentar el ritmo posteriormente, precisamente cuando el cuerpo se encuentra más fatigado.
Comer, dormir y correr durante una semana
Uno de los aspectos que más sorprendió al público fue la rutina cotidiana de la atleta.
La estrategia incluía períodos de sueño muy reducidos, estimados en unas tres horas por noche, además de alimentación fraccionada durante el recorrido. La estructura instalada junto a la cinta permitía que Débora pudiera descansar, recibir atención médica y volver rápidamente al desafío.
La alimentación podía incluir frutas, sándwiches, arroz, pasta y suplementos, ajustados de acuerdo con las necesidades energéticas que iban apareciendo durante la prueba.
Esto es fundamental en una ultramaratón de siete días. El cuerpo no utiliza únicamente las reservas inmediatas de energía: debe recibir combustible de manera constante para sostener la actividad muscular y mantener las funciones básicas durante períodos prolongados.
La hidratación también representa un desafío. Tanto la deshidratación como un consumo excesivo de líquidos pueden generar problemas importantes, razón por la cual la presencia de profesionales especializados fue una parte esencial de la operación.
La evolución de la carrera
La progresión registrada durante los siete días permite dimensionar la magnitud del esfuerzo.
Al completar las primeras 24 horas, Débora había recorrido 143,51 kilómetros. Después de 48 horas, acumulaba 270,32 kilómetros. Al llegar a las 72 horas, alcanzaba 381,42 kilómetros.
La progresión continuó hasta los 517 kilómetros a las 96 horas y 619,32 kilómetros al completar 120 horas. A las 144 horas, ya había recorrido 730,60 kilómetros y se encontraba a poco más de 115 kilómetros del récord mundial.
La última etapa fue particularmente exigente. A medida que se acercaba la marca de Timmis, cada kilómetro adquirido tenía un significado diferente.
Finalmente, a las 9:14 del domingo, la catarinense superó los 846,16 kilómetros. En ese momento ya había cumplido el objetivo deportivo principal, pero todavía quedaban casi tres horas para completar las 168 horas oficiales del desafío.
Por eso continuó.
El resultado final fue de 866,21 kilómetros.
Lo que representa correr 866 kilómetros
Para comprender mejor la dimensión del logro, basta comparar la distancia con una prueba convencional.
Una maratón tiene 42,195 kilómetros. Los 866,21 kilómetros recorridos por Débora equivalen a aproximadamente 20,5 maratones acumuladas en una sola semana.
También representan más de 20 veces la distancia de una maratón completa sin abandonar el movimiento durante siete días.
Pero la dificultad no está solamente en la cantidad de kilómetros. En una carrera convencional, el atleta puede cambiar de escenario, modificar el terreno, recibir estímulos visuales diferentes y ajustar naturalmente su zancada.
En una cinta de correr dentro de un shopping ocurre lo contrario: el entorno permanece prácticamente idéntico durante horas y días.
La monotonía se convierte entonces en otro adversario.
El desafío mental detrás del récord
Una prueba de siete días exige tanto entrenamiento psicológico como preparación física.
La repetición permanente de los mismos movimientos puede producir fatiga mental, pérdida de concentración y una sensación de tiempo extremadamente lenta. El atleta debe establecer rutinas, objetivos parciales y mecanismos para mantener la motivación.
La propia Emma Timmis explicó después de su récord de 2024 que el desafío había sido extremadamente exigente tanto física como mentalmente. Durante su prueba permaneció siete días sobre la cinta y describió el momento posterior como una mezcla de agotamiento y alivio.
La experiencia de Débora fue todavía más particular porque la búsqueda del récord mundial no comenzó en 2026. Su proyecto actual fue construido a partir de aquella primera experiencia de 2019.
La diferencia entre ambos intentos muestra una característica esencial de la ultradistancia: la resistencia no se construye únicamente acumulando kilómetros, sino aprendiendo a administrar el cuerpo durante períodos cada vez más prolongados.
Una carrera que también tuvo una dimensión solidaria
El proyecto de Débora no estuvo orientado exclusivamente al récord.
La iniciativa incorporó una campaña destinada a ayudar a animales rescatados por organizaciones no gubernamentales. Según la página oficial del proyecto, cada kilómetro recorrido contribuía a una campaña de donación de alimento para perros y gatos.
Esta dimensión permitió que el desafío tuviera una segunda lectura: el público que acompañaba la carrera no solamente observaba una tentativa deportiva, sino que podía transformar su seguimiento en apoyo a una causa.
