
Un dato frecuentemente ignorado en el debate sobre el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea revela la profundidad de la interdependencia entre los dos bloques: el comercio con el Mercosur sostiene cientos de miles de empleos en Europa, lo que convierte al acuerdo en una cuestión de interés económico directo para los trabajadores europeos y no solo para los exportadores sudamericanos. El comercio es esencial para el crecimiento y para la creación de empleo. Las exportaciones de la UE hacia Brasil, por sí solas, sostienen 855.000 empleos en la UE y 436.000 en Brasil. Estas cifras dimensionan la magnitud de la relación comercial entre los dos bloques y desmienten la narrativa que presenta el acuerdo como un beneficio unilateral para el Mercosur a costa de los intereses europeos. La realidad es que el comercio bilateral genera empleo y prosperidad en ambas orillas del Atlántico, y que el acuerdo busca ampliar esos beneficios mutuos.
Los principales sectores beneficiados del lado europeo están claramente identificados en los análisis de la Comisión Europea. El acuerdo eliminará derechos aduaneros elevados en los principales sectores de exportación de la UE: vehículos automóviles y sus componentes, máquinas, productos químicos y productos farmacéuticos. Estos sectores —que constituyen el núcleo de la industria europea— verán mejoradas sus condiciones de acceso al mercado del Mercosur, lo que se traducirá en mayores exportaciones y, por tanto, en más empleo en las economías europeas. El acuerdo creará nuevas oportunidades para estos y otros productos de la UE gracias a la supresión de derechos aduaneros elevados en un mercado con un poder de compra cada vez más elevado. El argumento del poder de compra creciente del Mercosur es central en la estrategia de la Comisión Europea para defender el acuerdo ante los sectores europeos escépticos.
El acuerdo incluye además protecciones específicas para los productos europeos de calidad, un aspecto especialmente valorado por los países mediterráneos con fuerte tradición agroalimentaria. 357 productos tradicionales europeos reconocidos como indicaciones geográficas pasarán a estar también protegidos contra la imitación en los cuatro países del Mercosur. Esta es la mayor cobertura jamás alcanzada en cualquier acuerdo comercial. Esta protección de las indicaciones geográficas —que abarca desde quesos y vinos hasta embutidos y aceites— es un beneficio directo para los productores europeos de alta calidad, que verán resguardados sus productos emblemáticos contra las imitaciones en el mercado sudamericano. La protección de las indicaciones geográficas es uno de los aspectos del acuerdo que mayor respaldo genera entre los productores europeos de calidad, y constituye un argumento poderoso a favor de la ratificación del tratado en el Parlamento Europeo.
Los beneficios para los exportadores agroalimentarios europeos van más allá de la protección de las indicaciones geográficas. Los exportadores agroalimentarios europeos pasarán a beneficiarse de procedimientos más simplificados, lo que facilitará su acceso al mercado del Mercosur. La simplificación de los procedimientos burocráticos es un beneficio concreto que reduce los costos de transacción y facilita el comercio en ambas direcciones. Este conjunto de beneficios para el lado europeo —reducción de aranceles industriales, protección de indicaciones geográficas, simplificación de procedimientos— configura un paquete que la Comisión Europea utiliza para defender el acuerdo ante los sectores escépticos, especialmente los agricultores franceses e irlandeses que perciben el tratado como una amenaza.
La interdependencia que revelan estos datos es la clave para entender por qué, a pesar de la oposición política de algunos sectores, el acuerdo tiene una base económica sólida que sustenta su viabilidad de largo plazo. Si 855.000 empleos europeos dependen del comercio con Brasil, y el acuerdo busca ampliar ese comercio, entonces los trabajadores europeos tienen un interés directo en su ratificación. Este argumento del empleo es quizás el más poderoso que los defensores del acuerdo pueden esgrimir ante la opinión pública europea, porque traslada el debate desde la abstracción de las cifras macroeconómicas hacia la realidad concreta de los puestos de trabajo. El acuerdo Mercosur-UE no es un juego de suma cero donde uno gana y otro pierde, sino una relación de interdependencia donde ambos bloques tienen mucho que ganar y mucho que perder según se concrete o se frustre el tratado.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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