
Miqueas 7:7 dice: «No obstante, no me doy por vencido. Me quedo a ver qué hará Dios. Espero que Dios arregle las cosas. Cuento con que Dios me escuchará»
Amigo creyente, haz una pausa y contempla este gran bloque de consuelo. Ven, pon tu carga aquí; este pilar no se tambaleará. Porque Dios es el Dios viviente, Él puede oír; porque Él es un Dios de amor, Él va a escuchar; porque Él es nuestro Dios de pacto, se ha obligado a escucharnos. Podemos llamarlo con confianza “Dios mío”, y podemos estar absolutamente seguros de que “El Dios mío me escuchará”.
¡Así que cuando estés sufriendo, cuéntale a Dios tus penas! Con confianza puedes decir: “Mi Dios me escuchará”.
Si los hombres se muestran duros, si tus amigos se vuelven desagradecidos, si tus seres queridos mueren, si los que te rodean no te entienden y te dejan solo, no te encierres en ti mismo ni dejes que tu corazón se consuma en la melancolía. Ve directamente a tu Padre celestial. Él te escuchará y te aliviará. Dile a Jesús todo lo que hay en tu corazón; desahoga tu alma ante Él, derrama tus lágrimas a Sus pies. Él te dará un consuelo que el mundo no te puede quitar.
No permitas que el enemigo te susurre que el Señor está demasiado lejos o demasiado ocupado para prestar atención al clamor de un alma atribulada. El oído del Omnipotente está siempre inclinado hacia el gemido de Sus hijos. Aunque las respuestas parezcan tardar, la promesa sigue en pie y es inquebrantable. Tu oración ya ha sido registrada en los cielos, y la respuesta vendrá en el momento perfecto de Su gracia.
Por lo tanto, cuando todo a tu alrededor sea silencio e indiferencia, levanta tu voz al cielo y di con santa osadía: “Mi Dios me escuchará”. Charles Spurgeon
Reflexión y Análisis:
Vivimos en la era de la mensajería instantánea, pero también en la época de la mayor desconexión empática. No hay nada más frustrante que enviar un mensaje importante, compartir un escrito nacido del corazón o intentar abrir un canal de diálogo sincero, y recibir a cambio un frío silencio, un «leído» sin respuesta o la eterna excusa de la falta de tiempo. Sentirse ignorado por el entorno es una experiencia dolorosa que, si lo permitimos, puede erosionar nuestra autoestima y hacernos dudar del valor de nuestra propia voz.
Sin embargo, cuando las pantallas callan y las personas se desentienden, se vuelve vital levantar la mirada. Como bien afirmaba el teólogo Charles Spurgeon: “Porque Dios es el Dios viviente, Él puede oír; porque Él es un Dios de amor, Él va a escuchar”. Frente al desinterés humano, la soberanía y la cercanía divina se presentan como nuestro refugio más seguro.
Si te encuentras en esa temporada donde sientes que nadie te escucha, aquí tienes cinco consejos prácticos para mantener la confianza y recordar que tu voz jamás cae en saco roto ante el Creador:
- 1. Filtra el silencio de los demás: El desinterés de los otros suele hablar más de sus propias saturaciones, egoísmos o ritmos de vida que del valor de lo que tienes para decir. No midas la calidad de tu trabajo, de tus ideas o de tu persona en función de la atención que te prestan.
- 2. Desahoga tu frustración en el altar: Antes de reclamar a los hombres por su indiferencia, ve al único que tiene disponibilidad absoluta. Cuando estés sufriendo por la soledad o el rechazo, cuéntale a Dios tus penas con total honestidad. Él no tiene una bandeja de entrada saturada ni te dejará en espera.
- 3. Cambia la audiencia: Cuando escribas, hables o crees contenido, hazlo en primera instancia para Dios y para ti mismo. Cuando tu motivación principal se muda del aplauso o la validación humana hacia el servicio con propósito, el silencio de los demás pierde su poder para desanimarte.
