
Una noticia de primer orden económico sacudió esta semana los mercados financieros de América del Sur y encendió las alarmas de los analistas regionales: la mayor economía del Mercosur enfrenta su mayor presión fiscal en años, con implicancias que van mucho más allá de las fronteras brasileñas y que afectan directamente al equilibrio macroeconómico de todo el bloque. El déficit nominal de las cuentas públicas de Brasil alcanzó el 9,41% del Producto Interior Bruto en los doce meses hasta marzo de 2026, casi un punto porcentual más que en el período anterior, según datos publicados por el Banco Central. El saldo negativo del conjunto de las administraciones —gobierno central, estados y municipios— se situó en 1,21 billones de reales, equivalentes a unos 244.000 millones de dólares, en uno de los registros más elevados de los últimos años para la mayor economía de América Latina. Para dimensionar la gravedad de esta cifra, basta comparar: un déficit fiscal del 9,41% del PIB significa que por cada cien reales que produce la economía brasileña, el Estado gasta casi diez reales más de lo que recauda. Esta situación, si se prolonga sin corrección estructural, genera presiones sobre la deuda pública, la inflación, el tipo de cambio y las tasas de interés, afectando a todos los actores de la economía nacional y regional. Apea
El déficit primario, que excluye el pago de intereses y es la principal referencia de los mercados y organismos multilaterales para medir el esfuerzo fiscal, alcanzó los 137.000 millones de reales —unos 27.000 millones de dólares— en el mismo período, equivalente al 1,06% del PIB. La deuda pública bruta, que incluye a todas las administraciones, empeoró también en el período, aumentando 0,9 puntos porcentuales respecto al mes anterior para ubicarse en el 80,1% del PIB. El Banco Mundial proyecta que la relación deuda/PIB brasileña podría escalar al 95% en 2026, un nivel excepcionalmente elevado para una economía emergente. Una deuda pública que representa el 95% del PIB coloca a Brasil en una categoría de riesgo fiscal que muy pocas economías emergentes han experimentado sin consecuencias severas. Los inversores internacionales monitorean con creciente atención la situación brasileña, ya que un deterioro adicional podría provocar una salida de capitales que afectaría al real, elevaría el costo del financiamiento externo y reduciría el margen de maniobra del gobierno para implementar políticas de crecimiento. La paradoja cruel que enfrenta Brasil en 2026 es que necesita crecer para salir del déficit, pero el déficit mismo dificulta las condiciones para crecer. Apea
La calificadora internacional Fitch Ratings ya había anticipado este escenario con una proyección que generó debate en los círculos económicos latinoamericanos. Según la evaluación de Fitch Ratings, Brasil debe registrar el mayor déficit fiscal de América Latina en 2026, además de continuar entre los países con niveles más elevados de deuda pública del continente. La análisis fue presentado por Shelly Shetty, jefa de ratings soberanos de Fitch para las Américas y Asia-Pacífico. El diagnóstico de Fitch no es un dato técnico menor: las calificaciones soberanas determinan las condiciones en que un país puede acceder al financiamiento internacional, y una perspectiva negativa de una calificadora de ese tamaño puede traducirse en alzas en el costo de la deuda externa y en salidas de inversión institucional. El Banco Central redujo la tasa Selic en 0,25 puntos porcentuales hasta el 14,50% anual, aunque el sector privado considera ese nivel todavía excesivamente alto y un obstáculo para la expansión del crédito y la inversión. Con una tasa de referencia del 14,5% anual, el crédito para empresas y familias en Brasil sigue siendo extraordinariamente caro, lo que frena la inversión productiva y el consumo interno precisamente cuando la economía necesita ambos estímulos para superar la desaceleración. El CronistaApea
El impacto de la situación fiscal brasileña sobre el resto del Mercosur es real, significativo y multidimensional. Brasil representa aproximadamente el 70% del PIB total del bloque y es el principal socio comercial de todos sus miembros. Cuando la economía brasileña desacelera, el resto del bloque siente el impacto a través de menores exportaciones y menor demanda de productos regionales. La economía brasileña creció un 2,3% en 2025, por debajo del 3,4% registrado en 2024, y el propio Banco Central proyecta una nueva desaceleración al 1,6% para el presente año. Una desaceleración del 3,4% al 1,6% en dos años consecutivos indica que la economía brasileña está perdiendo impulso de manera preocupante, en un contexto donde las perspectivas globales tampoco son favorables. Para 2026, Fitch proyecta que la economía brasileña crecerá poco menos del 2%, un ritmo similar al esperado para Estados Unidos y superior al proyectado para China. Aunque ese crecimiento positivo es una buena noticia relativa, es claramente insuficiente para reducir la carga fiscal y estabilizar la deuda pública sin medidas estructurales adicionales que el gobierno de Lula todavía no ha implementado con la decisión que los mercados exigen. ApeaEl Cronista
La dimensión política agrega otra capa de complejidad al análisis. La falta de coordinación entre la política fiscal y la monetaria ha llevado la economía a un rincón, sin salida política a la vista, con elecciones presidenciales fechadas para octubre de 2026. El calendario electoral es el factor que convierte un problema técnico-fiscal en un desafío político de primera magnitud. En un año electoral, los incentivos políticos empujan en contra del ajuste fiscal: ningún gobierno quiere recortar gasto o elevar impuestos cuando está compitiendo por votos. Brasil enfrenta esa trampa clásica de los años electorales con una posición fiscal especialmente delicada, lo que reduce el margen de maniobra disponible. Para el Mercosur, la situación brasileña es una advertencia sobre los riesgos de descuidar la disciplina fiscal en economías que son el eje sobre el que gira la estabilidad de todo el bloque. Si Brasil entra en una crisis fiscal severa, el contagio regional sería inevitable y afectaría profundamente las posibilidades de aprovechar las oportunidades abiertas por el acuerdo con la Unión Europea. Miperiodico
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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