
El sistema de distribución de las cuotas de carne bovina que el acuerdo Mercosur-UE estableció sigue siendo, a más de un mes de la entrada en vigor del tratado, la disputa interna más concreta y más reveladora de las tensiones del bloque, y los detalles técnicos de cómo funciona ese sistema explican por qué la distribución de los cupos se convirtió en un problema político de primer orden. A diferencia de la histórica Cuota Hilton — el cupo de carne de alta calidad que la Unión Europea otorga a los países exportadores desde hace décadas —, el nuevo cupo del acuerdo Mercosur-UE se regirá por año calendario. Para el resto de 2026, habrá un prorrateo de 13.200 toneladas, con un esquema de incremento gradual del 20% anual hasta completar el cupo total en cinco años. Este esquema — prorrateo inicial de 13.200 toneladas, incremento del 20% anual, cupo total alcanzado en cinco años — es la arquitectura técnica que determina cuánta carne del Mercosur puede ingresar a Europa con arancel preferencial cada año, y su distribución entre los cuatro países fundadores del bloque es exactamente lo que está en disputa.
Desde el Ministerio de Agricultura de Argentina confirmaron que se mantienen reuniones periódicas con sus socios del Mercosur en la búsqueda de consensos para establecer un esquema de distribución de las cuotas lo más armónico posible. A su vez, indicaron que también se está trabajando en los procedimientos internos de implementación de los distintos contingentes arancelarios. Esta declaración del gobierno argentino — que reconoce que la distribución de las cuotas todavía está en negociación y que los procedimientos internos de implementación todavía se están elaborando — confirma que el problema de las cuotas sigue sin resolución definitiva a pesar del preacuerdo que circuló entre los operadores de la industria cárnica. El hecho de que Argentina hable de «búsqueda de consensos» y de «esquema de distribución lo más armónico posible» revela que la disputa por las cuotas sigue abierta y que la formalización del preacuerdo todavía no se ha concretado en un instrumento jurídico vinculante.
El sistema actual — que funciona bajo la lógica del «primero llegado, primero servido» en ausencia de un acuerdo de distribución por país — favoreció estructuralmente a Argentina en las primeras semanas de vigencia del acuerdo, porque los frigoríficos argentinos tenían mayor capacidad operativa y logística para activar el régimen preferencial desde el primer día. Esta ventaja argentina generó la disputa con Brasil, Uruguay y Paraguay, que reclaman un sistema de subcuotas nacionales que garantice a cada país del bloque una porción equitativa del acceso preferencial al mercado europeo. El preacuerdo que circuló entre los operadores —55% para carne enfriada, 45% para carne congelada, cupo total de 99.000 toneladas al final del período de cinco años— es la base sobre la que los cancilleres están trabajando para resolver la disputa antes de la Cumbre del 30 de junio. La formalización de ese preacuerdo en una Decisión del Consejo del Mercado Común sería uno de los resultados más concretos que la Cumbre de Luque podría producir, y resolvería la disputa interna más urgente que el acuerdo con la UE generó en su primer mes de vigencia.
Para la Cumbre del 30 de junio, la resolución de la disputa por las cuotas de carne es una prioridad operativa que los cancilleres están negociando contra el reloj. Si los cuatro países fundadores del Mercosur logran acordar un sistema de subcuotas nacionales que sea aceptable para todos, el acuerdo con la UE habrá superado su primera gran prueba de implementación. Si no lo logran, el sistema de «primero llegado, primero servido» seguirá aplicándose con todas sus distorsiones, concentrando los beneficios del acuerdo en los actores más grandes y mejor preparados, y generando una tensión interna que erosionaría la cohesión del bloque precisamente cuando más la necesita para defender el acuerdo ante el proceso de ratificación en el Parlamento Europeo. La disputa de la carne es, en este sentido, una prueba de si el Mercosur puede gestionar la distribución equitativa de los beneficios de sus acuerdos externos, que es la condición más básica de cualquier proyecto de integración que aspire a ser algo más que una simple zona de libre comercio.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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