
El conflicto más grave en Oriente Medio desde décadas mantiene paralizado el Estrecho de Ormuz, eleva el petróleo a 114 dólares por barril y define el rumbo del mundo. Google Trends lo registra como el tema más buscado del planeta en este momento.
La guerra entre los Estados Unidos de América e Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026 con ataques masivos coordinados entre Washington e Israel que incluyeron el asesinato del líder supremo Ali Jamenei, ha entrado este miércoles en su etapa más crítica e impredecible. Las negociaciones de paz mediadas por Pakistán en Islamabad se encuentran en un punto muerto total, después de que el presidente Donald Trump rechazara este martes una propuesta iraní que habría incluido la reapertura del Estrecho de Ormuz a cambio de levantar el bloqueo naval estadounidense y posponer las conversaciones sobre el programa nuclear. Trump, en declaraciones a la cadena Axios desde el Despacho Oval durante un evento con los astronautas de la misión Artemis II, afirmó que Irán no tiene otra opción que «cry uncle», es decir, rendirse incondicionalmente. «Militarmente los hemos aniquilado. Su marina está en el fondo del mar. Su fuerza aérea nunca volverá a volar», declaró el presidente, en un tono que encendió todas las alarmas diplomáticas del planeta. La frase, descarnada y desprovista de matices, resume la postura estadounidense con una claridad que pocas veces se ve en el lenguaje de la Casa Blanca: no habrá negociación que no incluya el desmantelamiento completo del programa nuclear iraní, restricciones a su programa de misiles balísticos, la reapertura permanente y supervisada del Estrecho de Ormuz y el fin del apoyo iraní a grupos armados regionales como Hezbollah y Hamas.
El costo del conflicto para los contribuyentes estadounidenses se reveló esta semana en el Congreso con una precisión inquietante. El contralor del Pentágono, Jay Hurst, informó ante la Cámara de Representantes que la Operación «Epic Fury» ha costado hasta el momento 25.000 millones de dólares, la gran mayoría destinada a municiones. Esta cifra, la primera divulgación pública del costo real del conflicto, generó un debate inmediato sobre la sostenibilidad financiera de una guerra que muestra pocos signos de resolverse pronto. Para ponerlo en perspectiva: 25.000 millones de dólares equivalen al presupuesto anual de salud de varios países medianos, o al costo total de construcción de decenas de hospitales de alta complejidad. Que semejante suma se haya gastado en apenas dos meses, «la mayoría en municiones», como especificó Hurst sin eufemismos, ilustra la escala y la brutalidad del conflicto. El secretario de Defensa Pete Hegseth tuvo que comparecer ante el Comité de Fuerzas Armadas de la Cámara para dar más detalles sobre el presupuesto, en sesiones que duraron horas y donde la paciencia de los legisladores de ambos partidos pareció agotarse frente a la falta de una estrategia de salida clara.
El eje de la crisis geopolítica continúa siendo el Estrecho de Ormuz, la angosta vía marítima por la que transita aproximadamente el 20 por ciento del petróleo mundial y el 17 por ciento del gas natural licuado que consume el planeta. Desde que el conflicto comenzó a finales de febrero, el tráfico de embarcaciones comerciales en el estrecho ha caído de manera dramática: en marzo, apenas 15 barcos lograron atravesarlo, una fracción ínfima del flujo normal. Esta interrupción ha tenido consecuencias económicas devastadoras en cascada: el precio del barril de petróleo Brent se ha disparado hasta los 114 dólares —niveles no vistos en años— lo que ha elevado el costo de los combustibles en todo el mundo, desde el surtidor de gasolina en Buenos Aires hasta las facturas de energía en Berlín o Tokio. Los países del MERCOSUR, que son importadores netos de energía en su mayoría —con la notable excepción de la Argentina energética—, están sintiendo este impacto en sus balanzas comerciales y en la inflación interna. Las aerolíneas del mundo están buscando rutas alternativas que encarecen los vuelos, y las empresas de logística calculan pérdidas millonarias por las demoras en las cadenas de suministro global.
El único actor que parecía capaz de acercar posiciones, Pakistán, reconoció esta semana su desgaste como mediador al desmantelar los dispositivos de seguridad que había instalado en Islamabad en previsión de una nueva ronda de negociaciones directas. El canciller iraní Abbas Araqchi se reunió con el presidente ruso Vladimir Putin en Moscú para coordinar posiciones, en una señal de que Teherán busca expandir su base de apoyo diplomático más allá del mundo árabe y del propio Pakistán. Rusia, que mantiene sus propias tensiones con Occidente por la guerra en Ucrania, ha adoptado una posición ambigua: condena retóricamente los ataques, pero tampoco rompe relaciones con Washington. China, por su parte, ha llamado al diálogo pero se ha abstenido de involucrarse directamente en la mediación, aunque sus empresas siguen siendo las principales compradoras del petróleo iraní que consigue burlar el bloqueo a través de rutas alternativas por el Golfo Pérsico y el Océano Índico. El mundo observa, conteniendo el aliento, mientras dos potencias con capacidad nuclear —una de facto, la otra aspirante— se miran a los ojos sin parpadear.

Para el MERCOSUR y América Latina en general, el conflicto iraní-estadounidense tiene implicaciones que van más allá del precio de la gasolina. Argentina, que atraviesa un momento de auge energético sin precedentes gracias a Vaca Muerta, se ha posicionado globalmente como proveedora confiable y alejada de la volatilidad geopolítica de Oriente Medio, atrayendo el interés de compradores europeos y asiáticos que buscan diversificar sus fuentes de energía. Esta coyuntura global es, paradójicamente, una oportunidad estratégica para el bloque sudamericano. Sin embargo, el conflicto también alimenta la incertidumbre en los mercados financieros internacionales, encarece el crédito externo para los países emergentes y eleva el costo de las importaciones en toda la región. El comercio global lleva meses operando con un nivel de incertidumbre que hace casi imposible la planificación empresarial de mediano plazo, y la resolución del conflicto —todavía lejana— será determinante para el estado de la economía mundial en el segundo semestre de 2026.
El escenario humanitario dentro de Irán agrega otra dimensión devastadora al conflicto. Los bombardeos estadounidenses e israelíes destruyeron instalaciones clave de la infraestructura militar iraní, pero también causaron daños a la infraestructura civil, y los efectos del bloqueo naval se sienten en la economía doméstica iraní, que ya venía debilitada por décadas de sanciones internacionales. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo proyectó en marzo que los desafíos económicos del país se agudizarán significativamente en el corto plazo. La reacción de la población iraní es profundamente dividida: hay quienes apoyan la resistencia, quienes lamentan la destrucción y la pérdida de vidas, y quienes ven en el caos una oportunidad para el cambio político interno. Esta complejidad social hace que cualquier negociación que ignore las aspiraciones del pueblo iraní —y no solo las demandas de los gobiernos— esté condenada a ser frágil e insostenible. La historia del Oriente Medio enseña que los acuerdos firmados sin considerar las sociedades civiles rara vez perduran.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
- ★Denuncias de Derechos Humanos y la crisis de documentación en la frontera
- ★El calvario del transporte transfronterizo: entre la burocracia y la inseguridad
- ★La lucha contra el reclutamiento criminal en poblaciones vulnerables
- ★Expansión del turismo: ¿Transformación económica o maquillaje para problemas estructurales?
- ★El Comando Tripartito refuerza la vigilancia ante el auge del crimen organizado transnacional