- 4. Activa la escucha hacia otros: A veces, la mejor manera de sanar nuestra herida de no ser escuchados es convirtiéndonos en el oyente que el resto necesita. Presta atención intencional a quienes te rodean. Al romper el círculo del desinterés, generas un espacio de valor a tu alrededor.
- 5. Declara tu certeza con confianza: Haz tuya la promesa de que el Dios vivo es un Dios de pacto. Cuando la duda intente susurrarte que estás solo, repite con convicción: “Mi Dios me escuchará”. La fe no se basa en lo que vemos en una pantalla de teléfono, sino en el carácter inmutable de quien nos diseñó.
La próxima vez que un mensaje quede sin responder o un artículo parezca ignorado, respira hondo. El mundo puede estar demasiado ocupado mirándose al espejo, pero el Dios del universo mantiene su oído inclinado hacia ti, atento a cada latido de tu corazón. Tu voz importa, y ante Él, siempre eres escuchado.
El sermón de Charles Spurgeon basado en Miqueas 7:7 se titula originalmente en inglés «My Own Personal Holdfast» (Mi propio asidero personal). En esta predicación, el célebre «Príncipe de los Predicadores» aborda las palabras del profeta: «Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá», y enseña cómo mantener una fe inquebrantable cuando todo el entorno social y familiar se desmorona.
Spurgeon escribió esto con pleno conocimiento de causa. Aunque hoy se le recuerda como el «Príncipe de los Predicadores», él sufrió profundamente de depresión clínica, de una dolorosa enfermedad física (gota) y, en muchas ocasiones, del abandono y la incomprensión de sus propios colegas e iglesias durante las controversias teológicas de su época.
Cuando él escribe: «Si los que te rodean no te entienden y te dejan solo… ve directamente a tu Padre», no lo hacía desde una torre de marfil, sino desde el barro de haber experimentado ese mismo silencio humano.
A continuación se presenta una síntesis de los puntos principales y el argumento central de este poderoso mensaje:
Contexto de la Predicación: El peor de los tiempos
Spurgeon comienza describiendo la atmósfera del pasaje de Miqueas. El profeta se encuentra en una época de absoluta corrupción moral, política y familiar, donde no se puede confiar ni en el amigo más íntimo ni en la esposa. Ante este panorama desolador de desilusión humana, el creyente toma una resolución radical: desviar los ojos del suelo y mirar directamente hacia el cielo.
1. Una mirada de resolución exclusiva
- «Mas yo a Jehová miraré»: Spurgeon enfatiza el pronombre «Yo». Aunque todo el mundo decida pecar o dudar, el cristiano debe tomar una postura individual y firme.
- Distracción cortada: El sermón exhorta a dejar de mirar el pecado de los hombres, las crisis del gobierno o las fallas de los amigos. Al fijar la vista en Dios, el alma encuentra el único punto fijo y santo del universo.
2. Una espera de paciencia activa
- «Esperaré al Dios de mi salvación»: Spurgeon aclara que esperar en Dios no es una inacción perezosa, sino una postura de alta expectación febril.
- La salvación vendrá: Se destaca que Dios no es solo el Dios de la teoría, sino el Dios que salva de manera práctica. Si la liberación tarda en llegar, la fe madura sabe aguardar el tiempo perfecto del Señor.
3. Una certeza de oración contestada
- «El Dios mío me oirá»: Esta es la frase que Spurgeon define como el asidero (o ancla) del alma.
- Apropiación personal: El uso de las palabras «Dios mío» demuestra una relación de pacto íntima. Dios se ha ligado a sí mismo a escuchar a sus hijos.
- El consuelo final: Aunque las puertas terrenales se cierren y las voces humanas nos ignoren, la línea directa con el trono de la gracia permanece totalmente abierta. Dios escucha no porque necesite información, sino porque nos ama y responde a nuestro dolor.
Aplicación Práctica del Mensaje
Spurgeon concluye que este versículo es una receta para vencer la depresión espiritual y el desánimo social. Cuando veas que la maldad se multiplica a tu alrededor, tu deber no es quejarte amargamente ni rendirte al cinismo, sino acumular toda tu fe, declararlo tu Dios y esperar con absoluta certeza su intervención.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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