
Pedro Juan Caballero. Imagina por un segundo a un pequeño de apenas dos años. Uno que apenas está perfeccionando el arte de caminar sin tropezar con sus propios juguetes. Ahora, imagínalo rompiendo todas las leyes de la lógica y la supervivencia al adentrarse solo en la densa, húmeda y peligrosa selva del Amambay, caminando una distancia digna de una maratón infantil: cinco kilómetros.
Esta no es la sinopsis de una nueva película de aventuras de Hollywood, sino la increíble historia real de Mathías, el pequeño paraguayo que ya es conocido en todo el país como el verdadero «Súper Niño«. Una hazaña de resistencia, instinto y, por sobre todas las cosas, de una lealtad animal que roza lo milagroso.
La desaparición que congeló el corazón de un pueblo
Todo comenzó en la mañana del 17 de junio que parecía completamente normal en una zona rural de Pedro Juan Caballero. Bastaron unos pocos minutos de distracción —esos segundos que cualquier padre sabe que los niños aprovechan para hacer de las suyas— para que Mathías desapareciera del patio de su casa donde estaba al cuidado de su abuela. Sin embargo, no se había escondido detrás de un árbol ni estaba jugando dentro de un ropero. El pequeño había decidido explorar el mundo exterior.
Al notar su ausencia, la desesperación se apoderó de la familia y, rápidamente, de toda la comunidad. No era para menos: la geografía del lugar es implacable. Estamos hablando de una zona boscosa, con terrenos irregulares, maleza espesa y la constante amenaza de animales ponzoñosos, desde víboras sedientas hasta insectos peligrosos.
Pronto, un ejército de vecinos, bomberos voluntarios y agentes de la Policía Nacional se desplegó en un operativo contra el reloj. Las horas pasaban, el sol comenzaba a caer y la angustia crecía de forma exponencial. ¿Cómo podría un bebé de dos años sobrevivir a la intemperie en un entorno tan hostil?
El héroe de cuatro patas
Lo que los rescatistas no sabían era que Mathías no estaba completamente solo. Junto a él, pisándole los talones y vigilando cada uno de sus tambaleantes pasos, iba su fiel perro.
En las historias de supervivencia, el factor psicológico y de compañía es vital. Para Mathías, su mascota no solo fue un guardián contra los peligros del monte, sino el ancla emocional que le impidió entrar en pánico.
Mientras los adultos lo buscaban desesperadamente siguiendo rastros en la tierra, el «Súper Niño» y su canino guardián continuaban su marcha. Atravesaron pastizales, esquivaron matorrales y avanzaron en una línea recta que, para las cortas piernas de un bebé, equivalía a una distancia monumental.
El milagroso hallazgo
Casi cuando las esperanzas empezaban luego de 36 horas de búsqueda y ante la cercanía de una gran tormenta con lluvia, un grupo de búsqueda escuchó un leve gemido y el crujido de unas hojas a lo lejos, la escena que presenciaron dejó a todos mudos de la emoción: allí estaba Mathías. Eran las 18:00 hs del jueves 18 de junio.
El pequeño se encontraba a la increíble distancia de 5 kilómetros de su hogar. Para ponerlo en perspectiva, esa es la distancia promedio que un adulto camina en una hora a paso rápido. El niño estaba cansado, con algunos rasguños superficiales provocados por las ramas y las plantas del camino, y por supuesto, sediento. Pero estaba vivo, entero y asombrosamente tranquilo. A su lado, firme como un soldado de élite, su perro lo custodiaba, asegurándose de que nadie le hiciera daño hasta comprobar que se trataba de caras conocidas.
Los médicos que lo evaluaron posteriormente en el centro asistencial local no salían de su asombro. Salvo por una leve deshidratación y las picaduras de mosquitos esperables para la situación, el «Súper Niño» paraguayo se encontraba en perfectas condiciones de salud.
Una hazaña para la historia
La historia de Mathías ha conmovido y asombrado a todo el Paraguay y ya traspasa las fronteras. En las redes sociales y en las calles de Pedro Juan Caballero no se habla de otra cosa. ¿Cómo logró un niño de esa edad caminar tanto sin rendirse? Algunos hablan de la resistencia innata de la genética guaraní; otros, de un auténtico milagro de la naturaleza. Otros dicen que únicamente otra persona tuvo que llevarlo hasta allí.
Lo único seguro es que Mathías tiene una historia que contar para el resto de su vida. Una aventura que demostró que el espíritu humano de exploración no tiene edad y que, cuando se tiene a un amigo de cuatro patas cuidándote la espalda, no hay selva lo suficientemente grande ni camino lo suficientemente largo que te pueda detener.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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