El hecho de que la prueba se realizara dentro de un centro comercial también facilitó esa interacción. Personas que normalmente no frecuentan competencias de ultramaratón pudieron acercarse a la atleta, observar el esfuerzo y comprender mejor qué significa mantener una actividad física extrema durante una semana.
Una trayectoria construida durante más de dos décadas
El récord mundial no apareció de la nada.
Débora Simas comenzó a correr a los 34 años y acumula aproximadamente 22 años de carrera deportiva y alrededor de 300 competencias. Entre sus principales resultados figura el tricampeonato de la Brasil 135 Ultramarathon.
También fue la primera mujer brasileña en completar la 1000K Brasil, una prueba de 1.000 kilómetros que consiguió completar en diez días.
Ese antecedente es importante porque permite comprender que el récord de Florianópolis forma parte de una trayectoria basada específicamente en pruebas de resistencia extrema.
La atleta no pasó de una carrera convencional a intentar recorrer 866 kilómetros en una semana. Durante años fue construyendo una especialización en distancias que para la mayoría de los corredores resultan prácticamente inimaginables.
De 800 kilómetros en 2019 a 866 en 2026
La comparación entre sus dos intentos en Florianópolis resume mejor que cualquier otra cifra la evolución de la atleta.
En 2019, Débora alcanzó 800,61 kilómetros y se quedó a unos 33 kilómetros del récord mundial que entonces estaba vigente.
En 2026, regresó al mismo escenario, enfrentó una marca mundial más alta y terminó con 866,21 kilómetros.
Eso significa que aumentó su propia distancia de 2019 en 65,60 kilómetros.
En términos de una carrera convencional, esa diferencia representa más de una maratón y media adicional.
La historia también demuestra que un intento fallido no necesariamente representa el final de un proyecto deportivo. En este caso, se convirtió en la referencia sobre la cual se construyó una segunda tentativa siete años después.
El récord de Emma Timmis y la nueva página brasileña
Antes de la llegada de Débora, la neozelandesa Emma Timmis había llevado el récord femenino a 846,16 kilómetros.
Su marca fue oficialmente reconocida por Guinness World Records y superó el récord anterior de 833,5 kilómetros.
Ahora, el desafío de Débora introduce un nuevo capítulo en esta especialidad.
La diferencia entre ambas marcas es de 20,05 kilómetros, suficiente para que la brasileña no solamente igualara el récord, sino que estableciera un margen significativo sobre la marca anterior.
Debe señalarse, no obstante, que los récords Guinness están sujetos a verificación de las evidencias y cumplimiento de las reglas específicas de la categoría. Los registros oficiales pueden tardar en actualizarse incluso después de que finaliza una tentativa. Guinness advierte expresamente que sus récords pueden cambiar y no siempre se publican inmediatamente en línea.
Por eso, desde el punto de vista periodístico, corresponde distinguir entre el resultado deportivo conseguido en Florianópolis y la posterior certificación administrativa del récord.
El antes, el ahora y lo que viene
Antes de este domingo, Brasil tenía en Débora Simas a una de sus principales referentes de ultradistancia, pero la marca mundial pertenecía a Nueva Zelanda. La historia comenzó en 2019 con una tentativa que quedó corta y continuó con años de preparación y experiencia acumulada.
Ahora, después de 168 horas, la situación cambió. La atleta catarinense consiguió superar la marca que había perseguido durante siete años y cerró el desafío con 866,21 kilómetros.
Después vendrá la etapa de recuperación física y la revisión oficial de la documentación de la tentativa. También quedará la pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede llegar este récord en el futuro?
Las pruebas de ultradistancia están entrando en una etapa en la que la preparación científica, la tecnología de monitoreo, la nutrición y la planificación del descanso permiten ampliar progresivamente los límites conocidos.
Pero el nuevo récord de Débora Simas representa algo más que una cifra.
Representa la culminación de un proyecto que comenzó con 800,61 kilómetros en 2019 y terminó, siete años después, con 866,21 kilómetros y una nueva marca mundial en Florianópolis.
Para Santa Catarina, significa colocar a una atleta local en el escenario internacional. Para Brasil, significa conquistar una de las marcas más extremas de resistencia deportiva. Y para la propia Débora, supone cerrar un círculo que permaneció abierto desde aquella primera tentativa.
La cinta de correr comenzó a moverse el 2 de agosto.
Después de siete días, 168 horas y 866,21 kilómetros, la historia terminó con una brasileña ocupando el lugar que durante dos años perteneció a una neozelandesa.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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