
Uno de los argumentos más repetidos por los opositores europeos al acuerdo con el Mercosur — que el tratado abriría las puertas de Europa a productos agrícolas que no cumplen con los estándares sanitarios y ambientales europeos — fue desmentido categóricamente por la propia Comisión Europea, que insiste en que sus normas sanitarias, fitosanitarias y de inocuidad alimentaria se aplican a todas las importaciones procedentes de terceros países sin ninguna flexibilización en el marco del acuerdo. La UE no flexibiliza sus estándares sanitarios y fitosanitarios: los productos importados del Mercosur seguirán reglas rígidas de seguridad alimentaria, según confirma la documentación oficial de la Comisión Europea sobre el acuerdo. Esta garantía es simultáneamente una respuesta a los opositores europeos que temen una «invasión» de productos del Mercosur con estándares inferiores, y una exigencia para los productores del bloque sudamericano que quieren aprovechar el acuerdo: para exportar a Europa, deben cumplir con las normas europeas, no con las normas de sus propios países.
Esta asimetría regulatoria es uno de los aspectos más importantes y menos comprendidos del acuerdo. El tratado elimina los aranceles que los productos del Mercosur pagan para ingresar a Europa, pero no elimina las exigencias sanitarias, fitosanitarias y de inocuidad alimentaria que la Unión Europea aplica a todas las importaciones. Esto significa que un frigorífico del Mercosur que quiera exportar carne a Europa con el arancel preferencial del acuerdo debe cumplir con todas las normas europeas sobre uso de hormonas, antibióticos, trazabilidad, bienestar animal y documentación de la cadena de frío — exactamente las mismas normas que aplicaban antes del acuerdo. El acuerdo abre la puerta arancelaria pero mantiene la puerta regulatoria con los mismos candados que siempre tuvo, lo que significa que los beneficios del tratado solo llegan a los productores del Mercosur que tienen la capacidad técnica y financiera para cumplir con los exigentes estándares europeos.
Los sectores más sensibles del acuerdo desde la perspectiva europea son los de la carne de vacuno, las aves de corral y el azúcar, y para protegerlos de la competencia extranjera el acuerdo establece límites o «cuotas» a la cantidad que puede importarse con arancel preferencial. Este sistema de cuotas — que es exactamente el que generó la disputa entre Argentina, Brasil y Uruguay por la distribución de los cupos de carne — es la herramienta que Europa usa para equilibrar la apertura comercial con la protección de sus productores más vulnerables. Las cuotas limitan el volumen de productos sensibles del Mercosur que pueden ingresar a Europa con arancel preferencial, garantizando que el acuerdo no genere una avalancha de importaciones que destruya a los productores europeos pero permitiendo al mismo tiempo un acceso significativo y creciente para los exportadores del bloque sudamericano. Este equilibrio entre apertura y protección — cuotas para los sectores sensibles, liberalización plena para los demás — es la arquitectura central del acuerdo y la que explica por qué su negociación tardó 25 años.
Para el Mercosur, la insistencia europea en que las normas sanitarias no se flexibilizan tiene una implicación estratégica que el bloque debe asumir con seriedad: el cumplimiento de los estándares europeos es la condición sine qua non para aprovechar el acuerdo, y ese cumplimiento requiere inversión en sistemas de trazabilidad, certificación, control de calidad y documentación que muchos productores del bloque — especialmente los pequeños y medianos — todavía no tienen. El acuerdo Mercosur-UE no es un regalo arancelario que llega automáticamente a todos los productores del bloque: es una oportunidad que solo aprovechan los que invierten en cumplir con los estándares europeos. Para los gobiernos del Mercosur, facilitar ese cumplimiento mediante programas de apoyo técnico, financiamiento para certificaciones y capacitación de los productores es la política más importante que pueden implementar para democratizar los beneficios del acuerdo y evitar que se concentren exclusivamente en los grandes operadores con capacidad de cumplir los estándares europeos por sus propios medios.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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