
El miembro en proceso de adhesión plena del Mercosur, Bolivia, vive la escalada más dramática de su crisis política tras la exigencia del expresidente Evo Morales de elecciones anticipadas en un plazo de 90 días y la salida del presidente Rodrigo Paz, en un momento en que el bloque enfrenta el dilema de cómo posicionarse ante el colapso institucional de uno de sus socios. La crisis en Bolivia escaló después de que Evo Morales pidiera elecciones anticipadas en un plazo de 90 días y planteara la salida del presidente Rodrigo Paz, quien enfrenta protestas, bloqueos y una escasez de dólares que golpea la economía. El exmandatario aseguró que existen dos caminos: «una decisión suicida, militarizar, o la pacificación, transición, elección en 90 días», afirmó en su programa radial. Morales sostuvo que la renuncia del jefe de Estado y la designación de un mandatario transitorio evitarían más víctimas, en una intervención que marca el punto más alto de la confrontación política.
La respuesta del presidente Paz ante la presión social y la exigencia de Morales ha sido de firme rechazo a abandonar el cargo. «No pienso irme, sino dejar un mejor país al terminar mi mandato», declaró el mandatario, que también vinculó el deterioro económico con años anteriores: «Evo Morales nos dejó sin reservas. Nos dejó un país arrasado». Según el presidente, Bolivia atraviesa una combinación de recesión, caída de exportaciones, crisis energética y fragilidad institucional. Esta disputa sobre las responsabilidades de la crisis económica es uno de los ejes del enfrentamiento político, con el gobierno atribuyendo el colapso a la herencia de los gobiernos del Movimiento al Socialismo y la oposición responsabilizando a la gestión actual de Paz, que lleva apenas seis meses en el poder.
La dimensión humana y económica de la crisis es devastadora y sigue agravándose con cada día de conflicto. Las movilizaciones mantienen bloqueadas desde hace semanas varias rutas hacia La Paz, situación que provocó desabastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos, además de profundizar la inflación. Las protestas generaron pérdidas económicas que ya superan los 2.300 millones de dólares, según la Cámara Nacional de la Industria, mientras la Defensoría del Pueblo reportó diez muertos, 37 heridos y 365 detenidos desde el inicio de las protestas. Este balance trágico, sumado a la advertencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre graves violaciones a los derechos humanos, configura un escenario de crisis humanitaria que interpela directamente al Mercosur como bloque que dice defender la democracia y los derechos fundamentales.
El contexto de la crisis boliviana trasciende la figura de Evo Morales y refleja un problema más profundo de representación política. Según los analistas, la crisis actual de Bolivia parece reflejar una crisis más amplia de representación política y de gobernanza, que va más allá de la polarización izquierda-derecha y de la inestabilidad perenne del país. La fragmentación del Movimiento al Socialismo tras años de personalismo, la incapacidad de definir un sucesor y la debilidad del gobierno de Paz configuran un escenario de vacío de liderazgo que alimenta la inestabilidad. Para el Mercosur, esta crisis de gobernanza plantea el desafío de evaluar la candidatura de adhesión plena de Bolivia en un contexto de profunda inestabilidad institucional, lo que complica enormemente la decisión del bloque sobre el futuro del país en su seno.
La cumbre del Mercosur del 30 de junio en Luque deberá abordar la situación boliviana con la máxima responsabilidad. El Parlasur ya activó el mecanismo del Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático, pero el Consejo del Mercado Común aún no se ha pronunciado formalmente. El desafío para el bloque es encontrar una posición que preserve la credibilidad de su cláusula democrática sin agravar una situación ya explosiva, en un equilibrio delicado entre el respeto a la soberanía boliviana y la defensa de los principios democráticos. La forma en que el Mercosur gestione la crisis de uno de sus miembros en adhesión definirá su credibilidad como custodio de los valores democráticos de la región. Significativamente, varios gobiernos del bloque enviaron apoyo logístico y humanitario a Bolivia, con el presidente Paz agradeciendo a Javier Milei por facilitar aviones Hércules para transportar alimentos, en un gesto de solidaridad regional que muestra la otra cara de la relación del bloque con el país en crisis.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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