
La provincia argentina de Jujuy es una de las geografías más extraordinarias de Sudamérica, un territorio donde los Andes, la Quebrada de Humahuaca —declarada Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad— y la Puna convergen en un paisaje de colores imposibles y una historia humana que se remonta a miles de años antes de la llegada europea. Esta semana, el gobernador Carlos Sadir recibió al embajador de Brasil, quien recorrió el Cabildo de Jujuy junto a las directoras de Turismo y Cultura para dialogar sobre cooperación cultural, el idioma portugués y los productos locales para el mercado brasileño. La visita fue más que protocolar: marcó una estrategia concreta de posicionamiento de Jujuy como puente cultural y turístico entre el norte argentino y Brasil, el mayor mercado emisor de turismo de la región.
Jujuy acumula en su territorio una densidad de culturas ancestrales que pocas provincias argentinas pueden igualar. La Quebrada de Humahuaca, habitada hace más de 10.000 años, fue durante siglos un corredor de intercambio entre las civilizaciones del Altiplano andino y las culturas del litoral. Las sociedades Omaguaca, Tilcara, Tumbaya y Cochinoca dejaron en este paisaje evidencias de una complejidad social y arquitectónica que todavía sorprende a los arqueólogos. Los Pucará, fortalezas de piedra levantadas en puntos estratégicos sobre las montañas, combinan función militar con una visión cosmológica que vinculaba la arquitectura con los ciclos del sol y las estrellas. Esta cosmovisión andina, que persiste en las comunidades indígenas contemporáneas, es uno de los activos turísticos más auténticos y diferenciadores de la región dentro del MERCOSUR.
Uno de los fenómenos más fascinantes y menos comprendidos que los visitantes reportan en Jujuy son las experiencias en el Cerro de los Siete Colores de Purmamarca, donde la geología ha producido una paleta natural de colores —rojo, amarillo, ocre, verde, violeta, blanco y gris— que los habitantes locales atribuyen a la presencia de espíritus de la tierra o Pachamama. Ninguna explicación puramente geológica parece satisfacer completamente la sensación de quienes visitan el cerro al amanecer y describiendo un estado de calma profunda que no reconocen en otros lugares. Los chamanes y sabios locales de las comunidades indígenas explican que ciertos territorios tienen «carga espiritual» acumulada durante milenios de ceremonias, ofrendas y rezos, una energía que sería perceptible para quienes llegan con apertura.
La integración cultural entre Jujuy y Brasil que promueve el acuerdo de cooperación firmado esta semana también tiene una dimensión práctica concreta: la enseñanza del portugués como herramienta de acceso al turismo brasileño, el diseño de paquetes turísticos específicos para el mercado del vecino gigante y la identificación de productos artesanales y gastronómicos jujeños con potencial de exportación. Jujuy, así, no solo es un destino turístico de valor excepcional, sino un laboratorio vivo de integración regional donde el MERCOSUR se construye también desde las culturas, los saberes y los territorios ancestrales.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
- ★Brasil: acuerdo Mercosur-EFTA prepara nueva etapa comercial con Noruega desde noviembre
- ★Mercosur: nuevas reglas cambian el despacho de cargas por carretera y exigen mayor precisión en las fronteras
- ★Paraguay: denuncia indígena alerta sobre presuntas violaciones de derechos humanos y pide atención internacional para comunidades de Canindeyú
- ★Juegos Suramericanos Santa Fe 2026: Brasil lidera el medallero y los países del Mercosur ya suman 139 preseas
- ★Venezuela: recuperación tras los terremotos podría costar hasta US$21.000 millones

